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Por Gustavo Fedi

Escrita y dirigida por Woody Allen, la película ganó 3 premios Oscar: mejor actor secundario, Michael Caine; actriz secundaria, Dianne West; y guión original. Transcurre en New York en la década del 80 y narra un serie de historias personajes que se interrelacionan y giran entorno a 3 hermanas, Hannah, con su esposo Elliot y su ex esposo Mickey, Lee y Holly.
Hannah es la mayor, felizmente casada con Elliot –financista exitoso-, es madre de 4 hijos. Trabaja como actriz teatral y es la columna vertebral de la familia. Lee vive con un pintor mayor, Fredrick, que fue profesor suyo; es ex-alcohólica en tratamiento y se siente agobiada por los consejos paternalistas de su pareja, que la trata como a una niña. Holly, ex-cocainómana, es díscola, no tiene trabajo fijo ni vida sentimental estable. Y Mickey, es un hipocondíaco y neurótico productor de programas de TV; estuvo casado con Hannah es el padre de sus hijos a pesar de que es estéril.
Los personajes se ven interrelacionados y conectados por las idas y venidas de la vida. Bajo una apariencia de sosiego y normalidad, ocultan insatisfacciones, frustraciones y amarguras. Las líneas de fuerza son: el planteamiento de interrogantes sobre la vida, la muerte, el dolor, la enfermedad, la fidelidad, los hijos, la religión y los grandes dilemas de la Humanidad. La búsqueda de respuestas es constante. De todos salvo de Hannah, que recién sobre el final de la película se siente desorientada y necesita de su esposo, que para estas alturas estaba embarcado en una relación amorosa con la hermana de ella, Lee.
La elección y utilización de la música es fundamental. Temas como “I’m In Love Again” (Porter), “Isn’t It Romantic” (Rodgers), “I´ve heard that song before” (Harry James), “You Made me love you” (Harry James), “Second Movement” (Bach), “Back to the Apple” (Count Basie and hist Orchestra) y otras, crean climas y llevan a la película a través de distintos escenarios. Se fusiona con las escenas de una manera mágica que ayuda a la imaginación del público.
Los movimientos de cámara son sobrios y precisos; resalta detalles, y es acorde en el ritmo a las escenas: lento cuando debe, vertiginoso y escurridiza cuando necesita.
El guión, rico en interrelaciones y metáforas, detalles y sugerencias, es una pieza de gran nivel. Enlaza la acción con las estaciones del año.
Las interpretaciones son en general magníficas. Se destacan Farrow, Allen y Caine. Es una obra potente, sugerente, conmovedora y profundamente humana.

Un hecho para destacar es la gran utilización casi todos los capítulos en que se divide la obra (14 de los 16) de reflexiones diegéticas interiores. Estas funcionan como actantes y guián las acciones, presentan la subjetividad de los personajes que se abren al público y le propician más material para poder armarse un perfil de ellos. Dice en “Nuevos conceptos de la Teoría del Cine”, de Stam, Burgoyne y Flitterman-Lewis, en su capítulo cuarto sobre el psicoanálisis, página 172: “la teoría psicoanalítica del cine ve al espectador no como una persona, un individuo de carne y hueso, sino como un constructo artificial, producido y activado por el aparato cinemático (…) es al tiempo productivo y vacío; para lograr esta dualidad ambigua, el cine, en cierto sentido, ´construye´ su espectador a lo largo de un número de modalidades psicoanalíticas que unen al que sueña con el espectador del cine”. La utilización de los diegéticos interiores es un fuerte componente de esta construcción del espectador que hace Allen en esta película. Le propone una identificación, una personalización y humanización de las acciones y decisiones que no permiten abrir juicios y criticar livianamente, sin comprometerse.
Dijo el director en una entrevista que le hizo Lauren Tirard en París en 1996 (que luego fue publicada por Paidós): “hago películas y me sigue sorprendiendo –incluso, a veces, me impresiona- la manera de responder que tiene el público. Pienso que va a gustarle este personaje y resulta que se muestra totalmente indiferente, pero le gusta otro personaje en el que casi ni había pensado. Pienso que se van a reir en un determinado momento y acaban riéndose de algo que nunca creí que fuera tan divertido. En cierto modo, resulta un poco frustrante; pero también es lo que hace tan mágico, tan fascinante y tan divertido este trabajo. Si pensara que lo se todo, habría dejado de hacerlo hace mucho tiempo”. Y sin embargo, una de las características principales de sus películas es la fuerte presencia del syuzhet , a decir de Genette, de su estilo distintivo, que pareciera andar sobre rieles y sin dudas.

Estructura:

• Capítulo I: “God, she´s beautiful…” (Dios, es hermosa)

Presentación de los personajes principales: Hannah –Mía Farrow-, la actriz y exitosa hermana mayor; Lee –Barbara Hershey- (hna. menor), joven y bonita “juntada” con un pintor minimalista de mal humor y crítico, renegado social; y Holly –Dianne Wiest- es la hermana drogadicta que no consigue un empleo regular y sueña con ser actriz. Constantemente va a audiciones y nunca consigue quedar en ningún papel. Es divorciada de un hombre también drogadicto y busca constantemente “partido”.
También se presenta a Elliot –Michael Caine-, que en la primera escena introduce a los espectadores en lo que guiará buena parte del film: su obsesión por la hermana menor de su esposa. Desde el lugar de un personaje-narrador, siguiendo a Genette, como un narrador intradiegético o diegético interior, cuenta sus sensaciones y sus pensamientos y sentimientos: su subjetividad pura.
Se presenta también a una amiga de Holly, April –Carrie Fisher -, que tendrá idas y venidas con esta.
Por último se introduce en el film a los padres de las tres hermanas: una pareja de veteranos actores con conflictos de egos entre ellos. El padre es interpretado por Lloyd Nolan y la madre por Maureen O’Sullivan, conocida –entre otras trabajos- por sus performance en “Tarzán” de la década del 30.
Se hace una pequeñísima mención al personaje del exmarido de Hannah (Woody Allen)

* El capítulo comienza con un soliloquio diegético interior de Elliot narrando su obsesión por Lee.

• Capítulo II: “We all had a terrific time.” (Todos lo pasamos estupendamente)

Es una charla en el departamento entre Lee y su “novio” –Frederich, interpretado por Max von Sydow-, un maduro poeta y pintor renegado de la sociedad que con la única persona que puede estar y hablar “en este momento de su vida” es con Lee. Sospecha de que Elliot la desea, y lo charlan con ella.

* El capítulo comienza con un diegético interior de Lee narrando sobre su sentimiento acerca de la “intuición” de ser “cortejada” por Elliot y qué es lo que siente ella al respecto: “aún estoy emocionada de que haya coqueteado conmigo”.
La faceta perceptual concierne solamente a su ámbito sensorial. Vemos y escuchamos lo que ella.

• Capítulo III: “The hypochondriac” (El hipocondríaco)

Aparece en escena por primera vez el exesposo de Hannah, Mickey –Woody Allen-, un hipocondríaco y exitado productor de televisión.
La presentación de Mickey se hace en un contexto de pasillos de canal de televisión (o estudio de grabación) y en la llegada de él al mismo. Desde el preciso instante en que pone un pie fuera del ascensor se topa con varios problemas propios de un productor de TV . Toda esta escena está acompañada de una música ligera como los pasos y palabras de Mickey; una aguda trompeta sobresale del resto de los instrumentos y guía el ritmo.

Luego de esta introducción, Mickey –desde un diegético interior- narra acerca de su presente (arruinándose junto con su programa) y lo contrapone con el de su exsocio que triunfa en California. Finalmente se pregunta: “¿What I gonna do with my life?” (¿qué voy a hacer con mi vida?).
Luego, ve a su exesposa, Hannah, con quien tuvo 2 hijos y quienes cumplen años. Él les lleva regalo a ambos.

Vuelve a un diegético interior de Mickey que reflexiona sobre su situación de divorcio con Hannah y sus hijos. “Al menos no tengo que pasarle una pensión”. Esto lo piensa mientras va camino al médico por que decía oir mal de uno de los 2 oídos. “Esta vez realmente creo que tengo algo”, le dice al doctor. El médico le dice que tuvo una leve pérdida de la audición en un oido y le ordena hacer nuevas pruebas; desconfiado, él consulta a otro médico por teléfono al que prácticamente lo induce a decirle que “puede ser un tumor cerebral”.

* En este capítulo, el diegético interior le corresponde a Mickey, aunque no abre el capítulo.

** La canción que identifica y acompaña a Mickey y su locura es “Back to the Apple”, de Count Basie and hist Orchestra. Es una canción de jazz movida y de ritmo acelerado.

• Capítulo IV: “The Stanislavski Catering Company in action” (La compañía de Catering Stanislavski en acción):

En una fiesta, Holly y April llevan adelante un servicio de catering cuando conocen a David Tolchin, arquitecto, que tendrá una relación amorosa con ambas a la vez, quedándose con April; lo que desmoraliza y pone a prueba la relación entre las amigas.
Luego de un paseo acompañado por música clásica extradiegética, el arquitecto decide llevar en el auto a su casa y dejarla primero a Holly antes que April. Esto desencadena un diálogo interior de Holly, quien se cuestiona sobre su actuación durante el día y reflexiona al respecto. Es muy crítica sobre sí misma. Sobre el final de la reflexión, y el capítulo, dice “la he cagado. Al demonio, me acostaré pronto, pondrá una película y me tomaré un Seconal” (El secobarbital deprime la actividad cerebral; su acción inhibitoria sobre el sistema nervioso es generalizada. El secobarbital se indica a veces para tratar el insomnio.)

* El diegético interior le corresponde a Holly en este capítulo. Y la faceta perceptual concierne solamente a su ámbito sensorial.

• Capítulo V: “… nobody, not even the rain, has such small hands” (… nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas):

Como el anterior capítulo –primero y que abre la película-, comienza con una focalización en Elliot. El clásico fines de los 30 y principios de los 40, “I´ve heard that song before” de Harry James, ya es para este momento, indisociable de la relación que hay entre Elliot y Lee.
Todo el encuentro (inducido por Elliot quien espera a Lee en la calle, a sabiendas de que ella suele pasar a esa hora por ese lugar, ya que vive cerca de allí), lo rodea una melodía de piano de Dick Hyman and Derek Smith que se llama “You are too beautiful”. Paradógicamente, la misma canción toca el padre de las Hanna´s sister en el primer capítulo de la película, rodeado de toda la familia en la cena de acción de gracias. En ese momento, la madre es quien interpreta la letra.

Durante todo el lapso que dura el encuentro, ambos flirtean y finalmente, Elliot le regala un libro de EE Cummings con un poema que le dedica él a Lee. Al llegar a su casa, un diegético interior de Lee interpreta las líneas del poema con la misma canción de fondo. Sobre esta lectura, se yuxtaponen planos de ella leyendo el libro, y de Elliot en su casa, pronto a acostarse a dormir.

* El diegético interior corresponde a Lee, pero la faceta perceptual es variante, se mueve entre ella y Elliot.

• Capítulo VI: “The anxiety of the man the booth” (La ansiedad del hombre de la cabina).

Vuelve a abrir con “Back to the Apple”, como un simbolismo de la vuelta a la real y acelerada vida de la “Gran Manzana”, de Manhattan.
Mickey se hace unos exámenes de salud y al salir interpreta un diegético interior en donde se cuestiona sobre su estado de salud. En el medio del mismo recuerda un episodio en que sí tuvo un verdadero problema de salud: no pudo tener hijos con Hannah. El devenir de la reflexión interna lo lleva a plantear que el amor es imprevisible, y de allí, se produce un salto a una escena en un teatro, donde se está interpretando una ópera. El primer plano que se ves es un picado en donde se ve, en gran plano general, la obra: una mujer gritallada. Yuxtaposición a otro gran plano general, en el que se muestra el uno de los balcones del teatro y se ve, entre los concurrientes y en el medio del cuadro, a Holly y el arquitecto, David Tolchin. Vuelve a yuxtaponer un gran plano general picado de la obra; y regresa con un contrapicado pero en plano general de los concurrientes (ahora sólo están ellos 2 en plano). El arquitecto abre una botella de vino ante la atenta y mirada de Holly. David le sirve vino a la copa de Holly; ella agradece sonriente. Él deja la botella apoyada y alza y al mismo tiempo ambos alzan la copa en seña de brindis. En ese instante estallan aplausos que marcan el fin de la obra, el capítulo y coronan el momento.

Esta escena, pegada a puede ser leida como la imprevisibilidad que planteaba Mickey: Holly creía que David había preferido estar con su amiga April, y sin embargo la había llevado a ella a la Ópera.

* El diegético le corresponde a Mickey.

• Capítulo VII: “Dusty just bought this huge house in Southampton” (Dusty acaba de comprar una casa enorme en Southampton).

Comienza la escena dentro del departamento de Lee y Frederick. Ingresa Elliot en plano medio por la derecha del plano y es seguido por un exitoso músico –interpretado por Daniel Stern – (nuevo rico) que está buscand comprar algunas de las pinturas de Frederick. Este último lo lleva hasta el sótano para mostrarle sus obras y quedan solos en el comedor Elliot y Lee. En ese instante, comienzan a charlar y se siente cierta tensión entre ellos que evidencian con algunos rasgos de nerviosismo y risas. Luego, ella interrumpe la charla diciendo que había comprado el terceto de Mozart que él le había recomendado, pero que también había comprado el “segundo movimiento” de Bach. Saca el disco de la caja, lo coloca en el tocadiscos y comienza a sonar. Esta canción, es el marco perfecto para lo que vendrá y su simbolismo es fabuloso: en un plano americano, Holly se encuentra apoyada sobre un mueble de baja estatura donde está apoyado el tocadiscos. Mientras la música suena, ella se queda unos segundos sola en el plano mirando con la cabeza hacia el piso y las manos al costado del cuerpo reposando sobre el mueble; en ese instante, Elliot irrumpe en el cuadro desde la izquierda, perceptiblemente más cerca de la cámara, pasando por la izquierda de Lee. Llega hasta al lado de ella, gira, se reposa sobre el mismo mueble y la mira. Ella continúa

mirando el piso, como reflexiva. “¿No es precioso?”, pregunta Lee; “Lo conozco”, responde Elliot mientras sigue sonando la música. En ese instante ella voltea la cabeza y deja de mirar el piso. “Es Bach, Concierto en F Menor. Es uno de mis favoritos”, continúa Elliot, quien tiene sus manos juntas sobre el regazo de su sobretodo. Lee sonríe tímidamente y vuelve a mirar el piso. “¿Has leido a EE Cumings?”, pregunta Elliot. En ese instante ella alza la mirada y voltea hacia él y dice, acompañando con un vaivén de cabeza: “Sí, es una delicia”. Se cruza de brazos y vuelve a mirar el piso. Con la mirada un poco más elevada pero lejos de Elliot, dice: “tienen muchos pacientes gays donde me hago la limpieza de boca”, como buscando cambiar de tema. Elliot la sigue atento con la mirada. Y sigue: “ahora los higienistas llevan guantes por miedo al SIDA”; Elliot saca su vista de ella y mira hacia su izquierda. Se quedan unos segundos en silencio; es cada vez más intenso. La música sigue sonando. Crea un clima fantástico. “¿Has leido el poema de la página 112?”, pregunta él. Lee sonríe y voltea la mirada hacia él contestando: “Sí, me hizo llorar de lo bonito y romántico que era”. Lee baja la mirada y el silencio vuelve. “¡Dios qué ganas tengo de besarla!”, es el monólogo diegético interior de Elliot, y continúa “Aquí no, idiota. Tienes que agarrarla a solas en algún sitio”. En ese instante ella cambia la mirada que estaba clavada en el piso y voltea la cara y la vista hacia su derecha, como escapando de Elliot y la situación. Él sigue mirándola, absorto. En ese instante, Lee se levanta y va caminando hacia delante. La cámara la sigue en un plano medio y se queda fija en unos cuadros de ella que estaban en el fondo. En estos, Lee está desnuda de espaldas. Le habían llamado la atención a Elliot cuando entró en el departamento, no pudiendo dejar de reconocer que se trataba de ella. Mientras ella se aleja y Elliot desaparece del plano, continúa con su soliloquio diegético interior: “debo actuar con cautela. Es una situación muy delicada. Pregúntale si pueden quedar mañana para comer o tomar algo”. En ese instante, Lee, que había salido del plano, ingresa desde la izquierda del mismo pero detrás de sus cuadros, donde se encuentra una enorme biblioteca del tamaño de la pared. Toma el libro de EE Cumings y mirándolo se acerca hacia la zona del tocadiscos donde estaba apoyada y se encuentra Elliot. Mientras continúa este su monólogo interior: “actúa como si nada si no responde. Esto requiere mucha habilidad y diplomacia”. Lee continúa acercándose a él ojeando el libro. La cámara la sigue en un plano medio, con un paneo que va de izquierda a derecha, en sentido inverso a cuando ella se levantó del mueble. Al llegar al lugar le pregunta a Elliot “¿Has leido esto?”; en ese preciso instante, él se entra abruptamente en plano, la toma de los hombros sorprendiéndola y la besa apasionadamente. El beso dura unos segundos hasta que alejan sus caras unos centímetros. “¡Elliot, no!”, “Lee, estoy enamorado de ti”, y vuelve a besarla mientras la gira sobre su propio eje y se caen sobre el tocadiscos que hace saltar la pua. Toda la situación se vuelve extraña, deja de sonar la música que creaba ese clima romántico. “¡¿Qué estás haciendo?!”, pregunta ella, mientras el salto de púa hizo saltar la canción y llevarla a un ritmo más acelerado y violento, como la escena. “Necesito hablar contigo. Quiero decirte tantas cosas. Hace tiempo que estoy enamorado de tí”, dice Elliot. Ella lo mira con la boca abierta y el libro apretado sobre el pecho. El plano es un medio pecho. Queda en evidencia la altura de ambos: él del lado izquierdo si “aire” en la cabeza, ella del derecho, con bastante. En ese momento se escucha a Frederick y al músico que vienen gritando. Esto interrumpe la situación. Lee voltea para ver qué sucede; Elliot también pero hacia el otro lado. Para cuando Frederick y el músico ingresan en cuadro, Elliot y Lee actúan como si no pasase nada y siguen la discusión que estos tenían. El pintor estaba molesto porque no le interesaba venderle sus pinturas a cualquiera. El rockero es obviamente un público al que él no apunta. La discusión termina y este dice: “¡Ah!, olvídate. Vámonos Elliot”. El plano siguiente es una yuxtaposición de un plano general de la vereda del departamento. La edificación está del lado derecho y la calle del izquierdo. El rockero sale seguido por Elliot; abre la puerta de su limusina, lo mira y le pregunta: “¿Qué te pasa?”, “nada, no es nada”, contesta Elliot visiblemente movilizado y preocupado. “Estás sudando” (Músico); “Necesito tomar aire. Me habrá sentado algo mal. Me voy andando. No me esperes” (Elliot). Este corre

hacia la esquina que hay una cabina telefónica mientras la limusina se va de plano y desaparece. Yuxtaposición de un plano medio de Frederick atendiendo el teléfono de la casa. Elliot no contesta y este cuelga. Yuxtaposición de plano medio de Elliot con el tubo en la mano, dentro de la cabina, mirando la nada. Cuelga soprendido y vuelve en sí. Sale de la cabina y va hacia la izquierda del cuadro donde estaba la esquina de la cuadra. En ese instante Lee sale detrás de la pared corriendo y él se sorprende. “Te estaba buscando”, dice. “Te pido disculpas. Lo siento. Estoy hecho un lío”, dice Elliot. “¡¿Cómo esperas que reaccione?!”, contesta ella y comienza a caminar mientras él la acompaña con su brazo derecho apoyado en su espalda; la mira y le dice: “Lo se, lo se, pero estoy enamorado de ti”. En ese momento ella se detiene y tras un parpadeo largo le dice “No digas eso”; “perdona, se que es terrible”. “Ya conoces la situación”, le replica Lee. “Lo se”, dice él. “¿Qué quieres que diga?” (L), “Hannah y yo estamos en las últimas” (E); “Ella no me ha dicho nada. Me lo habría contado” (L). “Es triste. Está loca por mí pero yo me he desenamorado” (E). “No será por mí, espero” (L), “No. Bueno, sí. Te quiero”, contesta Elliot. “No puedo se la causa de …” (L); justo Elliot la interrumpe y le dice “era inevitable que nos separásemos”. “¿Por qué?” (L), “por mil razones” (E). “Pero no por mí” (L), “no, nos estábamos distanciando mucho” (E). “Pobre Hannah”, dice Lee mientras agacha la mirada hacia el piso, como decepcionada. “¿Y tú?”, pregunta Elliot, “¿sientes lo mismo, o esto te resulta muy violento?”. “No puedo decirte nada”, responde ella moviendo la cabeza y la mirada hacia un lado y otro hasta que se clava en él. “Se sincera. No quiero que te sientas mal”. Todo este plano Elliot está de espaldas a la cámara y ocupa, con su sobretodo negro, un tercio del cuadro. Su actitud es connota mitad excusa y mitad acoso. A Lee se la ve aturdida por la situación y contesta: “Sí, siento algo por ti, pero no me hagas decir nada más”. Se toma la cabeza, se la nota incómoda y molesta por la situación, como no sabiendo qué pensar. “Ok, ya has dicho bastante. Ahora es cosa mía. Ya pensaré en algo”, responde Elliot ante la atenta mirada de Lee quien le responde “no hagas nada por mí; Hanna y yo estamos muy unidas”. “Sí, pero sientes algo por mí”, le responde él. “Elliot, por favor, no puedo ser partícipe de esto”, contesta Lee, “me siento culpable sólo por hablar contigo en la calle”. “Eso es porque sientes lo mismo que yo”, replica él. Lee titubea y duda, gira la cabeza y saca la vista de los ojos de Elliot y cambia de tema: “por favor, tengo que irme. Voy a hacerme la limpieza de boca”. Se va por la derecha del plano mientras la cámara la sigue en un paneo que pasa de plano medio pecho a plano medio. Yuxtaposición de un plano medio pecho de Elliot, con la boca abierta y sonriendo, en clara muestra de satisfacción por lo que acaba de escuchar y suceder. “Ya tengo mi respuesta”, dice. “Ya tengo mi respuesta”, repite. “I´m walking on air”, finaliza antes de lanzar una carcajada exhalando aire, y quedarse sonriendo mientras mira la ida de Lee fuera de plano. Sale de plano Elliot y hay una yuxtaposición de un plano general de calle en donde hay un taxi que dobla en una esquina. El enlace lo realiza la melodía extradiegética de fondo, que es nuevamente el piano del Hyman-Smith, “you are too beautiful”… en el taxi va Hannah.

Hannah va a la casa de sus padres que estaban discutiendo porque su madre estaba ebria y había flirteado con alguien. Compone la situación –siempre lo hace- y reflexiona en un diegético interior acerca de lo prometedores que eran sus padres cuando eran jóvenes, pero que no llegaron a concretar eso. Tiene una charla con la madre en que hablan sobre su talento –que hecha dice es cuestión de suerte- mientras suena la melodía de Hyman-Smith. Primero la música es extradiegética, pero luego –y tras un travelling que acompaña a Hannah y su madre hasta el comedor- se ve al padre tocando en el piano esa melodía y se convierte en diegético. Con la música de fondo –convertida nuevamente en extradiegética- hay una yuxtaposición de una plano de Hannah que reflexiona con la mirada perdida y pasa a Lee, quien también reflexiona pero en un muelle… con el libro de EE Cumings en la mano (todo un indicio de la dualidad y el momento que está atravesando).

Desde le punto de vista de los movimientos de cámara –dentro del código visual-, el momento crucial en que suena la música de Bach, es un plano-secuencia con paneo pero sin travelling. Elliot y Lee se desplazan por el comedor del departamento y la cámara los sigue.

El “Second Movement” de Bach se utiliza como una metáfora que magníficamente referencia a segundo paso que dio Elliot al besar a Lee. El cambio de parte, y ritmo, cuando ambos se caen sobre el tocadiscos acompaña la situación que se torna de tierna y romántica a caótica y confusa. Un amor prohibido pero irrefrenable que atenta contra la vida perfecta de Hannah.

Los enlaces y transiciones se dan por corte seco, se yuxtapone una imagen a otra.

Se ha hecho una descripción exhaustiva y precisa de este capítulo porque es un quiebre en la obra y un momento crucial para las acciones que seguirán de Elliot y Lee, Hannah mediante.

* Los monólogos diegéticos interiores en este capítulo son de Elliot y de Hannah en 2 momentos distintos.

• Capítulo VIII: “The abyss” (El abismo).

Mickey se hace una tomografía computada y otra serie de estudios para determinar si tiene algo o no, si hay tumor o no. Un médico pelado ingresa a una oficina donde él se encuentra sentado con unas radiografías y le dice que tiene malas noticias, y le va a exactamente dónde está el tumor y explicar por qué cree que no se va a poder hacer absolutamente nada por salvarle la vida. En ese momento aparece Mickey en plano y un diegético interior que comienza con “se acabó”, y reflexiona sobre la inevitabilidad de enfrentarse con la eternidad ahora. Pero esto es una alucinación. Mientras esto sucede se escucha la voz del médico de fondo, como un diegético exterior que va perdiéndose en un fade-out. Mickey está sentado en la oficina con la cabeza gacha y la mano en la frente mientras la voz del médico pelado deja de escucharse y en su lugar comienzan a escucharse unos pasos; es el médico que ingresa por la puerta confirmándole a Mickey que está “perfectamente bien”, que “no tiene nada”. Todo era una alucinación del hipocondríaco. Luego de esta noticia hay un cambio de ánimo en el capítulo y en la vida de Mickey. Sale a la calle y salta, levanta los brazos y corre en señal de felcidad. La cámara lo acompaña en un travelling desde la vereda de enfrente. De pronto Mickey se de tiene –y la cámara con él- lleva su dedo a la boca y se queda pensando. Se pasa a una escena en donde debate con su asistente sobre el sentido de la vida: “¿no te das cuenta de que todos pendemos de un hilo?”, le dice a ella. Quiere renunciar a su empleo. “Mientras corría por la calle, lo he visto todo claro”, dice Mickey. “No voy a morirme hoy, ni mañana, estoy bien, pero algún día estaré en esa situación”. Luego confiesa que hasta había comprado un rifle para matarse pero, como sus padres hubiesen sufrido mucho si él llegaba a tomar esa decisión por causa del tumor, habría tenido que matarlos a ellos también, y a sus tíos… “hubiera sido una masacre”, dice. “No puedo seguir así. Necesito respuestas. Si no, voy a hacer algo drástico”, confiesa.

Cambia la escena y con “second movement” como música extradiegética, se muestra una fachada de lo que luego se nota es un hotel. Adentro se encuentran Elliot y Lee. Ella se cuestiona y cuestiona a Elliot el por qué están haciendo eso, que eso no debería suceder. “Me he prometido que esto no iba a suceder hasta que vivieses solo”, dice Lee. La cámara los acompaña en un paneo de derecha a izquierda, de la puerta de la habitación (Elliot estaba adentro) hasta la ventana que se ubica a la izquierda. El plano pasa de un medio a uno entero. Lee está de espaldas, corre la cortina y mira hacia la

calle. La música se escucha muy baja, casi imperceptible. Elliot ingresa en el plano y cruza sus brazos por detrás del cuello de Lee. “No pienses mal de mí”, le dice, mientras le quita la cartera y el abrigo que ella llevaba puesto. En ese preciso instante, el volumen de la música de Bach vuelve a subir como taloneando la situación, crea un clima, una continuación de aquel segundo movimiento (o primero) dentro del departamento de Lee y Frederick. Se abrazan y se besan. Luego se produce una elipsis, y un plano de un edredón color perla blanco reemplaza esa imagen. Es el que recubre la cama en que ambos están acostados. “Ha sido perfecto”, dice Lee. La música sigue sonando. “Ya no podré estar con nadie más”, dice con la mirada perdida. Y continúa “me preocupaba no estar a la altura de Hannah”. Ahí se lo ve a Elliot ingresando en plano por la izquierda, se sienta en la cama y se ve que la mirada “perdida” de Lee estaba, en realidad, dirigida a él. Con una sonrisa y exhalando aire dice “¡¿En serio estás preocupada por eso?!”, “todo el tiempo”, contesta ella.
En ese momento tienen una charla que deja ver la subjetividad de Elliot pero de manera patente y no con un diegético interior: “quiero hacer cosas para ti. Hannah no me necesita”, dice Elliot. Ambos se ríen. “¡Qué pretencioso! No es que me necesites”, dice él. “Quiero que me cuides”, dice Lee, tomándolo de la mano y mirándolo a los ojos apasionadamente. “Y me encanta que me hagas cosas a mí”. Elliot se recuesta sobre ella y se besan.
Luego, se la ve a Lee caminando por la calle, bajo la lluvia. La cámara la sigue en un travelling desde la vereda de enfrente. Llega al departamento, entra. “Llegas tarde”, le dice Frederick y hace uno de sus críticos comentarios sobre la sociedad y sobre el fenómeno de Auswitch. Lee le contesta “me duele un poco la cabeza”, mientras se seca el pelo con una toalla. Está apurada. Toma una pava y comienza a calentar agua. Sus movimientos son apresurados, rápidos. Él sigue con su aguda crítica social acerca de la televisión y sus consumidores. En el plano se lo ve a Frederick cómodamente sentado en una silla, cerca de la mesa, comiendo un sándwich y tomando un café. Ella está detrás de la barra que separa la cocina del comedor. El plano es fijo: él, medio pecho, ella, entero aunque no se deja ver porque la barra tapa la parte inferior. Lee toma una pastilla, que podría ser anticonceptiva, y estalla: “¡Por Dios, Frederick!, ¿podrías relajarte?, realmente no estoy de humor para otra crítica de la sociedad contemporánea”, dice. Tienen una charla en donde ella cuestiona que no soporta más la situación, que está cansada. “Tenemos que cambiar algunas cosas”, le dice a él. “Me estoy ahogando”. Sentados ambos en la cama. “Tengo que irme” (L), “¿por qué?” (F). “Porque debo hacerlo”, le responde. “¿De dónde sacarás el dinero?”; “no lo se, he pensado en vivir con mis padres una temporada”. “Lee eres todo mi mundo”, le dice Frederick mientras le toma la cara con ambas manos y se queda mirándola. “¡Dios mío!, ¿Te han besado esta noche?”, le pregunta. “Sí, sí estuviste”, sentencia. “¡Deja de acusarme”, le contesta Lee mientras se suelta de sus manos y levanta d la cama. Su voz torna más dubitativa, menos firme. Se aleja de él y se cruza de brazos, como abrazándose. “Soy muy listo, no puedes engañarme”, le dice él. “¡Déjame sola!”, le contesta ella. Termina confesando que sí conoció a alguien y que se quiere ir. Él le dice que ella es su “única conexión con el mundo”, pero eso es algo que significa demasiada presión y responsabilidad para ella. “No es justo (…) quiero una vida menos complicada. Quiero un marido, un hijo, antes de que sea demasiado tarde”, dice Lee, “ni siquiera se lo que quiero”. “Sabía que algún día me dejarías por un hombre más joven”, dice él mientras golpea la mesa.

El siguiente plano entra por corte y se la ve a Hannah, dentro de la cama, con la espalda apoyada sobre el apoyacabezas y leyendo un libro. Ingresa Elliot por la izquierda del cuadro y se sienta en la cama. Queda de frente a la cámara con la mirada perdida y reflexiona en un diegético interior: “Qué pasión ha habido hoy con Lee. Es un volcán. Ha sido una experiencia plenamente satisfactoria, como había soñado. Eso ha sido, como un sueño, un gran sueño. Ahora me siento muy a gusto estando aquí con Hannah –se va sacando la bata y alistándose para acostarse junto a su mujer-. Hannah es un encanto, emana algo muy real. Con ella tengo la sensación de formar parte de

algo” –se acuesta en la cama y se tapa-. Su mirada se desencaja. Apoya su cabeza en la almohada y prosigue: “es una mujer maravillosa, y la he traicionado. Me rescató de una vida vacía, y yo se lo agradezco tirándome a su hermana en un hotel. ¡Dios!, soy despreciable. Qué acto más cruel y superficial. Voy a llamarla. Le diré que ha sido una locura” –se incorpora en la cama y se sienta. “No puede volver a ocurrir. No soy ese tipo de hombre y aprecio a Hannah. Amo a mi mujer y la he traicionado. ¡Dios mío!”, piensa y se levanta repentinamente de la cama. Hannah, que hasta ese momento estaba en segundo plano, y algo fuera de foco irrumpe con la voz en la acción: “¿a dónde vas?”, pregunta, “he olvidado llamar a Mel Kaufman”, le responde Elliot. “Si coge él colgaré”, dice en voz baja una vez que está alejado de su habitación y solo. “No podemos estar en contacto hasta que me separe. Es inmoral. Luego pasará el tiempo, no la llamaré y se hará a la idea”, dice mientras camina de un lado a otro, entre penumbras en el comedor de su casa. “Tengo que para esto antes de liarme demasiado”, sentencia. “Prefiero hacerle daño a Lee que destrozar a Hannah (…) la llamaré mañana y lo cortaré de raiz”, dice, mientras suena el teléfono y el sonido lo sorprende y asusta. Atiende y es Lee: “habría colgado si no llegabas a cogerlo tu”, dice, “pero tenía que decirte que me siento muy unida a ti esta noche. Muy, muy unida. Buenas noches”, y cuelga el tubo. Elliot se queda absorto con el tubo en la mano, la boca abierta y no pudiendo creer lo que acababa de suceder.

*Los diegéticos interiores que se dan en este capítulo pertenece a Mickey, al comienzo, y a Elliot, al final. Son 2 reflexiones distintas sobre la situación en que se encuentra su vida actualmente y el sentido de la misma. Uno cree que la vida no tiene sentido, que necesita respuestas, el otro ya las tiene: ama a su esposa y ha cometido un error pero la situación se le escapa de las manos y se vuelve más compleja.

• Capítulo IX: “The only absolute knowledge attainable by man is that life is meaningless” (La única certeza absoluta a la que puede llegar el hombre es que la vida no tiene sentido). Tolstoi.

El capítulo comienza con un plano contrapicado de una estatua. Es un hombre doblado sobre su torso, con el puño derecho cerrado y apoyado sobre su mentón. Su cabeza descansa por completo sobre su brazo en clara pose de reflexión. Mickey sale de un edificio, probablemente una biblioteca, mientras ya hacomenzado a reflexionar en un diegético interior sobre el sentido de la vida. “Ningún hombre sabe más que yo sobre el sentido de la vida”, dice. Aristóteles, Nietzsche, Freud. Todos son pensados por Mickey que los critica y no encuentra respuestas. “Quizá los poetas tengan razón y el amor sea la respuesta. Yo estaba enamorado de Hannah, pero no funcionó”, piensa. Y recuerda una vez que salió con Holly, la hermana de Hannah, pero no funcionó porque eran demasiado distintos. Fue hace mucho. Probaron con el punk y el rock, fueron a recitales, pero no funcionó. Él la llevó a ver jazz, pero a ella le aburrió. Esto puede verse en dos escenas cortas que muestran estos acontecimientos.

* El diegético interior en este capítulo corto es solamente de Mickey.

• Capítulo X: “Afternoon” (Las tardes):

Comienza el capítulo con Elliot y Lee abrazados, bailando en una habitación “You Made me Love You”, de Harry James. Aunque no se ve el aparato reproductor, uno puede inferir que la música es diegética ya que están bailando. Para un segundo, toman una copa de champagne que está apoyada sobre un mueble que tiene una trapera con la botella y otra copa más. Ambos beben y dejan la copa. Siguen bailando. El plano es americano. La luz es ténue y el clima romántico, encantador. Se abrazan y giran.

Plano siguiente, yuxtaposición de una imagen en donde está Hannah con los hijos sentados en la mesa del comedor de la casa y Elliot en la cabecera de la misma. Con ambos codos apoyados sobre el borde, su mirada perdida en el centro, está ausente. Su sentimiento de culpa y desazón es evidente. Tiene angustia, no sabe qué hacer. No presta atención a lo que Hannah le dice a los chicos. Está perdido. Los niños se van y Hannah nota la expresión de Elliot. Toma la taza y bebe un sorbo –el plano sigue fijo-. Tras un silencio y otra mirada a la cara de Elliot le pregunta: “¿estás de mal humor?”, esto “despierta” a Elliot quien gira su cabeza a la izquierda y la mira. “No lo se, creo que sólo estoy preocupado”, contesta. Ella le dice que últimamente ha estado muy irritable y distante con ella. Charlan sobre tener un hijo y él lo rechaza porque dice “es la última cosa en el mundo que necesitamos ahora”. El plano intercambia entre un plano medio de Hannah con referencia a Elliot y un plano medio de Elliot con referencia a Hannah. La transición es por corte seco, yuxtapuesta. Sigue charlando sobre tener un hijo. “Tienes unas ideas muy claras de cómo debe estructurarse la vida (…) todo es muy preconcebido”, dice Elliot. A lo que Hannah le contesta que ella creía que él necesitaba eso porque cuando se conocieron la vida de Elliot era un caos. Elliot asiente y le dice “pero la vida debe ser un toma y daca”. Hannah quita su vista de él como no entendiendo lo que le dice y Elliot estalla: “No se qué demonios estoy diciendo”. Ella comienza a hacerle preguntas para averiguar qué es lo que le pasa. Él dice sentirse perseguido por la GESTAPO y le plantea: “supongamos que digo que sí, que estoy desencantado –del matrimonio- y estoy enamorado de otra (…) es como si quisieras que esté enamorado de otra”, “claro que no. Me destrozarías”, contesta Hannah. Y comienza un ajuste del cuadro, de plano medio avanza hacia plano medio pecho de Elliot, mientras él comienza una reflexión diegética interior: “¡Por Dios!, deja de torturarla. Dile que quieres dejarlo y acaba de una vez. Estás enamorado de su hermana. No lo has hecho a propósito. Se sincero, siempre es lo mejor”. Se lo ve visiblemente dubitativo, con temor. Y Hannah lo interrumpe: “¿puedo ayudarte?, si estás sufriendo, ¿por qué no lo compartes conmigo?”, le dice Hannah poniéndole una mano sobre su hombro. Elliot gira sobre ella y se abrazan. “Hannah, sabes lo mucho que te amo (…) debería ir al psiquiatra, no te merezco”.

* El diegético interior corresponde a Elliot.

• Capítulo XI: “The Audition” (la audición)

Se ve a Hannah y Holly que suben las escaleras de lo que parece ser una suerte de tienda o mercado de ropa. Holly necesita ropa nueva para un audición y mientras miran las prendas le cuenta acerca de David. Ella está muy ilusionada con él. Hannah sigue el relato. La audición de Holly es para un musical de Broadway y eso desata una discusión entre las hermanas. Ella es insegura de si misma y la sorpresa que muestra Hannah ante esta audición la hace dudar a Holly. Finalmente le dice Hannah: “qué bien se te da desmoralizarme”, lo que desata la reacción de Hannah que quiere recomponer la situación. Finalmente Holly le dice: “tienes razón, no se por qué dejo que mi inseguridad me arruine”.

Acto seguido, pasa a la audición. Primero pasa Holly y luego April, su amiga. A pesar de los nervios, esta lo hace notoriamente mejor.
Al salir de la audición, April le cuenta a Holly que David (el arquitecto de quien ella estaba enamorada) la había llamado para invitarla a la Ópera. Esto no le cae bien a Holly. Esto provoca una herida en la relación entre ellas.

* No hay diegético interior en este capítulo. Por primera vez sucede que nadie reflexiona para sí mismo en un capítulo.

• Capítulo XII: “The big leap” (El gran salto):

Es Mickey el que consulta a un cura católico. El capítulo comienza con un hombre de espaldas a la cámara, vestido con una sotana negra. Está en el interior de una habitación recubierta de madera y este está mirando hacia fuera a través de una ventana. Al darse vuelta pregunta “¿por qué quiere convertirse al catolicismo?”, y al abrirse el plano vemos a Mickey sentado de mirándolo a él, de espaldas a la cámara. Este le contesta “porque necesito algo en que creer, o la vida no tiene sentido”. “Necesito creer en Dios o la vida no tiene sentido”, dice. “Eso supone dar un gran salto”, le contesta el cura.
Acto seguido, se ve a la madre de Mickey –judía- llorando desconsoladamente y caminando por su departamento de un lado para el otro. Su padre lo critica y él se excusa. “El hecho de que haya nacido así –judío- no quiere decir que no pueda cambiar”, dice Mickey. Mientras discurre la discusión con el padre, Mickey va al dormitorio de la madre –cuya puerta da al comedor donde estaba el padre- y la golpea con ahínco. La madre no abre la puerta.

Luego cambia la escena y se lo ve a Mickey en la Iglesia, presenciando el canto de un coro. En ese momento el canto y la música que producen es diegético, pero luego se convierte en extradiegético porque, aunque se lo escucha de fondo, el tiempo del relato ya cambió y Mickey no se encuentra más en la Iglesia sino buscando libros católicos y los clásicos crucifijos, y demás insignias de la religión. Como una metáfora de su posición y situación de consumidor en busca de algo nuevo, todo lo que compra lo mete dentro de una bolsa de cartón, como si fuesen productos de almacén. Por si todo esto fuera poco, apoya sobre un cuadro de Jesucristo crucificado, un paquete de pan lactal rebanado y un frasco de mayonesa Hellmann´s. En ese instante, el coro termina la canción.

Pasa a un plano general de calle donde se la ve a Lee caminando apresuradamente por la vereda. La cámara la sigue en un travelling desde la vereda de enfrente hasta que se topa con Hannah que estaba esperándola en la puerta de un restaurante. Al llegar Lee, toca a Hannah en el hombro y esta se sorprende y asusta. Se abrazan y Hannah pregunta “¿dónde está Holly?”, y Lee le contesta que está en una audición y que llegará tarde. “Cuando está deprimida es insufrible. Ha sido una buena idea invitarla a comer”, dice, e ingresan al restaurant. En ese momento hay un cambio de plano y la cámara ya está dentro, tomándolas a ambas que ingresan por la puerta, pero de frente. Mientras se acomodan y dejan los abrigos y carteras, están un tanto escondidas detrás de una columna. La cámara está fija y las toma en un plano americano. Charlan y Hannah le pregunta a Lee cómo está, si extraña a Frederick y ella contesta que no. Lee hace lo mismo, le pregunta cómo con Elliot y Hannah contesta: “supongo que bien. No se, ha estado de mal humor últimamente”, “¿en serio?”, pregunta Lee como haciéndose la desentendida, “sí, no se qué le pasa. Está muy distante e irritable. Cuando intento hablar con él dice que todo está bien. Yo pienso lo peor, como que tiene una amante…”, contesta Hannah. En ese instante se la ve ingresar al restaurant por el fondo del plano, desencajada y apurada a Holly. Mientras Lee “termina” la charla diciéndole: “querida, todo el mundo piensa esas cosas”, como desacreditando lo que Hannah le dijo. Llega Holly a la ronda y la cámara gira con un paneo acompañándola en el ingreso. Cuando llega dice: “hola, vengo de una audición que no he pasado. Menuda novedad”. Se quita el abrigo y los empleados del restaurant las invitan a pasar y sentarse. Mientras tanto, Holly, con un cigarrillo en la boca les cuenta a las hermanas que en la audición también estaba April, pero que ella no perdió la compostura y la saludó. Mientras van caminando a la mesa, la cámara las acompaña con un paneo hacia la izquierda haciendo foco en el movimiento de Holly. Se sientan un comienza un travelling circular alrededor de la mesa. El movimiento de la cámara es lento, como si alguien estuviese merodeando la mesa; mientras, las hermanas siguen charlando. Holly cuenta que se acabó la compañía de catering Stanislavsky (que tenía junto a su “ex” amiga April), y le dice a

Hannah: “no te va a hacer gracia pero necesito dinero, he decidido escribir”. “No pasa nada, está bien”, contesta esta. “Estoy harta de intentar actuar, de esas absurdas audiciones. No soportaría otra negativa”, dice Holly. Mientras tanto, la cámara sigue moviéndose y, sin perder de foco a Holly, pasa por detrás de Hannah y se ubica detrás de Lee. “Aceptémoslo, necesito aferrarme a algo en la vida, algo con futuro. Ya no tengo 16 años. Es de locos”, dice Holly mientras Lee permanece absolutamente auscente y sin hacer comentarios. “Tengo una idea para un libreto y necesito unos meses, o un año”, dice Holly ante la atenta mirada de Hannah que la observa con cara reflexiva, dubitativa y juzgándola. Tiene su mano derecha en la pera y la mira fijamente a Holly. La cámara, en este momento desvió el foco de atención y pasó a posarse en Hannah; se encuentra sobre el hombro de Holly. En ese momento cambia el plano y se la ve a Holly en el costado izquierdo del mismo, fuera de foco, y a Lee en el derecho, con la mano en la boca y mirando a Hannah que se encuentra fuera de cuadro a la derecha. Su mirada es desconsolada, oculta algo y ya no lo aguanta más, la está carcomiendo por dentro. Mientras tanto, Holly continúa la charla con Hannah: “he aprendido mucho de estructura dramática en las clases de teatro”, dice. Se la ve entusiasmada. En ese momento, Hannah vuelve a la acción y le dice: “eso está bien, pero creo que en seis meses o un año, si hicieras algo más productivo…”. Y ahora la cámara siguió en su travelling circular, salió de plano Holly y sólo aparece Lee con su mano izquierda en la boca, atenta a Hannah, pero no a lo que ella dice, sino a ella. “¿Algo como qué?”, dice Holly, “no lo se”, contesta Hannah. “Mamá mencionó algo sobre el museo de Broadcasting”. En ese momento la cámara, en su movimiento, pasa por detrás de Hannah con su foco puesto en Lee. Holly le contesta a Hannah: “¡eso es un trabajo de oficina!”, “no, en el departamento de publicidad. Podría llevar a otras cosas”. “¡Sabía que me desanimarías!”, le recrimina Holly. En ese momento, la cámara ya pasó por detrás de Hannah y está en cuadro solamente Lee que dejó de prestar atención por completo a lo que sucedía en la mesa, se cruza de brazos y baja la vista. Levanta la vista y observa a sus hermanas pelear. “No, intento ayudarte”, dice Hannah. En ese momento Lee interrumpe diciendo “¡por favor, hemos venido a comer!”. Y dejan de discutir. El foco pasa nuevamente Holly. Esta la increpa a Hannah: “crees que soy una fracasada, ¿no es cierto? (…) me tratas como a una fracasada (…) no tienes fe en mí, echas por los suelos mi entusiasmo”. Hay un cambio de plano y el foco de la cámara se posa sobre Hannah quien le contesta que no es así, que ella siempre trata de ayudarla y darle consejos constructivos, e incluso la ayuda económicamente. La discusión continúa y la cámara pasa nuevamente por detrás de Hannah con foco en Lee. Está visiblemente emocionada y a punto de estallar en llanto, y estalla: “¡deja de atacar a Hannah, lo está pasando muy mal!”, le dice a Holly. “Déjala en paz. Me estoy ahogando”, dice. A lo que Holly le pregunta “y a ti qué te pasa, ¿por qué estás tan susceptible?” En ese momento, Hannah la toca con su mano derecha a Holly en el hombro y le dice: “si quieres escribir, escribe. Dejemos el tema”. Terminan de discutir en el momento en que el movimiento circular de la cámara pasa de Hannah a Lee quien se está tomando la cabeza en señal de preocupación y angustia. Hannah le pregunta: “¿qué te sucede?, estás pálida”. Esta empieza darle excusas como que le duele la cabeza y que necesita comer algo.

* En este capítulo tampoco hay diegético interior. Todo lo que sucede y piensan y dicen los personajes es hablado.

• Capítulo XIII: “Summer in New York” (Verano en Nueva York)

Comienza con una reflexión de Elliot que confiesa que quiere a Lee pero que no puede hacerle daño a Hannah. No puede tomar una decisión. El movimiento de cámara hace un travelling desde el terapeuta de Elliot, sentado en una silla, hasta las manos de este. Cuando termina el parlamento, la cámara llega a su boca y no queda en claro si lo que se escuchó fueron

declaraciones de él para con su terapeuta o estaba pensando para sí mismo en un diegético interior. Sea como fuere, prosigue en un claro diegético interior “Lee está un poco perdida. Está estudiando en Columbia, pero sólo por hacer algo”; mientras tanto se la ve a Lee subiendo las escaleras en la universidad e interactuando con un hombre que luego se convertiría en su novio”. Narra que de vez en cuando hablan y se encuentran, a veces hacen el amor y se sienten fatal; a veces se pelean porque no puede separarse. “Pero es mi culpa”, dice Elliot, ahora sí, visiblemente charlando con su terapeuta en la habitación. “No consigo dominar mis emociones”, dice.

Hay un cambio de plano y se ven los edificios de New York y el parque. Hay una música y cuando la cámara hace un movimiento hacia abajo se puede divisar de dónde viene: son unos Hare Krishna que están bailando en el parque. Es Mickey que está buscando otra religión. Charla con uno de los líderes. Al final de la charla el líder le entrega folletos y un libro y Mickey al alejarse comienza un monólogo diegético interior: “¿A quién quiero engañar, me voy a hacer hare krishna?, ¡qué deprimido estoy!”.

* En este capítulo, los soliloquios diegéticos interiores corresponden a Elliot y a Mickey sobre el final.

• Capítulo XIV: “Autumn chill” (Frío otoñal).

El capítulo comienza con Lee reflexionando en un diegético interior sobre su situación, un profesor de literatura con el que salió y le cae muy bien. También dice sentirse ridícula por sentir que está traicionando a Elliot. “Vamos a ver qué pasa en los próximos meses”, termina.

Una escena corta muestra a Holly –en un plano general- hablando desde un teléfono público y contándole a Hannah que ya tenía un primer borrador de su obra. Esto es un indicio de la elipsis que se produjo, del paso del tiempo, del salto cronológico.

Otra escena muestra el día de acción de gracias, un año ha pasado desde que comenzó a narrarse esta historia.
Dentro del departamento de los padres de las hermanas, Lee se encuentra apoyada sobre el marco de una puerta, escuchando a su padre tocar el piano mientras la familia está reunida alrededor de él. De pronto, aparece Elliot detrás de ella y le dice que ha estado muy fría con él durante la noche, si pasaba algo. Ella le contesta: “aquí no, hay demasiada gente alrededor” y se va del cuadro por la izquierda. Él la sigue con la mirada.
Mientras tanto, en la cocina, Hannah entra en discusión con Holly por su obra. Dice que es una copia de su vida y de su matrimonio con Elliot. La interroga acerca de dónde sacó los diálogos y cosas muy íntimas, como la idea de adoptar un niño. Holly le contesta que Lee le contó, que ella –Hannah- debió habérselo contado, lo que es descartado por Hannah de rabo. “Es como si yo no necesitara nada, como si fuera autosuficiente”, dice Hannah. “Son cosas muy íntimas, ¿cómo es que las saben?”, sigue. Y Holly le contesta: “¿y por qué no nos las cuentas?”, “porque no quiero molestar a nadie” (Hannah), “ese es el punto, me gustaría que me abogiaras”, le contesta Holly. Y Hannah termina preguntándole: “¿Cómo podrías saberlo?, ¿Elliot te ha contado?”, “no, no me ha contado. Mira, si te he ofendido discúlpame, no fue mi intención”, le dice Holly terminando la conversación.
En otro salón de la casa, Lee y Elliot discuten y ella le dice: “Se acabó, Elliot. Ya no se cómo decírtelo (…) tengo que serte sincera, he conocido a alguien más. Te he dicho que no esperaría para siempre (…) hace más de un año y sigues con mi hermana, estás más enamorado de ella de lo que crees”. Y él le contesta “pero hemos hecho muchos planes”. “… sí, pero fui muy débil y tú también… ahora he conocido a alguien…”, y en ese preciso momento ingresa

una de las empleadas del catering e interrumpe la charla. Ambos se hacen los desentendidos, como quien no está hablando de nada. Y cuando se va continúan: “¿Te has enamorado de un día para el otro?”, pregunta Elliot. “Me gusta mucho, sí”, contesta ella. “Se acabó, te lo dign en serio”, espeta cuando él trata de agarrarla del brazo.
Luego, Hannah encara a Elliot y le pregunta si él le ha contado a Lee las cosas íntimas que Holly escribió en su obra. Elliot lo niega y dice que no le gusta que lo acusen –él está fuera de plano, se la ve a Hannah, de perfil, mirando fuera de plano-. La discusión va subiendo de tono y Hannah continúa con su interrogatorio, no creyendo en las respuestas de Elliot. Finalmente él le dice: “déjame en paz”, y cierra la puerta del baño en el que ambos se encuentran. “Necesito alguien a quien le importe”, continúa; “me importas a mí, y mucho”, le dice Hannah. “Es difícil estar con alguien que da tanto y necesita tan poco”, dice él a los gritos y mientras gira alrededor de ella. “Pero yo tengo unas necesidades enormes”, dice Hannah. “Pues yo no las veo, ni tampoco Lee o Holly”, termina él, dejándola con la palabra en la boca y saliendo del baño y del plano. Hannah se queda absorta mirándolo. Luego de esto, y por primera vez en la película, se la ve a Hannah perdida, buscando respuestas, abrazándose sola, caminando por los oscuros pasillos de su casa. Va hacia le living, se sienta y comienza a observar las fotografías que hay en la repisa. Se detiene en 2 fotos: una de Elliot un poco más grande que la que está al lado que es de las tres hermanas: la más próxima a Elliot (aunque en distinta fotografía) es Lee, sonriente, luego está Holly quien mira hacia el piso, y la más distanciada es Hannah, que mira a cámara con una tibia sonrisa.

Una charla a oscuras confirma todo: “Me siento perdida”, dice Hannah, y Elliot le responde “no estás perdida”. Enciende la luz y se vuelve sobre su esposa. La besa y le dice: “Te quiero tanto”, y se entrelazan en un beso y abrazo. Mientras comienza a sonar la melodía de piano de Dick Hyman “It could happen to you”.

* El monólogo diegético interior le corresponde a Lee en este capítulo. Sobre el comienzo, y a modo de resumen y actualización por el paso del tiempo, por el salto, reflexiona sobre su situación actual.

• Capítulo XV: “Lucky I ran into you” (Ha sido una suerte encontrarme contigo).

Se lo ve a Mickey caminando por la calle, de noche. Va en dirección hacia la cámara, cuando de pronto se detiene y observa hacia su izquierda; está Holly viendo unas estanterías. Él ingresa al local y le dice: “quizá no te acuerdes de mí, pero pasamos juntos la peor noche de mi vida”, y ella estalla de risa. “Sí que me acuerdo”, contesta ella. Comienzan a charlar y a ponerse al día. “Espero que hayas cambiado. Tu personalidad dejaba algo que desear: una personalidad”, dice él. Ella sonríe. En el devenir de la charla, ella le comenta que empezó a leer y él se ofrece a leer su libreto, como productor, para darle su veredicto. “¿Puedo ir a tu casa mañana y te lo leo yo?”, propone ella. Él acepta extrañado y sorprendido, entre risas. “Creo que ha sido una suerte encontrarme contigo”, dice Holly.
La escena pasa al otro día, mientras Holly, en la casa de Mickey, termina de leerle el guión. El salto en el tiempo narratológico es evidente. “Es genial”, le dice Mickey, “me dejas sin habla. No estaba de humor para escuchar esto ahora… no se qué decir, me he emocionado, me he reido… he estado en vilo. Es maravilloso. Me dejas atónito. Esto no es un insulto”, dice. Al principio Holly duda de lo que oye, pero luego no puede sino creer y, visiblemente emocionada y contenta, lo invita a comer juntos. Salen de la casa y comienza a sonar “You Made me Love You”, de Harry James. Del amor de Elliot y Lee a este naciente de Mickey y Holly, otrora frustrado. Ellos van caminando por la vereda y la cámara comienza a agrandar el plano: de un general, pasa a un general amplio, como abandonándolos. La música, se hace cada vez más fuerte. Se los ve en otro plano distinto, charlando dentro de un bar-

restaurant, mientras la música sigue sonando, y un movimiento de cámara parecido agranda el encuadre: un plano medio de ellos (focalizado en Holly), pasa a uno general amplio, en que se muestra el frente del bar y la esquina de la calle. Caminan por el parque y charlan –la música continúa-, y él le cuenta, en lo que se transforma en una suerte de flashback, en aquel momento en que tocó fondo y casi se quita la vida. Ante el fallido disparo del rifle que, al resbalarse por su sudor en la frente no impactó en su cráneo, este salió de su casa, caminó y caminó durante varias horas. Finalmente ingresó en un cine, no importaba qué película daban (era una de los hermanos Marx), y mientras veía a todas las personas que participaban en ella pensó: “¿Cómo puedes pensar siquiera en suicidarte?, mira toda esa gente en la pantalla. Es divertidísima. Y ¿qué más da si lo peor es cierto, si Dios no existe y sólo pasas por la vida una vez?; ¿no quieres ser parte de esa experiencia? No todo es una pesadez. Pensé: debería dejar de arruinarme la vida buscando respuestas que nunca tendré, y disfrutar de ella mientras dure. Y después, ¿quién sabe?, quizá haya algo. Nadie lo sabe. Se que ´quizá´ es algo muy frágil a lo que aferrarse, pero es lo que hay. Y entonces empecé a relajarme y a pasármelo bien”. Este parlamento se lo cuenta a Holly, y cuando termina de decir eso, la música de la película sube el volumen, como en señal de estar prestando atención y relajarse, quitarse un peso de encima. Luego de esto, la escena continúa con ellos caminando en el parque y Holly le pide disculpas por aquella vez que salieron y ella se había comportado muy mal con él. La charla se desvanece y la música sube. Es “You Made me Love You”, de Harry James.

* En este caso, las reflexiones las hace Mickey, pero aparece en el recit de Genette, como una voz en off. Mickey se convierte en un narrador omnisciente.

• Capítulo XVI: “One year later” (Un año después)

El mismo día de acción de gracias cierra la historia. Es la última escena de la película y el simbolismo de un día clásico en la cultura norteamericana en que las familias viajan de todas partes del país para reunirse es el icono.
Parece haberse reestablecido cierto equilibrio. Todos (todas en realidad) están colaborando, Lee, Hannah, los padres, todos menos Holly. La familia unida.
En ese instante, comienza a sonar la canción con la que comenzó la película e irrumpe en escena Elliot sonriente y con una copa en la mano. Suena “I´ve heard that song before”, de Harry James, pero es extradiegética. Elliot deambula por la casa y observa, en la otra punta a Lee, charlando con su novio. Se queda observándolos y luego comienza una última reflexión final: “Oh, Lee, eres increíble. Estás preciosa. Te sienta bien estar casada. Lo que pasó entre nosotros es cada vez más confuso. Me comporté como un idiota. No se qué me pasó. Estaba convencido de que no podía vivir sin ti. ¡En qué situación nos puse a los dos! Y a Hannah, a quien, como dijiste, quiero mucho más de lo que creía”. Todo este monólogo interior sucede mientras se yuxtaponen planos de Elliot observando a los casados, y de Lee, visiblemente contenta y sonriente con su esposo.
Luego, los niños de la casa corren hacia la puerta de la calle que se abre: la tía Hollly ha llegado. Ingresa, saluda a todos y es bien recibida. Ya no es una fracasada. Se la ve a Hannah apoyada sobre el marco de una puerta y Elliot que llega a su lado, la mira, ella le devuelve la mirada y se abrazan. Ambos miran hacia fuera de plano, a su izquierda, es que el padre está tocando el piano nuevamente; y toda la familia está alrededor de él. La escena continúa con la música sonando de fondo, se ha convertido en extradiegética. Todo está tranquilo, ha vuelto a la normalidad. Las personas charlan, los chicos juegan. Y se la ve a Holly frente a un espejo arreglándose cuando la cámara comienza a hacer un travelling lento hacia su espalda: ahora se ve su cara en el espejo. Una empleada de la casa baja la intensidad de las luces y Holly le dice “es hermoso”. La cámara sigue acercándose y se ve en el espejo el reflejo de Mickey, que se acerca entre las sombras, hacia Holly. La toma por los hombros y le dice: “no te pongas nerviosa. Soy tu marido”. La abraza, la

besa, y la piropea y conversan. Le dice: “le estaba diciendo a tu padre de las ironías de la vida. Antes siempre pasaba este día con Hannah. Nunca pensé que pudiera amar a nadie más. Y, años más tarde, estoy casado contigo, perdidamente enamorado. El corazón es un músculo muy resistente”. Ella se entrega a los besos que él le da entre frase y frase. “Sería una gran historia. Un tipo se casa con una hermana y no funciona. Años más tarde, acaba casado con la otra hermana. No creo que se pueda mejorar”; y ella le dice: “Mickey, estoy embarazada”. Él se queda sorprendido, la música sube el volumen, y “It could happen to you” se oye más fuerte. La mira, se miran, y se besan y termina la película.

Este último diálogo es entendido como una clara superación de la historia que él decía, sobre todo porque él no podía concebir un hijo, era esteril, fue esa justamente una de las causas de la separación suya con Hannah.

* El diegético interior le corresponde en este caso a Elliot, que reflexiona sobre Lee y su situación actual, como también a su amor por Hannah.

“I´ve heard that song before”, Harry James y Helen Forrest

It seems to me I’ve heard that song before
It’s from an old familiar score
I know it well, that melody
It’s funny how a theme recalls a favorite dream
A dream that brought you so close to me

I know each word because I’ve heard that song before
The lyrics said “Forever more”
Forever more’s a memory
Please have them play it again
And I’ll remember just when
I heard that lovely song before

Nota: la letra de la canción hace referencia a aquello conocido, aquello que ya ha oido y conoce quien la interpreta. En este caso hace referencia a Elliot quien ya atravesó por el enamoramiento de una Hannah´s sister. Ya estuvo ahí, ya sabe la letra, cada palabra, esa melodía. Ahora cambia el significante, Lee, pero no el significado, el enamoramiento.

Por María Celeste Devechi

“El cine es exploración por encima de todo. Haces películas por razones puramente personales, para descubrir cosas por ti mismo.” Pedro Almodóvar

El análisis narrativo del cine es la rama más reciente de la investigación semiótica. Bajo esta óptica, los elementos convencionales de la estructura narrativa pueden ser considerados como sistemas de signos que comunican mensajes referidos al mundo de la historia, y por lo tanto adquieren importancia al momento de abordar su análisis.
Los elementos a tener en cuenta son los personajes, la trama, el punto de vista y la temporalidad. Distintas discusiones sobre el tema han sido recopiladas en el tercer capítulo del libro Nuevos conceptos de la teoría del cine. A partir de las distintas teorías que allí se plantean se intentará comprender cómo se estructura el relato en la película “Volver”, de Pedro Almodóvar, para luego dar cuenta de la “presencia” del director en la obra. Para ello, también se presentará información sobre este cineasta español y se ejemplificará con aspectos del código fílmico que refuerzan esa construcción.

El relato

“El narrador puede ser definido como el agente, inscrito en el texto, que relata o refiere los hechos del mundo ficcional. El narrador se distinguiría del autor real y de los personajes que habitan el mundo el mundo ficcional, aunque en ocasiones un personaje puede adoptar el papel del narrador hasta un extremo limitado.” Si bien en este film no hay un narrador explícito inscrito en el texto, existe un narrador cinemático externo también llamado cámara-narrador o realizador de imágenes, que tiene el control sobre el punto de vista desde el cual se muestran los hechos. Inscribe otro nivel de “comentario” en la historia, distinto al que un narrador diegético o extradiegético podría presentar a partir de la voz on, off u over. El “comentario” que él realiza se presenta bajo la forma de manipulaciones del punto de vista, sobreimpresiones, imágenes que riman.

Sole regresa de su pueblo natal, un primer plano de ella manejando su auto se sobreimprime con un molino de viento que gira lentamente y alude a su estado de confusión y conmoción.

Raimunda talla una cruz y la fecha de nacimiento y fallecimiento de “Paco” en un árbol. La cámara muestra un plano detalle del cuchillo sobre la corteza del árbol. La escena siguiente muestra un primer plano de sus manos cortando verduras con un cuchillo. (Enlace de orden plástico, por analogía de contenido material, donde la identidad y la semejanza es la base de la transición del contenido estructural).

Edgard Branigan, en su trabajo “Formal Permutaciones of the Point of View Shot” (1975), establece que el punto de vista es el aspecto más significativo de la estructura narrativa porque controla el acceso del espectador al significado. El punto de vista que se nos presenta en este caso no es el de ningún personaje en particular sino que está concebido desde su sentido más amplio, como el punto de vista de la cámara-narrador.

El director nos acerca a la intimidad de la pareja de Raimunda y Paco. Nos muestra a los dos personajes recostados en la cama a través de un primer plano de ángulo cenital. Podría inducirse que la elección de ese plano tiene que ver con el momento desagradable que pasa Raimunda mientras su marido quiere tener relaciones sexuales y ella no. Se pasa a un primerísimo primer plano de la cara de Raimunda, que se tensiona y llora, mientras se oyen en voz off (diegética), los gemidos de su esposo masturbándose a su lado.

Con respecto a la construcción del tiempo en el relato, puede decirse que es un tiempo lineal vectorial puesto que la acción se desarrolla de manera lógica y cronológica siguiendo un hilo conductor, un orden continuo y homogéneo. En palabras de Casetti y Di Chio, “está determinado por una sucesión de acontecimientos ordenada de tal modo que el punto de llegada de la serie siempre será distinto del de partida” .
Pedro Almodóvar logra que la historia se desarrolle de manera fluida, sin aburrir al espectador. En la mayoría de los casos utiliza transiciones por corte seco, otras recurre al fundido a negro como cierre de un capítulo y el comienzo de otro.

Irene oye desde debajo de la cama cómo Reimunda, ofendida, se va de la casa de Sole. Se muestra un primer plano de Irene y funde a negro. A partir de allí comenzará la parte en que Raimunda se reencuentre con su madre.

Raimunda y su hija vuelven a la casa de Sole después de haber discutido con Irene, cierran el portón. Fundido a negro. La imagen luego muestra a Raimunda y su madre teniendo la charla que servirá para aclarar las cosas.

Por otro lado, en dos oportunidades logra unos fundidos encadenados interesantes.

Raimunda y Paula dejaron el cadáver de Paco en el restaurant. Se abrazan. La imagen funde a una imagen del barrio donde viven, la cámara se mueve sobre su eje, de derecha a izquierda, describiendo el lugar (panorámica). Se intenta dar cuenta de que pasaron unos días.

A pesar de que el relato sigue cierta cronología se advierten elipsis, como en el ejemplo anterior, que tienen que ver con la necesidad de cubrir de forma económica amplios períodos de tiempo de la historia. Pero además se puede recurrir a la elipsis para ocultar ciertos hechos que podrían resultar impactantes como puede ser el momento cuando Paula asesina a su presunto padre.

El cuerpo de Paco se muestra con un plano general en un ángulo cenital. Debajo de él se observa la mancha de sangre.

El espectador es retrotraído al momento del asesinato a partir del relato oral de la protagonista a su madre. El modo de contar un acontecimiento es elegido por el director, quien en última instancia es el enunciador.
Recientemente, se ha enfocado el problema de la narración cinemática bajo la perspectiva de la enunciación que indica los marcadores discursivos o las huellas estilísticas que señalan la presencia de un autor o narrador en la película. En este sentido, el cine se nos presenta como una historia “enmascarada” que en realidad conlleva una cualidad intencional definida, por lo tanto se trata de un discurso. Al enmascarar las insignias de un “emisor” o un “hablante”, el cine facilita la impresión en el espectador de que tiene autoridad y control sobre el espectáculo. La película parece ser narrada por él mismo. Es lo que sucede en “Volver”, facilitado por lo que en lingüística se conoce como la narración en tercera persona. Sin embargo, hay ciertos movimientos de cámara, tratamientos de la imagen en cuanto al color, características de los personajes e inserciones autobiográficas en el interior del espacio ficcional de las películas de Pedro Almodóvar que son constantes y marcan su presencia como creador/narrador. De este modo, queda revelado que sus películas son un modo de discurso. En términos de André Bazin estaríamos aludiendo a la “autoría”, proceso por el cual se elige, en la creación artística, el factor personal como un criterio de referencia que permita luego postular su permanencia y su progreso desde una obra a la siguiente.
Según este director español, su expresión personal se destaca en tres ámbitos: el texto, la elección del color principal, el que va a dominar los decorados, el vestuario y el tono general de la película; y la interpretación de los actores.
En cuanto al color, es indudable que el rojo es el que eligió para que sea preponderante en “Volver”. Ese tono se hace presente en la mayoría de las escenas, ya sea a través del vestuario como de los decorados realistas. En parte transmite alegría y vida pero también pasión, expresada en todas sus formas, incluso en la pulsión a la muerte.

Una toma fuerte es la que muestra un plano detalle del papel absorbente que Raimunda coloca sobre la mancha de sangre de Paco. A medida que el papel absorbe la sangre, el color rojo se va apoderando de la pantalla.

En cuanto al texto, puede establecerse que el fuerte contenido autobiográfico, las historias que le atribuye a sus personajes y las acciones que les hace realizar conforman tres aspectos fundamentales a tener en cuenta y que serán descriptos en el siguiente apartado.

Volver según Almodóvar

Pedro Almodóvar nació el 24 de septiembre de 1951 en un pueblo pequeño de la provincia Ciudad Real, en España. Integrante de una familia humilde de arrieros, los primeros años de su vida los vivió rodeado de mujeres. Si bien a los 16 años se trasladó a Madrid en busca de concretar su deseo de hacer cine, siempre ha mantenido cierta nostalgia hacia los habitantes de su pueblo. Su decimonovena película, Volver, muestra muchos aspectos autobiográficos que dan cuenta de la etapa retrospectiva por la que está atravesando este director. En palabras de Almodóvar, el título de la película incluye varias vueltas para él. “He vuelto, un poco más, a la comedia. He vuelto al universo femenino, a La Mancha (sin duda es mi película más estrictamente manchega, el lenguaje, las costumbres, los patios, la sobriedad de las fachadas, las calles empedradas). He vuelto a trabajar con Carmen Maura (hace diecisiete años que no lo hacíamos), con Penélope Cruz, Lola Dueñas y Chus Lampreave. He vuelto a la maternidad, como origen de la vida y de la ficción. Y naturalmente, he vuelto a mi madre.”
Volver es, en parte, un homenaje al arte pop y al movimiento contracultural conocido como movida madrileña, por el que se sintió fuertemente atraído durante su juventud. Tirard dice que al igual que a los personajes de sus películas, a Pedro le gusta vestir con colores chillones y que su oficina se asemeja a un “museo dedicado a la cultura pop”.
Las imágenes están cargadas de colores vivos, fuertes, sobresaturados. El vestuario (elemento del código pre-fílmico), concebido de manera realista, combina distintos tipos de estampados como el cuadrille, el floreado. Los objetos cobran protagonismo.

A o largo del film se reiteran primeros planos cenitales a objetos como un plato de sopa, un tarro con tintura de cabello, un alhajero con joyas de plástico y una cuchilla, que terminará siendo muy representativa.

Pero también es un homenaje a los ritos sociales de la gente de su pueblo. Él mismo confiesa que se crió oyendo historias sobre apariciones. Durante toda su vida, los habitantes de La Mancha cuidan las tumbas en las que descansarán una vez muertos.

La primer imagen de la película muestra a las pueblerinas lavando sus tumbas y colocando flores. La cámara realiza un travelling lateral de derecha a izquierda que actúa de manera descriptiva. El tipo de plano es un plano medio americano (toma hasta las rodillas de las mujeres)

Así mismo, también intentó homenajear a la solidaridad de las vecinas a través de uno de los personajes: Agustina. “Las mujeres del pueblo se reparten los problemas, los comparten. Y consiguen que la vida sea mucho más llevadera. (…) Yo sólo he prestado atención a la parte positiva de la España Profunda, que es la que yo he experimentado de niño. De hecho, Volver rinde homenaje a la vecina solidaria, esa mujer soltera o viuda, que vive sola y hace de la vida de la anciana de al lado su propia vida. Mi madre vivió gran parte de sus últimos años asistida por sus vecinas más próximas.”
Como suele suceder en las películas de Almodóvar, los géneros se entremezclan. El film contiene escenas que van desde la comedia hasta el drama. La inclusión del “fantasma” de la madre en la vida de las protagonistas genera situaciones cómicas, pero al mismo tiempo llega para resolver conflictos pasados, dejando a la luz un drama familiar. “Tengo miedo del encuentro con el pasado, que vuelve a enfrentarse con mi vida”, canta Raimunda (Penélope Cruz) en una de las escenas de “Volver”. Y es esto lo que intenta transmitir la película, fantasmas del pasado que regresan amenazantes: los del padre ausente, los de la madre muerta, los del socialmente diluido papel masculino, los del desempleo, los del cada vez más fantasmal núcleo familiar unido por la sangre. Tres generaciones de mujeres lograrán sobrevivir a ellos.

Las mujeres y sus fantasmas

Fiel a su estilo, Almodóvar nos presenta mujeres que atraviesan situaciones que las colocan al borde del abismo. Volver es una película donde se oculta mucho y donde la mentira y la estrategia están a la orden del día. Para comprenderlo, a continuación se presentará una breve descripción de los personajes principales.

Raimunda: Interpretada por Penélope Cruz. Es una mujer atractiva, joven, emprendedora. Parece una mujer fuerte pero resulta ser muy frágil. Está casada con un obrero que perdió su trabajo y tiene una hija adolescente fruto de la violación de su padre. Cuando quedó embarazada se fue a vivir a la casa de su tía Paulina y cortó todo tipo de relación con su madre. Tiene una hermana, Soledad, con la cual es muy unida.
Su hija-hermana asesinó a su esposo y es ella quien se desembaraza del cadáver.

Paula: Interpretada por Yohana Cobos. Es una adolescente bonita, que pasa mucho tiempo hablando por teléfono con sus amigas y usando su celular. Además de ser hija, es hermana de Raimunda, pero no lo sabe. Quien creía que era su padre resultó ser sólo el novio de su mamá que la reconoció como su hija. Cuando él se lo confiesa, queriendo seducirla, ella lo mata clavándole una cuchilla. Su madre es la única que sabe lo que pasó.

Irene: Interpretada por Carmen Maura. Se le aparece a sus hijas luego de dos años y medio de haberla creído muerta. Cuando se enteró que su esposo había violado a su hija, incendió la casilla donde él se encontraba con su amante. Todos creyeron que era ella quien murió junto al hombre en el incendio. Carga con la culpa de no haberse dado cuenta antes del horror que vivió su hija. Durante estos años cuidó de su hermana, la Tía Paulina, haciéndole creer que era un “fantasma”.

Soledad: Interpretada por Lola Dueñas. Fue quien se quedó con su madre cuando su hermana se fue de la casa. Es una mujer joven que se gana la vida con una peluquería ilegal que funciona en su casa. El esposo la abandonó. Nunca supo sobre el hecho de violación de su padre para con su hermana Raimunda. Es a ella a quien se le presenta Irene y durante la mayor parte de la película está convencida que se trata de un fantasma que volvió de la muerte para cumplir su voluntad.

Agustina: Interpretada por Blanca Portillo. Es la vecina de la tía de Raimunda y Sole. Delgada y rapada, presenta un aspecto avejentado, descuidado. En su casa cultiva plantas de marihuana para consumo personal. Su madre era hippie y desapareció el mismo día que murieron los “padres” de Raimunda y Soledad. Sabe que su madre era la amante del padre de estas últimas y tiene sospechas sobre la desaparición. Su hermana, una importante productora de un famoso programa de “tele-basura”, no la visita frecuentemente aún habiéndose enterado que Agustina padece cáncer. Es quien vigila a la Tía Paulina porque sus sobrinas viven fuera del pueblo. A lo largo de la historia entabla una estrecha relación con Raimunda y Sole. Irene, presentada ante ella como un fantasma, será quien la cuide hasta sus últimos días de vida.

Por tratarse de personajes fuertes, con mucha carga emocional, son frecuentes los primeros planos a los rostros de las actrices. Con respecto a este tipo de plano Almodóvar hizo un comentario durante una entrevista con Laurent Tirard: “Te obliga a preguntarte qué estás diciendo realmente en un primer plano. Tú necesitas actores muy buenos y ellos necesitan tener algo real que interpretar, si no, no se sostiene.” Una de las escenas más fuerte de la película sin duda es aquella en la que Paula (Yohana Cobo) le confiesa a su madre (Penélope Cruz) que mató a su padre de una acuchillada. Allí sí que las actrices tienen algo real que interpretar y el director eligió mostrarlo a través de primeros planos.

Mientras Paula le cuenta a su madre cómo sucedieron las cosas, se la muestra en un primer plano hablando a cámara. La imagen primero nos introduce en situación a partir de un primer plano de ambas conversando cara a cara, situadas una frente a otra. Luego se la muestra a la hija en primer plano. Se trata de una subjetiva de Raimunda.
Por un momento se la muestra a Raimunda también en primer plano escuchando a su hija, perpleja, conmocionada, agitada, llorando. Tal vez el relato de Paula le traiga recuerdos sobre situaciones que ella misma vivió.
Nuevamente se la muestra a Paula, que ahora llora. En el plano siguiente se ve a las dos mujeres que se encuentran en un abrazo. Se realiza un zoom in hacia la cara de Raimunda.
La música que acompaña la escena es rítmica y transmite suspenso y tensión.

La soledad también se convierte en un “fantasma” que sobrevuela la película de manera sutil pero profunda. “Estoy sola como siempre”, dice Sole en un momento. Y es en soledad como debe afrontar el reencuentro con el “fantasma” de su madre. En un primer momento se asusta y se confunde. Pero luego lo toma con naturalidad.
Luego de creer haber visto un fantasma en su casa se dirigió a la sala donde estaban velando a su tía, aterrorizada llega al lugar y las vecinas la rodean para saludarla.

Desde una toma en picado se la muestra a Soledad confundida, con todas las vecinas rodeándola en forma violenta tratando de adelantarse al resto. El ángulo permite visualizar el desconcierto de Sole y la reacción exagerada de las vecinas para demostrar su “profundo” dolor.

El célebre tango de Gardel y Le Pera es el que da título a la película. Raimunda lo canta en un momento como alusión a la vuelta de un ser querido que ha muerto, y que su personaje extraña tanto más que lo que puede hablar de él.
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno…
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor…
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor…
La vieja calle donde el eco dijo
tuya es su vida, tuyo es su querer,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver…
Volver…
con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien…
Sentir…
que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada,
errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir…
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez…
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida…
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenan mi soñar…
Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar…
Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.

La “mirada febril, errante en las sombras” va en busca de una persona definitivamente ausente. Algo que está en el pasado y a lo que se precisa regresar, tal vez para resolver un conflicto que molesta y lastima. Irrecuperable pero igualmente imprescindible, como la infancia. La vuelta al hogar primero, a la madre muerta o a los rincones de la infancia, espacios reconocibles y confiables, que nos protegen. La película se desarrolla, en gran parte, en el pueblo y la casa donde los personajes vivieron de chicos. Y cada vez que el fantasma debe ocultarse se tira debajo de la cama, imitando los juegos de la niñez en los que uno se escondía para que lo buscara la madre. Acá sucede al revés, la madre se oculta de la hija, que busca… Finalmente la madre aparecerá y habrá una explicación racional para su aparición, pero quedará en los espectadores la certeza intuitiva, dada por las imágenes, de que el milagro ha sucedido. Y es posible, al menos en el cine. Durante ese tramo de incertidumbre es cuando más deliciosa se torna “Volver”.

FICHA TÈCNICA
Comedia
España
Duración: 110 minutos
Año: 2006

Director: Pedro Almodóvar
Guionista: Pedro Almodóvar
Productor/a: Esther García
Música: Alberto Iglesias
Intérprete de “Volver”: Estrella Morente
Fotografía: José luis Alcaine
Montaje: Pepe Salcedo

REPARTO
Penélope Cruz: Raimunda
Carmen Maura: Abuela Irene
Chus Lampreave: Tía Paula
Lola Dueñas: Sole
Blanca Portillo: Agustina
Yohana Cobo: Paula
Yolanda Ramos: Presentadora de TV
Pilar Castro: Ayudante de la presentadora
Antonio de la Torre: Marido de Raimunda “Paco”
Carmen Machi: Hermana rubia de Agustina
María Isabel Díaz: Regina

BIBLIOGRAFIA

• Stam, Robert – Burgoyne, Robert – Flitterman-Lewis, Sandy; “Nuevos conceptos de la teoría del cine”. Ed. Paidós Ibérica, 1999.

• Tirard, Laurent. “Lecciones de cine”. Ed. Paidós, España, 2003.
• Martin, Marcel. “El lenguaje del cine”. Ed. Gedisa, Barcelona, 1992.
• Casetti, Franceso y Di Chio Federico. “Como analizar un film”. Ed. Paidós. Barcelona, 1991
• www.clubcultura.com

Por: María Celeste Vigna

Consignas:

· 1) Analizar el código icónico (elementos fílmicos y pre-fílmicos), y el código sonoro de un fragmento de la película elegida, en este caso Drácula de Francis Ford Copolla.

· 2) Analizar a los personajes de “Las horas”, considerándolos como personas, roles y actantes (3 protagonistas).

· 3) Elaborar una valoración crítica de “Las horas” que incluya, los aspectos narrativos, temáticos y formales.

Análisis:
Marcel Martín explica en “El lenguaje del cine”: “(…) el sentido de las imágenes puede ser discutido, del mismo modo que el de las palabras, hasta se puede decir que en cada película hay tantas interpretaciones como espectadores”. El sentido de las imágenes, depende no sólo del contexto fílmico que le otorga el montaje, sino que también, se debe tener en cuenta al contexto mental de cada uno de los espectadores, debido a que cada persona reacciona de diferentes maneras, según sus competencias lingüísticas, psicológicas y culturales.

Más allá de los conocimientos que se pueden adquirir luego de la lectura y comprensión de la bibliografía, existe la posibilidad de sacar conclusiones propias, siempre y cuando sean correctamente argumentadas. Por lo tanto, se realizarán comentarios que argumenten de manera adecuada la posición crítica que se utilizará para realizar este trabajo académico, y por ello se tendrá un sustento teórico que funcione como apoyatura.

Para analizar una pieza cinematográfica o un fragmento de ella, no hay que olvidar que los film son construcciones subjetivas del o los realizadores. El cine nos da de la realidad una imagen artística, y por ello se lo considera no realista. Mediante determinadas selecciones y ordenamientos se puede expresar lo que el realizador pretende.

1) Se pasarán a explicar los códigos visuales y sonoros, y para esto se utilizará el libro “El lenguaje del cine”, de Marcel Martín y “Cómo analizar un film”, de Casetti. La película seleccionada es Drácula, de Francis Ford Copolla, y el fragmento es la escena final donde Drácula muere en los brazos de Mina.

Código visual:

Elementos fílmicos:
-Encuadres: organizan los cuadros en base a un recorte de la realidad que se quiere representar. Estos son:
*Los planos: o distancias desde la que se hace un recorte.

Primeros: cuando Mina comienza a hablarle al conde hacen un primerísimo primer plano, del mentón a la coronilla. Comienzan a meterse en el sufrimiento de ella, tratan de llegar más a sus pensamientos. Se acompaña con un ángulo levemente contrapicado, muestra que ella se encuentra en un estado superior a su amado, ella es la que trata de consolarlo. También se nota otro plano de este estilo cuando se besan, y cuando él rejuvenece y le iluminan la mirada.
Un primer plano, se distingue cuando se enfoca la cara de él luego de besar a Mina, el plano es más amplio que el primerísimo, la cámara se sitúa cerca para mostrar su agonía y su rostro anciano y sangrante.
Se puede distinguir uno que se podría considerar plano detalle, cuando se visualiza la espada clavada por detrás del pecho de Drácula. Es el plano más cercano que hay en este fragmento

Medios: en el momento en que ella se sitúa al lado de él antes de que muera, se visualiza un plano estándar, que es aproximadamente a la cintura de ambos. Y cuando Mina está parada junto a él luego de clavarle la espada.
Un plano medio corto se distingue cuando ella se toca la frente y se le esfuma la marca que llevaba.

Generales: en la parte que el agoniza y Mina lo acompaña al lado, este plano lo hace ver como una victima, lo acompaña un ángulo supino.

*Los ángulos: o alturas de cámara.

Picado (45º hacia abajo): en la parte dónde se los muestra tirados en el piso y él está agonizando. Los presenta indefensos, los achica y demuestra que Drácula ya no tienen poder. El encuadre aquí es asimétrico, y denota el orden antinatural en que se encontraban. Además se puede ver otro picado cuando él muere y se lo enfoca desde arriba para mostrarlo desamparado.
Otra parte donde se distingue un picado, es cuando se los toma a los dos casi igual que en la toma descripta anteriormente, la diferencia es que ahora todo está iluminado.

Frontal (90º hacia delante), se lo puede distinguir cuando se besan, se encuentran casi en un mismo nivel, el amor los iguala y acerca.

Contrapicado (45º hacia arriba) En el momento en que se acerca la cruz, la engrandece, junto con la iluminación y el plano medio.

Supino (90º hacia arriba): se encuentra el punto de vista objetivo, apenas comienza el fragmento, donde se ve la cúpula de la catedral con la pintura de ellos. Hace sentir al espectador la grandeza de éstos personajes, más allá de todo lo que están pasando y nos sitúa en el lugar, funciona como recordatorio.
Hacia el final se produce una subjetiva de Mina cuando mira la cúpula.

-Movimientos de cámara:
*Travelling: hacia adelante, cuando la cruz se comienza a acercar. También hacia delante, cuando la cámara se acerca a un Drácula que volvió a tener la fisonomía más joven y se ilumina. Y cuando está tirado con el puñal clavado.
Un travelling hacia abajo y adelante, se da cuando luego de cortarle la cabeza a su amor, Mina mira hacia la cúpula.
Uno hacia atrás y abajo se da cuando se muestra la subjetiva de Mina hacia la cúpula.
Por otro lado se puede observar uno lateral y levemente hacia abajo y luego hacia arriba, cuando ella lo besa y el acaba de morir, con el rostro joven.

-Montaje: Predomina el montaje metafórico, poético y rítmico.

-Enlaces y trancisiones: Se dan cambios de plano por corte seco, ya que de manera brusca se sustituye una imagen por otra.

-Metáforas: se puede encontrar una cuando luego de morir el conde, se cierra el centro de la cruz, que él en una de las primeras escenas clava con una espada por que no cree más en Dios. Esto puede simbolizar el corazón de Jesús, y la culminación de tanto sufrimiento.

Elementos pre-fílmicos:
-Iluminación: Suave, proviene un leve resplandor desde el exterior, que produce sombras al chocar con el altar, y dejan más visibles a los personajes. Crea una atmósfera que ayuda a interpretar el desenlace, denota tristeza, dolor y angustia. Cabe aclarar que la luz no es natural, eso permite jugar y tener más libertad para impregnar significados.
En la parte en que se dan un beso quedan sólo sus rostros iluminados, otorga acercamiento y dramatismo.
Cuando finalmente Drácula muere, su cara y el espacio se ilumina, esto da a entender que ya no hay más sufrimiento, y se produce una liberación. También ocurre esto cuando Mina mira hacia la cruz y se refleja un destello de luz en su rostro.

-Vestuario: El vestuario contribuye a caracterizar y definir a los personajes. Denota entre otras cosas a su status social y su contexto socio-histórico. En el caso de Drácula lleva un traje color dorado y pomposo, que simboliza su superioridad, “es el conde”. Y también simboliza que un ser como él no puede morir de otra manera.

-Decorado: De época, es el mismo que el de la primera escena dónde Elizabeta muere. Es interior, está realizado en un estudio, no es natural, es expresionista, con fuerte influencia del romanticismo. Se lo utiliza para agregar dramatismo.

-Color: Oscuros, prevalecen los tonos tenues y sigue sobresaliendo el rojo de la sangre. Tiene una función puramente estética.

-Desempeño actoral: Ambos actores trabaja de manera hierática, ya que representan a una historia sobre humana.

Código sonoro:
Voces:

*In: “Él me ha abandonado este es el fin”, la voz procede de Drácula quien esta encuadrado. Así con una voz particular, muestra su sufrimiento y da carácter al personaje. Mina también participa con voz in, cuando dice “mi amor”, ya que está dentro del encuadre cuando habla y se la puede ver.

*Off: Se escucha la voz de Mina, “Ahí, en presencia de Dios (…)”. Se la ve pero pasa a ser la narradora, esto se utiliza para ayudar a cerrar la historia.

Ruido:

*In: Cuando se prenden las luces se escucha un leve ruido de éstas, cuando la cruz se dirige hacia delante, también se percibe un ligero ruido, son los dos fuentes diegéticas y encuadradas. Se puede agregar el de la espada clavada sobre el pecho de Drácula, que tiene las mismas características que los anteriores ruidos.

Música:

*Over: Acompaña al fragmento en todo momento, es no diegético porque no pertenece a la historia, sino que se utiliza para crear un clima, y sólo la escucha el espectador.

2) Análisis de los personajes de “Las horas”: Para realizar este punto se utilizará “Cómo analizar un film”, de Casetti.
La narración es un encadenamiento de situaciones, en la que tienen lugar acontecimientos, y operan personajes en ambientes específicos. Para distinguir entre personajes y ambientes, se deben definir a los “existentes”, que son aquellos seres o situaciones que tengan lugar en la historia.

-El ambiente, sólo acompaña de telón de fondo, no tiene peso dramático.
-El personaje, tiene peso en la historia y se le da un nombre. Puede ser una persona (Carrie), un animal (la ballena Willi) o una catástrofe (Twister), por ejemplo.

Virginia:
-Personaje: Tiene una contextura delgada, escuálida, es blanca de cabellos castaños y ojos claros.
Es dinámica, cambia de parecer constantemente, su estado lo amerita, no está bien de la cabeza, sufre alucinaciones, tiene visiones y lo potencia drogándose con marihuana.
Es escritora, pero perturbada por su problema mental.

-Rol: Encara un personaje activo, autónomo, modificador, y protagonista. Se la podría considerar como la típica obsesiva y depresiva, que vive en su propio mundo y presenta una insatisfacción vital. También se la puede considerar como la típica poeta “loca”.

-Actante: Ella como sujeto, busca a su objeto final que es la liberación, la cual la conseguirá a través del suicidio. Se la puede considerar como destinadora y destinataria, a la vez, porque se mata a ella misma. Como oponente, se podría nombrar a su marido, quien trata constantemente que no se suicide, pero de manera ambigua, se lo podría considerar ayudante, aunque en menor medida.

Laura:
-Personaje: De contextura normal, morocha, en una parte de la película está embarazada, y luego se la ve anciana.
En el comienzo de la película es totalmente estática, debido a que presenta estabilidad, pero sólo en apariencia, ya que es infeliz con su vida. Presenta una conducta lésbica, se enamora de su vecina.

-Rol: Es un personaje pasivo en primera instancia, y cuando transcurre la película toma una posición más activa, sale de su represión, de la mejor manera que encuentra: abandona a su familia. Es la típica ama de casa reprimida e infeliz que presenta una insatisfacción afectiva. Por otra parte, para conservar el orden en su familia, resultó ser un personaje conservador, aunque luego cuando produce el abandono, toma una posición más modificadora, hizo algo para cambiar la situación en que ella se encontraba. Y a su vez modificó, la historia de su familia. Para Laura resultó ser una acción en cierto sentido de mejoría, y para su familia, de degradación. Es protagonista.

-Actante: Laura es el sujeto, que busca a la liberación, que es su objeto. La cual primero cree que la conseguirá si se suicida. Luego trata de conseguirla mediante el abandono que ejerce a su familia. Es también destinadora y destinataria, actúa para beneficio de ella. Se pueden considerar oponentes “indirectos” a sus hijos, que tal vez sea lo único que la hizo dudar de no irse, aunque luego se fue, y éstos ya no funcionaron como oponentes.

Clarissa:
-Personaje: De contextura normal, rubia, de ojos marrones y tez blanca. Es dinámica, durante el film presenta varios cambios, sobre todo en sus actitudes y estados de ánimo. Es lesbiana, vive su relación, pero no es completamente feliz.

-Rol: Típica mujer moderna independiente y superada, pero sólo en apariencia, debido a que posee una gran falencia afectiva. Es un personaje activo con respecto a sus actitudes que tiene con los demás. Sobre todo en la ayuda que le presta a Richard, aunque ésta ya no le resulte de utilidad, por tener una enfermedad avanzada que lo consumió. Hacia el final tiene una actitud modificadora con respecto a su punto de vista acerca de la vida. También se modifica su actitud con respecto a la madre de Richard, se puede decir, que la perdona. También es protagonista.

-Actante: El sujeto es Clarissa, y su objeto será la liberación. Sólo la consigue cuando muere Richard y cierra la historia con Laura. Es destinadora y destinataria, al igual que las anteriores. Su oponente y ayuda fue simultáneamente Richard, es por él que Clarissa no podía vivir plenamente, y es por él que encuentra la liberación.

3) Valoración crítica de “Las horas”: La bibliografía de apoyo será, “Cómo analizar un film”, de Casetti y “El lenguaje del cine”, de Marcel Martín.

Desde su título, la película transmite mucho, las horas que Virginia valoró haber pasado con su compañero y que luego le pesaban, o las horas que Richard no quería contar más, son las mismas que molestaban a Laura y Clarissa, aunque en una posición opresiva no lo querían admitir.

El argumento de “Las horas” constituya uno de los fuertes significativos, presenta a tres historias que se conectan en tres épocas distintas, con tres mujeres diferentes, pero que en definitiva tienen muchas cosas en común. La línea de fuerza o tema, es: “la insatisfacción humana”, y nos demuestra que hay sentimientos atemporales que les son propios al ser humano, más allá de todo.

La diferencia de cada uno reside en cómo resolver los problemas, Virginia y Richard, se suicidan, Laura abandona a su familia y Clarissa recupera la paz, luego de la muerte de Richard y del diálogo que mantiene con la madre de él. Otros temas secundarios son por ejemplo la sensibilidad del poeta, “el poeta morirá” que compartían Virginia y Richard. Y la incomprensión que existe entre las personas.

Otro punto importante es el uso de la música la cual funciona como hilo conductor entre las escenas, aporta dramatismo y otorga los diferentes climas por los que pasa la película. Al comienzo del film, por ejemplo, la música presenta una leve aceleración, que representa el comienzo de actividades de cada una luego del reposo. Sin lugar a dudas el montaje y los enlaces también son fundamentales, cuando se presenta a las tres cada una en su cama, o lavándose la cara, se muestran significados más profundos, comienza a surgir una conectividad entre los tres personajes. La escena en que Virginia escribe el libro, que luego Laura lee y Clarissa decide ir a comprar las flores ella misma, a muchos les puede resultar redundante, pero está hecha con un propósito: el de unirlas muy estrechamente.

Los contextos ayudan a explicar las historias de cada una, Virginia en un lugar que tiene mucho espacio al aire libre, siente una opresión que la asfixia. Laura vive en una casa americana muy arreglada, pero funciona como una prisión de la cual quiere salir. Y Clarissa aunque se encuentre en una época de más liberación, siente que eso no le sirve de nada.

“Las horas”, muestra la pluralidad del ser humano, y la diversidad de caminos que se pueden tomar, sin dejar de lado el respeto y comprensión que se debe tener hacia cada persona y sus elecciones.

Cine y vampirismo:

Deseo y transgresión en Drácula de Francis Ford Coppola (1992)

Por Mariel Ortolano

En relación con la experiencia del espectador cinematográfico, Pascal Quignard plantea una interesante observación que consideraremos como punto de partida de la presente reflexión sobre la vinculación entre el cine y el vampirismo, uno de los motivos más transitados por la ficción cinematográfica, en particular, a través de su figura más poderosa, la del conde Drácula en sus muchas versiones y transposiciones:

Conciente de la ilusión que implica el filme en tanto reflejo, en esta distancia amorosa que lo separa de la pantalla (de la ficción cinematográfica), el espectador olvida y recuerda al mismo tiempo su condición ficticia (como presencia fantasmática-ausencia vivida), una imagen del deseo que se vive del mismo modo que él, en tanto sujeto, se define por su deseo de lo que falta, como una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve .

La relativa pasividad del espectador y el momentáneo olvido de sí, ligado a cierta movilización psíquica, se manifiestan siempre que el cine presenta motivos de identificación sobre los cuales el sujeto-espectador proyecta sus propios contenidos psíquicos. Esta movilización es notoria si se considera la repercusión popular del subgénero del terror con su galería de monstruos temibles y queribles. Pero esta fascinación alcanza una expresión notable cuando la ficción presenta, de entre todos los monstruos posibles, la hipnótica figura del vampiro. La dialéctica de la atracción y la repulsión, del amor y del odio que remiten a la concepción freudiana eros-tánatos (el impulso de muerte como contrapartida inconsciente de la libido) encuentra en la pareja vampiro- vampirizado su matiz macabramente erótico; deseo de muerte velado por la ilusión como engaño, invasión subrepticia, disfrazada: la infección de los muertos que usurpan el elemento nutricio de la vida, la sangre, sin que la víctima lo advierta, en un intento de subvertir la ley de la finitud. Metáfora quizás de la dialéctica de los vínculos humanos en que la vida de cada uno queda absorbida en la vida del otro, en una gradual simbiosis según la cual la individualidad se disuelve y las partes en juego demuestran una virtual anemia psíquica y el aislamiento de todo otro vínculo por fuera de la férrea sujeción a la unión vampírica. Pasión o esclavitud culturalmente celebradas en la tradición del melodrama romántico, en la novela gótica y también, por supuesto, tanto en los versos de la lírica de tradición literaria como en las más cercanas manifestaciones de canción popular y del melodrama televisivo.

Igualmente preso de esta fascinación, absorbido por el hechizo de la ficción, el espectador en su identificación temerá y amará en el vampiro sus propias tendencias a la posesión fatal de un objeto de deseo siempre inalcanzable, siempre retaceado, el deseo irrenunciable de vivir de manera vicaria una pasión que siempre retorna, más allá de los límites del bien y del mal.

Tras una larga historia de versiones sobre la figura del vampiro, Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola será el centro de la analogía que proponemos entre cine y vampirismo. Coppola construye una película que transpone la historia del vampiro Drácula según la novela del escritor irlandés Bram Stoker; su visión personal enriquece la larga fila de transposiciones cinematográficas sobre el personaje y sobre otros desdichados seres de la noche, ya que su versión se centra en una gran metáfora: el vampiro como objeto del deseo, concebido como objeto doblemente imposible: por su condicional ficcional en principio y por su naturaleza ilusoria dentro del universo diegético. Como muerto vivo, el vampiro es doblemente ausente, como personaje y como reflejo; presencia –ausencia que caracteriza también a la imagen cinematográfica. La fascinación hipnótica que ejerce Drácula sobre sus víctimas se asocia en la visión del Coppola al deseo que reúne al espectador con el cine.

La sombra del vampiro: el mito de Drácula en la literatura y en el cine.

El arte, la literatura, el cine, han creado monstruos que metaforizan, en términos jungianos, la sombra de cada ser humano; sombra entendida como la instancia psíquica que es portadora de los aspectos reprimidos por la conciencia individual, pero que en su raíz más profunda remiten a arquetipos universales, aquellos que forman parte del inconsciente colectivo. Cada cultura ha creado sus propios monstruos: fantasmas, ogros, brujas, hadas. De entre todas estas variantes, el mito del muerto vivo, el vampiro, entidad cuya fuente se remonta a las antiguas leyendas de la zona de los Balcanes, parece mantener vigente toda su potencia a la luz de las permanentes reelaboraciones del mito por parte de literatos, cineastas y artistas de la imagen.

En las tierras de Europa Oriental eran frecuentes los casos de sugestión colectiva que fortalecieron la creencia de que ciertos seres podían sobrevivir a su muerte de manera parcial, que salían de sus tumbas y deambulaban por la noche para contaminar el alma y los cuerpos de la gente. Las consecuencias en que derivó esta costumbre llamaron la atención incluso de autoridades civiles y religiosas que debieron poner límites a la tendencia popular a profanar tumbas para aplicar el consabido ritual de clavar una estaca en el corazón del muerto y cortarle la cabeza a modo de exorcismo. Las plagas y pestes tan comunes en la Edad Media pueden haber movilizado la creencia supersticiosa en la incidencia de agentes malignos que mordían a sus víctimas para usurpar su vitalidad. La tradición fue asociando al vampiro, animal alado que se alimenta de sangre y participa de la naturaleza del roedor, causante de otras plagas, a la figura sobrenatural del muerto que sobrevive succionando la sangre de los vivos.

La leyenda se vinculó en la zona de Hungría a la figura histórica de un príncipe valaco llamado Vlad Draculea, hijo de Vlad Dracul, de la Orden del Dragón, también conocido como Vlad, el Empalador . Su extrema crueldad para con sus enemigos políticos, como también hacia sus súbditos, provocó el terror de su pueblo y la posterior asociación de su figura a la del hombre vampiro. Su lucha a favor de la cristiandad contra los turcos, que ya amenazaban con destruir las bases del Imperio Romano de Oriente a fines del siglo XV, es retomada en algunas de las versiones literarias y cinematográficas de Drácula.

El personaje literario surge sin duda con la novela Drácula, publicada en 1897, por el irlandés Bram Stoker (1847-1912), quien se inspiró en un caso aparentemente “real” de vampirismo que llegó a sus oídos, acaecido en su país (en el que también la costumbre de desenterrar muertos para exorcizar su vampirismo era costumbre) y, además, en una fuente literaria anterior llamada El capitán vampiro, jamás reeditada desde su publicación en 1878.

La novela de Stoker inspiró otros relatos sobre vampirismo, en particular, versiones cinematográficas en casi todos los idiomas. La primera y muy significativa fue Nosferatu (1922) dirigida por Friedrich Mürnau, una de las obras cumbre del expresionismo alemán en cinematografía. La elección del actor Max Shrek, de fisonomía particularmente extraña, que encarnó a Nosferatu, fue uno de los hallazgos de la película. Si bien Mürnau se propuso llevar al cine la novela de Stoker, los derechos de autor que hubieran correspondido a su viuda, lo llevaron a desistir de darle el título Drácula a la película que finalmente llevó el título Nosferatu, una de las denominaciones que el hombre- vampiro recibe según la leyenda balcánica y que el mismo Stoker menciona en su novela. La versión de Mürnau, con su típica atmósfera expresionista de potentes claroscuros y la sobreactuación acorde a la estética del momento, es fuente de homenajes constantes en la historia del cine contemporáneo. La versión del alemán Werner Herzog (1979) con Klaus Kinski, Isabelle Adjani y Bruno Ganz en los roles centrales, es extremadamente fiel a la visión de Mürnau. En la reelaboración que realiza Francis F. Coppola en 1992, se reconoce el homenaje a Nosferatu, en la secuencia del viaje de Drácula desde Transilvania hasta Londres y en el concepto abiertamente expresionista de los códigos de actuación y de concepción del espacio.

Las otras versiones significativas remiten a la película de Tod Browning (1931) con el célebre Bela Lugosi como el conde Drácula. La iconografía del personaje en este caso se torna naturalista, respondiendo al gusto del público norteamericano e inaugurando además, una concepción diferente del personaje. A partir de esta versión, la figura del conde no se concibe como repulsiva; Lugosi encarna un Drácula elegante, misterioso, fascinador; seduce a sus víctimas y éstas consienten en ser vampirizadas. Esta idea se enfatiza en las versiones posteriores: la connotación sexual de la vampirización es un tema que se desarrolla más abiertamente en las versiones de Terence Fischer (1958) con Christopher Lee y Peter Cushing y en Bram Stoker ’s Drácula de Coppola de 1992.

La atmósfera victoriana en la que Stoker concibió su historia no habilitaba la menor referencia a la posible atracción que el maligno conde pudiese generar sobre sus víctimas; sin embargo, ya en la concepción del personaje de Lucy, la liberal y aristocrática amiga de la casta maestra de escuela Minna Murray, el propio Stoker sugiere que la propensión a ser vampirizada residía en la osadía del personaje y en su liberalidad en relación con los hombres.

Bram Stoker’s Drácula de Francis Ford Coppola (1992)

Cuando f. F. Coppola realizó su Bram Stoker’ s Dracula en 1992, formuló varias opciones audaces en relación con las versiones anteriores y también en relación con el texto original, tanto desde un punto de vista narrativo como estético.

Dos aspectos destacan a esta versión de las anteriores: el primero se centra en la mayor cantidad de referencias sexuales vinculadas a la idea de la posesión vampírica. El segundo, y mucho más importante, se refiere a la inclusión en la apertura de la película de una protohistoria en la que se rescata la figura del príncipe Vlad, pero, esta vez, convertido en un antihéroe romántico: un paladín de la cristiandad que padece la pérdida de su amada, quien se suicida al creerlo muerto. Un sacerdote, significativamente encarnado por el mismo actor que encarnará posteriormente al Dr Van Helsing, decreta su condena eterna en nombre de la Iglesia. El príncipe se siente traicionado por Dios, por cuya Iglesia ha luchado. El dolor por la injusticia atribuida a la ley divina provoca la rebelión que lo lleva a profanar la sangre de Cristo (que mana del crucifijo, de los cálices y las velas sobre el altar, ante las blasfemias del príncipe), para obtener espúreamente la inmortalidad.

De este modo, la versión del guionista James Hart relativiza el maniqueísmo de las versiones anteriores y de la propia novela de Stoker, según las cuales, la típica distinción occidental entre las fuerzas del bien y del mal, sus principios rectores y la condición de sus adherentes, no presenta ambigüedad alguna. En aquellas versiones, que reiteran la visión victoriana propia del contexto de Stoker, el Doctor Van Helsing, médico y estudioso de la teología, es el encargado de reordenar el mundo natural trastocado por la presencia del mal encarnado en Drácula. Una vez eliminado el mal, el orden vuelve a la vida de los buenos y la justicia impera. En la versión de Coppola, en cambio, hay una razón que justifica la irrupción del mal en el alma del conde: la imposibilidad de aceptar la muerte del amor y la vivencia de la Ley religiosa como la traición de una divinidad ciega a su devoción. Dado que hay una razón para la elección del sendero del mal, en el guión de James Hart y Francis Coppola, también hay redención posible, en este caso, representada en la figura salvadora de la mujer amada, que reencarna para liberar al príncipe del mal que padece y hace padecer. Por otra parte, la imagen de los buenos dista de ser lineal; el Dr. Van Helsing, en especial, encarnado por Anthony Hopkins, revela un temperamento extremista, indiscreto e impiadoso; un científico del siglo XIX que remite en el universo ficcional a aquel sacerdote del siglo XV que excomulga sin piedad a Elizabetha, la prometida del príncipe Vlad .

La herencia del Gótico: exceso y transgresión

La condición trágica de los personajes no excluye el tratamiento paródico de algunos caracteres, que se conciben en su faceta bestial a la vez que en su faceta humana. En su condición de vampiro, el personaje Drácula es grotesco ya desde la concepción del vestuario y del maquillaje, que pueden considerarse para- realistas, ya que sugieren su pasada condición de noble rumano a la vez que significan sus atributos paranormales y su conexión con el mundo primitivo de las bestias. Sin embargo, el personaje se humaniza (y embellece) cuando encarna nuevamente al feroz pero apasionado príncipe Vlad; Renfield, el agente inmobiliario que precedió a Jonathan en sus negocios con Drácula, revela un costado patético que acentúa la actuación de Tom Waist, con su voz áspera y su figura distorsionada por encuadres anómalos que lo convierten en una versión expresionista del burgués pensado por Stoker. Si el humor por momentos surge del propio conde Drácula (el cliché de la risa maligna está deliberadamente ligado al estereotipo del género) se hace más evidente en Van Helsing, personaje fundamental que encarna Anthony Hopkins con un desconcertante entusiasmo y una actitud imprevisible.

La deformidad de los caracteres propia del concepto humorístico del grotesco es un rasgo que caracterizó también la estética del Gótico, la corriente que se inicia con las novelas sensacionalistas del siglo XVIII y se perpetúa en la fértil narrativa inglesa del siglo XIX. Pero el Gótico fue y es, además, un estado del ser: la preferencia por el paisaje nocturno, las casas fantasmales, las presencias monstruosas o extrañas, las doncellas perseguidas por fuerzas sobrenaturales, la posesión psicológica y espiritual, la obsesividad de amores teñidos por la fatalidad y la prohibición, la posesión, las metamorfosis, no son sólo los componentes de un espacio literario de fantasía y evasión: son la expresión de un exceso en el contexto cientificista y pacato de la próspera era victoriana.

A través del Gótico, en tal sentido, la mujer puede imponer su entidad como autora y protagonista de la ficción literaria; su voz irrumpe en un universo patriarcal por medio de un género que convierte en lícita la transgresión (la subversión de lo natural por lo sobrenatural, de la razón por la irracionalidad, de lo sublime por lo deforme) . La locura, los estados alterados de la mente, la marginalidad de los outsiders, alteran la tranquilidad de la cómoda burguesía que experimenta ya los avances técnicos y el progreso comercial que acarreó la Revolución Industrial; el exceso gótico implica la disrupción de las reglas de lo natural al mismo tiempo que esas leyes de la ciencia se instalan por primera vez en la historia de occidente, avalando su independencia del vago naturalismo que caracterizó la actividad científica del período anterior. Sin embargo, a través de corrientes subterráneas, los instintos reprimidos se rebelan y retornan para vengarse: como contrapartida al orden social regido por leyes científicas, la literatura permite a los monstruos mostrarse y demostrar al ordenado mundo científico que siguen vivos en el alma del hombre .

El gótico es transgresión y también es exceso (el grotesco, que es su recurso, lleva lo temible al límite de lo ridículo), pero en definitiva es la imposición violenta y subrepticia de un deseo que no acepta límites, que busca destronar toda ley que ordene el universo: la ciencia en el orden natural; la ley de Dios en el plano sobrenatural.

La transgresión vampírica: deseo y destrucción.

El vampirismo, que se vincula estrechamente con el cine, se introduce como la metáfora exacta para expresar el desorden y la potencia del deseo en su circulación entre la pantalla y el espectador. El vampiro se convierte en el más atractivo de todos los monstruos, ya que refleja la necesidad del público de ser hipnotizado, de ser fascinado por el film-vampiro, que anula momentáneamente toda conciencia de separación, toda individualidad, toda libertad que obligue al crecimiento y al abandono de la matriz simbiótica de la dependencia; el vampirismo, como el cine, promueve una vida vicaria: es imposible no sucumbir a la fascinación que ejerce.

Coppola sitúa la acción del film en 1897, estableciendo así una triple contemporaneidad: la del mito que, con la repercusión de la novela de Stoker, encuentra un verosímil punto de partida ficticio; la del cine, con la invención del cinematógrafo y también con los primeros desarrollos de la hipnosis que anuncian ya los descubrimientos del psicoanálisis. A través de algunas secuencias que acentúan esta coincidencia cronológica, la película articula el mito original dentro del contexto de una analogía mayor: la vinculación entre vampirismo, deseo y cine.

La versión de Coppola expone lo que Stoker no formulaba más que implícitamente: la potencia devastadora del deseo, particularmente, del deseo femenino. Según el análisis de Roger Dadoun, el vampiro es una figura fálica, por la fascinación que ejerce (el trabajo de Dadoun remite al sentido etimológico del término); concibe entonces al vampiro como fetiche y fantasma ; sin embargo, su condición fálica no lo asocia solamente al principio masculino, sino, extensivamente, también al femenino. Según el autor:

Sólo es intrínsicamente seductor lo femenino: tal podría ser el secreto de las grandes novelas de seducción; se trata de darle a la potencia del deseo, su señuelo, un doble inofensivo .

En línea con las ideas citadas, el secreto de la atracción ejercida por el film, y también por el vampirismo en el cine, consiste en que la figura del vampiro combina los principios masculino y femenino. Eminentemente viril, sin embargo, pide prestados los atributos de la feminidad que se manifiestan en la suavidad con que limita sus ostentosas aristas de ferocidad para convertirse en el caballero ideal que sueña la tímida maestra victoriana. A esta ambivalencia se suma el matiz andrógino significado por las transformaciones múltiples del personaje (en lobo, en ratas); la fusión del hombre y la bestia que el personaje transita para reencontrarse con su amor perdido sugiere la ambivalencia del deseo de la propia Minna, la heroína interpretada por Winona Ryder, una joven que se escinde entre el deseo de seguir el camino sensato y conveniente y el deseo de ceder a sus propios fantasmas que autorizan la intrusión del vampiro (las tendencias en conflicto se metaforizan en la reunión de dos espacios: Transilvania e Inglaterra).

Como heroína romántica vivirá el conflicto entre su inclinación a casarse con Jonathan, el agradable joven que le inspira afecto y la pasión que despierta en ella el príncipe Vlad. Un indicio de este conflicto se anticipa en la escena en que la joven maestra descubre los grabados eróticos que ilustran la edición de Las Mil y una Noches durante una visita a la casa de su amiga Lucy; Coppola traza con pincelada gruesa la sensualidad agresiva de Lucy, que recibe a sus pretendientes con frases adornadas por metáforas evidentemente fálicas (el largo cuchillo de Quincey Morris, el juego de Lucy con las largas mangas de su traje y su cinturón). Minna observa cómo su amiga enciende libremente el deseo masculino, exhibiendo ante su mirada el poder que de ese modo ejerce sobre ellos.

Todo contribuye a crear la impresión de que el vampiro aparece como agente de la violación subrepticia de cuerpos y conciencias sometidos a un control disciplinario, una invasión a la que esos cuerpos responden con efusión en rebeldía (inconsciente) contra la opresión del orden establecido . El peligro es proporcional al deseo y la dimensión del deseo crece cuanto más alta es la ley que se transgrede (en esta historia, la ley divina).

El deseo como factor de disrupción del orden se expresa en imágenes potentes en la secuencia de la tempestad en el mar: las amigas se confiesan sus sentimientos en el jardín de la Lucy. Sentadas al borde de la fuente (una estatua entre las dos opera como eje del encuadre) sostienen un cuadro de perfecta simetría; los colores pastel en sus vestidos, en las flores y en el cielo connotan el orden y la tranquilidad con que transcurren sus días; mientras tanto, Drácula se embarca hacia Inglaterra dejando a Jonathan en su castillo en el que será esclavizado por sus mujeres-vampiro e irá en busca de Minna y de sus amigos. Se desata una tempestad en el mar y el encuadre se torna desordenado; en montaje alternado, se muestra cómo las fieras se descontrolan en el zoológico de Londres; Renfield, en su celda del hospicio, clama por la llegada de su amo y, en el jardín de Lucy, la caída de las primeras gotas indica el inicio del desorden que instaura la presencia del vampiro; las jóvenes corren por el jardín (la angulación anómala las muestra en un laberinto al capitalizar la disposición de los setos del típico jardín inglés) y sus actitudes, incluida alguna insinuación lésbica en el beso de las amigas, demuestran la liberación de su erotismo.

El vampiro y el cinematógrafo

La secuencia del encuentro entre Minna y el príncipe es particularmente interesante ya que contiene una propuesta inédita en relación con las otras versiones del mito de Drácula y plantea una relación casi ontológica entre vampirismo y cine.

Se trata de una secuencia concebida por varios montajes alternados que van desde la experiencia de Minna y el príncipe Vlad en la sala del cine, a la degradación del estado de Lucy ya poseída por Drácula y los avances de Van Helsing en su revelación de la presencia del vampiro y su movilización para destruirlo; a la vez, el poder de Drácula sobre los seres irracionales abarca los delirios de Renfield y la liberación de un lobo que escapa del zoológico (según la antigua creencia del folklore esloveno, las ratas y los lobos se someten al vampiro). La secuencia se abre con un iris (apertura circular) sobre las calles de Londres en 1897. La sucesión de las imágenes imita la velocidad de edición propia de las primeras películas mudas; el ruido repetitivo del aparato se superpone desde la banda sonora con voces lejanas y apagadas, en el intento de reproducir las imperfecciones técnicas de los primeros ensayos de cine sonoro: lo importante es destacar aquí el paralelo simbólico entre el inicio del cine y el inicio de la relación vampírica.
Con su traje azul (ya no es el rojo de su condición sobrenatural y parásita el color que lo significa, sino el azul de la pureza de Minna), el principe Vlad se mezcla entre la multitud sin ser advertido: con su adquirida apariencia de caballero puede invadir sin ser notado ese espacio de lo natural, inocular su presencia ahora refinada mientras el desfile de las bestias que se ven en la pantalla recuerdan su condición primitiva y brutal. Cada plano sobre Minna se encuadra desde la subjetiva omnisciente del príncipe que controla desde su ubicuidad a ese universo de lo real que viene a trastocar.
Las reservas de Minna ceden ante el reencuentro significado por el motivo musical del arpa y los violines (las lágrimas de la suicida princesa Elizabetta). Desde entonces, la hipnosis (impulso escópico, seducción, deseo) es el factor simbólico que reúne analógicamente al vampiro y al cine. Minna intenta en vano desviar el curso del poder del príncipe sobre su voluntad: – ¿Quién eres?, le pregunta, pero la ubicuidad del vampiro remite otra vez a la ubicuidad como condición de la cámara. El príncipe entonces propone a la joven asistir a “esa maravilla del mundo civilizado: el cinematógrafo”, a través de la cual él se introduce como fantasma en la mente de la casta maestra victoriana.

El espectáculo cinematográfico se abre sobre una doble pantalla delante de la cual se distinguen las figuras de los espectadores en una sala oscurecida y se escuchan sus sus risas ante la imagen de un hombre escoltado por dos mujeres que insinúan su cuerpo. El ingenuo erotismo de las imágenes sitúa a Minna y al príncipe en otro aspecto de lo primitivo del deseo (la representación sobre la pantalla como proyección del deseo reprimido).
Por su ubicación dentro de la estructura narrativa, estas escenas revelan que el cine de los primeros tiempos no tuvo sólo la vocación de mostrar el mundo, sino también de penetrar el secreto de la intimidad, una intimidad que se comparte con el espectador en la oscuridad de la sala. Conciente de esta intimidad, Minna busca abandonar el lugar, reacción que también había demostrado antes al descubrir sin querer los grabados eróticos del libro de su amiga, en un impulso de atracción y rechazo (repulsión del deseo).
La proyección de cortometrajes sobre la pantalla, desde La llegada del tren a la estación de los hermanos Lumière, famosa como hito inaugural de la historia del cine, hasta los censurados cortos ingenuamente eróticos de las primeras décadas, opera como telón de fondo a los diálogos de Minna con el Príncipe Vlad y da cuenta de la ambivalencia de su relación, pero también establece un paralelo entre la relación vampírica y el deseo que reúne al cine con su espectador. La analogía se establece partir de la imagen de la fascinación y de la hipnosis: el príncipe-Drácula de pronto abandona la cortesía con que sedujo a Minna, la arrastra hacia un rincón más oscuro de la sala y la hipnotiza, con la complicidad de las imágenes proyectadas sobre la pantalla.
No se trata aquí de la hipnosis entendida en términos frankfurteanos como distracción o dispersión de la conciencia social, sino de la inclinación psicológica del sujeto- espectador que se rinde a su deseo, como aquel o aquella que se entregan a una unión que succiona, fatal e inevitablemente, la conciencia de la separación: la entrega a la fascinación del cine sería, entonces, desde una óptica psicoanalítica, un modo de retorno a la seguridad de la infancia, que anula todo sentido de diferenciación y de soledad .
Esta larga secuencia demuestra la vinculación que Coppola plantea entre vampirismo, deseo y cine. Minna rechaza el abrazo poderoso del príncipe, mientras en la pantalla el pecho desnudo de una mujer se devela y la entrada de un lobo escapado del zoológico cruza lateralmente el espacio escénico entre los personajes y la imagen en movimiento. En este plan especular, Drácula pronuncia palabras indescifrables (que sin embargo Minna reconoce) mientras la mujer en la pantalla se aleja en profundidad de campo (el fantasma que invita a ser seguido); el deseo fatal de morder (succión) se reprime ante el miedo de la joven y se transmuta cuando el príncipe hace que el lobo se someta a la ternura de Minna que acaricia su lomo con sus guantes de cuero . Como en un teatro de sombras, se desarman las figuras de los soldados empalados, reminiscencia de la batalla del príncipe contra los turcos; el hombre feroz se diluye frente al poder del amor- sublimación del deseo.

Pero la suavidad que representa su actitud hacia Minna muta bruscamente en la más brutal ferocidad cuando ella decide optar por Jonathan (ella, en definitiva, es su posesión). Despliega entonces una crueldad de intensidad similar a la de su pasión. La secuencia del matrimonio en Rumania es paradigmática en este sentido: al dolor del príncipe sigue la repentina transmutación en bestia, que venga sus instintos heridos devorando definitivamente la vida de Lucy (el doble carnal de Minna). El montaje paralelo plantea un contraste sobre el final de la secuencia en que los flamantes esposos se besan, mientras en Inglaterra el ataque final de Drácula inunda con su sangre la habitación de Lucy.

Cada mordida -succión es filmada como una unión sexual en sus matices de deseo y sufrimiento, de éxtasis y agonía. Coppola concibe este motivo desde la idea psicoanalítica del goce; el director plantea claramente la ambivalencia entre uno y otro, la imagen de los rostros revela dolor y placer al mismo tiempo tanto en la posesión de Lucy por Drácula transmutado en lobo y como en el asalto de los tres súcubos a Jonathan en su lecho. Cuando finalmente Minna cede al deseo de morder y ser mordida (analogía de la unión sexual), acepta el ingreso en la eterna vida-muerte (eros-tánatos) que el vampiro le ofrece, pero suscribe igualmente a la mentira, a la ilusión (a la ficción, como el espectador en su identificación). En el final, lo liberará de su condenación eterna, mata su deseo y el propio (el fin de la historia es el fin para el espectador de la imagen del deseo que proyecta). El final romántico remite a la visión redentora de la mujer que se sacrifica por el hombre que ama, sacrificando a la vez su deseo.

Bram’s Stoker Dracula: deseo y sacrilegio

Coppola construye una versión de la historia de Stoker en la que el vampiro es objeto de deseo , una versión en la que la mujer es sujeto deseante de un objeto doblemente imposible, por ilusión sobre la que descansa la existencia del vampiro y por su condición de muerto- vivo en apariencia; es doblemente ausente, como personaje y como reflejo (a esta entidad contribuye el mito que afirma la imposibilidad del vampiro de reflejarse en los espejos).
Ahora bien, el vampiro es deseable porque es ilegítimo (acceder a él, aceptarlo, implica transgredir una prohibición, elegirlo significa oponerse a las leyes naturales) y permite al deseo ejercer su máxima potencialidad de destrucción: es acceder al sacrilegio . Estas nociones están presentes en las primeras tomas de la película: la cúpula de la Iglesia bizantina en encuadre inclinado connota la anomalía, mientras la bruma (la amenaza) cubre la cruz; el fondo rojo connota la sangre derramada en la guerra (cae Constantinopla en poder de los Turcos), la cruz tomada en ángulo cenital cae desde lo alto de la cúpula y se destruye por completo; signos que anticipan el derrocamiento de la Cristiandad y, una vez avanzada la apertura del filme, se materializan en la trama con la abjuración del príncipe Vlad, que profana la sangre que brota de los símbolos sagrados (cruz, cálices, velas) para obtener vicariamente la inmortalidad, una vida que se prolongará para vengar la traición divina en pos del deseo del reencuentro con su amada.
Coppola nos da experimentar la melancolía incurable de un deseo sin final que se expresa en el doble signo de la ficción y de la naturaleza ilusoria de su personaje principal. Bram Stoker’ s Dracula propone la intermediación de la figura vampírica para explicar la unión profunda entre el mito y el cine, vinculando la insaciable condición del vampiro a la mirada hipnótica del espectador que alimenta su goce .

Bibliografía

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Stoker, B. Drácula. Buenos Aires, Andrómeda, 2003.

“Lucrecia Martel: análisis de sus películas”

Monografía: Lucrecia Martel

“El extraño mundo de Lucrecia”

Introducción:

El presente trabajo consistirá en un análisis de las películas de la realizadora cinematográfica de nacionalidad argentina, Lucrecia Martel:
“La ciénaga (2000), La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008)”.

Para realizar la monografía se tendrá en cuenta la bibliografía sugerida por la cátedra, así como también los textos obtenidos de Internet provenientes de fuentes confiables. Además se cree de suma importancia la visualización conciente y exhaustiva de las piezas cinematográficas, para facilitar un análisis en profundidad.

Para hablar acerca de los trabajos de Lucrecia Martel, es necesario comenzar por mencionar las características y referentes del nuevo cine argentino, en donde se la puede situar a ella. Su génesis se remonta a los experimentos visuales de fines de los ‘60 y principios de los ‘70. Sobre todo de la Nouvelle Vague o Nueva Ola, el grupo de jóvenes cineastas franceses que se mantuvieron al margen de las corrientes tradicionales del cine. Y describieron un nuevo estilo cinematográfico, caracterizado entre otras cosas por su desenvoltura narrativa, por sus diálogos provocativos, por cierto amoralismo y por un tratamiento estético desacantonado.
El núcleo más activo venia de la critica de los insurrectos Cahiers du Cinema: Godard, Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette fueron algunos de sus exponentes.

Ese fue el puntapié inicial para que una corriente vanguardista que atravesó los ‘80 en la Argentina de la mano de Jorge Polaco – que rodó Kindergarten en 1989, y aún es inédita debido a que fue secuestrada ese mismo año por orden de un juez argentino, a raíz de una denuncia por supuesto abuso de menores- desembocara en la asombrosa diversidad de la cinematografía de los ‘90. “Se ha comenzado a hablar de una “generación del noventa” que, pese a no haberse gestado dentro de un movimiento compartiría algunas características en común.”

En 1995 varios realizadores jóvenes, ganaron un concurso de guiones de cortometrajes ideado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisual (INCAA): “Historias breves”, que tuvo una buena aceptación del público y de la crítica. Casi todos los concursantes tenían alrededor de los veinticinco años, y habían estudiado en escuelas de cine o cursos afines. Bruno Stagnaro, Daniel Burman, Adrián Caetano y Lucrecia Martel son alguno de los ejemplos.

Se puede decir que existen dos tendencias dentro de la cinematografía de los 90:

 Por un lado las obras que utilizan la anécdota para retratar la realidad. Ponen en relieve los dramas sociales a través de “una suerte de neorrealismo aggiornado que se empeña en borrar los límites entre documental y ficción.” . Pizza, Birra, Faso de Stagnaro y Caetano (1997), o Mundo Grúa de Pablo Trapero (1999), son ejemplos de ello. Estas películas aluden a las consecuencias del modelo neoliberal aplicado por el ex presidente Carlos Menem.
 Por otro, películas como La sonámbula de Fernando Spiner (1998), que “deja de lado la representación explícita de los conflictos sociales.” , las cuales tienen una relectura de varios géneros, entre ellos, la comedia, la ciencia ficción y el género policial, entre otros.

Los Films de Lucrecia Martel presentan rasgos de ambas tendencias, por un lado muestra historias de base realista, con temas que le pasan a los seres humanos. Por otro, se pueden ver historias con matices fantásticos, que se perciben a través de la utilización de elementos oníricos.

Desarrollo:

Lucrecia, la misteriosa…

En sus películas Martel combina realidad y ficción. La totalidad es un gran artificio pero la particularidad de los gestos, los detalles de sonido, son cosas muy experimentadas que se ligan con sus experiencias personales. Por ejemplo, un personaje puede parecerse a dos personas que conoce, o varios se pueden parecer a ella. Por ello, también el espectador puede sentirse identificado con un personaje, un detalle o un sonido en particular.

Varios autores, suelen encuadrar a los tres largometrajes de Lucrecia como en una trilogía , en donde se perciben hilos conductores, ya sea estéticos, temáticos o narrativos. En todos tiene como referencia geográfica a Salta, su provincia natal. La cercanía con sus raíces, tal vez sea porque la realizadora considera, que cuanto más contacto mantenga el realizador con los sentimientos que quiere expresar, más fructífero será el resultado de su trabajo.

A Lucrecia le interesan las problemáticas que tienen que ver con la “venida a menos” de la pequeña burguesía de su provincia. En La ciénaga se puede notar la decadencia de sus personajes, ya sea por sus acciones (Graciela Borges hace el personaje de la madre borracha) como por su vestuario desalineado o su casa totalmente descuidada. O el hotel en La niña santa, el cual se encuentra dejado, con falta de mantenimiento en las piletas.

Otra de las temáticas sociales que se repiten, tiene que ver con el maltrato, desprecio y diferenciación por parte de las clases más pudientes con respecto a las clases más bajas de la región salteña. Son ejemplo de lo que ocurre en todo el país, debido a que no se cierran a posibles analogías con otras regiones. En la Ciénaga, la madre totalmente borracha acusa a la mucama de robarle las toallas. En La niña santa la hija de la mano derecha de Helena, debe pelar pollos mientras que tiene un título de kinesióloga. Y en La mujer sin cabeza, Verónica le da trabajitos a un changuito para lavar sus culpas, sin realmente importarle el acto de ayudar al otro en sí.

Lo particularmente atractivo es la manera en que trabaja con los misterios, muestra sus historias y personajes pero no los desnuda para no dejar todo al descubierto, sino por el contrario, cree fuertemente en la búsqueda del espectador del sentido de las cosas. Nunca lo subestima, entiende que lo mejor que puede brindar es una historia que permita pensar.

En uno de los extras de La niña santa, la realizadora explica que una película que la hace perder y olvidarse de su existencia, no es buena. Para ella el estado del público cuando mira un film, es como si estuviera en una pileta. Lo compara con un estado de inmersión. Pero no propone perderse en las historias que ella presenta, sino por el contrario, desea que cada persona a través de sus trabajos se sumerja en su experiencia y repiense su propia historia de vida.

En lo que respecta a la narración, Lucrecia se acerca mucho al estilo de arte y ensayo, debido a que intenta transgredir las clausuras narrativas del cine clásico:

 El argumento no es tan redundante, por ello Martel cuenta una historia pero siempre se encuentran “baches” que el espectador llena a medida que transcurre la película. Claro ejemplo de ello se puede notar en La mujer sin cabeza, en la escena en donde el personaje que compone María Oneto, atropella un bulto que no se distingue muy bien que es, si un niño, un perro u otra cosa, lo importante no es en sí a que o a quien dejó tirado en el camino. Lo que realmente se pone en relieve, es la respuesta humana y moral que luego surge, ante lo ocurrido. Por esta razón se trabaja mucho la ambigüedad y se mantiene el misterio durante gran parte del film acerca de lo que realmente ocurrió.

 Hay lagunas y permanentes supresiones, por ello Lucrecia explica: “En mis películas pasa algo siempre fuera de foco” . En este caso se resalta la cantidad de elipsis que se pueden percibir en sus películas. Los fuera de campo contribuyen a que el público no tenga dado de primera mano todo lo que pasa, sino que se le oculten determinadas situaciones para crear un clima de misterio.
Aunque existen en los tres trabajos numerosas elipsis que fragmentan el relato, se puede decir que la organización temporal es lineal y sucesiva (no aparecen vueltas al pasado ni adelantos en el tiempo) Otra de las características a tener en cuenta que utiliza Martel es la utilización de los tiempos muertos.

 La exposición se demora y distribuye, en el caso de La niña Santa, la sensación es de espera continua, de hecho en el final, que resulta ser abierto, nunca se sabe si realmente los padres de Josefina llegan a contarle a la mamá de Amalia acerca del “manoseo” del médico hacia su hija. Además se puede mencionar que en las tres películas los personajes parecen “no hacer nada”, sus acciones son más bien lentas, como en el caso de La Ciénaga cuando en la primera escena los adultos toman vino tirados en reposeras, y los chicos duermen sin más que hacer. O en La niña santa los hermanos se despiojan, sobre todo Verónica pasa mucho tiempo tirada en la cama, y su gran preocupación es cual vestido va a utilizar por la noche.

Además se puede mencionar que la narración de Lucrecia Martel se compone por diversas capas, en donde se pueden percibir:
 Una historia de base, de corte más realista.
 Otras historias más fantásticas con elementos oníricos y de enrarecimiento.
 La narración presenta constantes desvíos, en donde aparecen micro historias que rodean a la principal, y nuevos personajes cobran protagonismo, debido a que cada uno presenta una problemática.

“La realidad del filme de arte y ensayo tiene múltiples facetas. El filme tratará de asuntos reales, problemas psicológicos (…) y la falta de comunicación.” Una de las problemáticas que se repite, además de las ya nombradas, es el tema de la sexualidad y sobre todo el incesto. Por ejemplo, en el caso de La mujer sin cabeza el personaje de María Oneto se acuesta con su cuñado, y en La niña santa y La ciénaga entre hermanos.

Con respecto a los deseos carnales y el despertar sexual, también se puede ver en La ciénaga, o en La niña Santa cuando el personaje de María Alché, se “enamora” del médico y se masturba en su habitación.

Por otro lado aparecen los miedos infantiles, se puede notar fuertemente en La niña santa en donde los dos hermanos dueños del hotel, tienen pensamientos infantiles, en donde proponen como adultos hacer cosas continuamente, y terminan no haciendo nada. O en el caso de La Ciénaga en donde los hijos pasan a ocupar el rol de padres, que Mecha y su marido no pueden cumplir, y pasan a ser ellos los hijos.

En cuanto a las locaciones, Lucrecia se preocupa por la percepción atemporal. En el caso de La Ciénaga en cualquiera de las casas en las que ocurren las escenas se trata de utilizar elementos que retrotraigan a diferentes épocas, es decir se busca un sincretismo. Por ejemplo, en el hotel de La niña santa, se utilizaron gamas cromáticas y muebles, en donde no se distinga muy bien a que año o ubicación temporal exacta pertenecía la historia, lo mismo ocurre en la casa de Verónica en La mujer sin cabeza.

El vestuario en las tres películas es de estilo realista y también se podría decir que es atemporal, por ejemplo en la Ciénaga, las mallas que utilizaban las mujeres no se encasillaban a una época. En La niña Santa los vestidos utilizados por Mercedes Morán eran sumamente llamativos, por lo femeninos y particulares, y aunque parecían del estilo Jackie de los 50* 0 60 también pueden ser perfectamente utilizados en la época actual. En el caso del vestuario de María Oneto, tampoco presentaba una particularidad que permitiera situarla en un tiempo o moda en particular.

Por otra parte, Martel convoca actores profesionales, ejemplo de ello es Graciela Borges y Mercedes Morán en la Ciénaga y La niña santa, Carlos Belloso en La niña santa y María Oneto en La mujer sin cabeza. Pero también incorpora actores no profesionales, que muchas veces suelen ser lugareños, como es el caso de la mucama en La ciénaga, los mozos en La niña santa, y los changuitos en La mujer sin cabeza.

En referencia a la utilización de los distintos planos, se puede nombrar por ejemplo, la utilización de planos cortos, medios y planos detalle. En La ciénaga se logra un efecto de opresión cuando se muestran partes de cuerpos, por ejemplo, cuando se ven torsos que arrastran las reposeras y casi de manera empinada que enfatiza la decadencia. En La niña santa, los planos que toman relevancia son los de los rostros, que denotan los sentimientos y sobre todo la picardía de las adolescentes.

En el caso de la mujer sin cabeza, se hacen planos cortos justamente a la cabeza de la mujer debido al simbolismo que esto implica.

El trabajo de campo y fuera de campo, es el encargado de acentuar el clima de opresión e incertidumbre en muchos casos, porque en los tres largometrajes construye a las situaciones más inquietantes. En La ciénaga y La mujer sin cabeza es donde más se puede apreciar esto. Un ejemplo de la primera es cuando, los niños le disparan a la vaca que se hunde en la ciénaga y no se sabe si el hijo de Tali fue alcanzado por la bala, luego de pararse en la línea de tiro. En el siguiente plano en donde se ve el cerro, el público ignora lo que le pasó al chico.

Sobre el sonido:
Para la cineasta el sonido cobra un papel fundamental en sus películas y pasa muchas veces a ocupar un primer plano. Crea climas y sobre todo contribuye al enrarecimiento de las situaciones. En el caso de La Ciénaga, “El clima de agobio se construye a partir de un continuo movimiento y un sonido ambiente que no cesa nunca.” , otra escena característica es cuando todos los que estaban tomando vino en la pileta arrastraban las sillas, se puede percibir una notable incomodidad.
En La niña santa el sonido del instrumento casi de ensueño que un hombre toca en una de las calles céntricas, enrarece el clima y parece dejar en el aire una situación casi onírica, como que nunca ocurrió, cuando el personaje de Belloso “apoya” a la niña. Por su parte, en la mujer sin cabeza, cuando Verónica está como ida, en un estado casi de amnesia, los sonidos parecen enmudecerse, para representarnos su estado de confusión mental.

Sobre el agua:
El elemento agua se considera “el conductor universal”, y también parece funcionar como un hilo conductor en las tres películas de Lucrecia:
 La ciénaga empieza y termina con la imagen de una piscina con el agua estancada, en cuyos bordes unos burgueses desganados toman sol y vino en reposeras. El presagio de tormenta por las nubes y los truenos, sólo se concretará de a ratos, pero no dejará de latir. Parte de un concepto de iluminación y de una banda de sonido muy bien elaborados, contribuyen de manera decisiva a ese clima de tensa calma. El agua en este caso, es análoga con su estado estancado de inanición, y una calma que en realidad es sólo aparente, porque dentro del mundo interno de cada uno de los personajes se encuentra una gran tormenta.
 En La niña santa, la pileta del hotel donde todos concurren, más asiduamente el doctor y Amalia, a diferencia de la de La Ciénaga, el agua se encuentra limpia. Tal vez ellos se bañan tanto, porque consideran que el agua los purifica y limpia de todas las culpas por tener pensamientos y actitudes pecaminosas.

 En la mujer sin cabeza, también aparece una pileta, pero realmente lo que se considera más simbólico es el papel del agua de la acequia, que arrastra al cuerpo del niño hacia el puente, y deja al descubierto la prueba del delito a la vista de todos. Pero que en el caso de Verónica, se encargará de “tapar” su culpa a través de las conexiones e influencias que tiene su familia.
Sobre la tierra:
La naturaleza cobra una presencia muy fuerte. En el caso de La Ciénaga la vegetación espesa permite realizar una analogía con la vida de sus personajes, los cuales viven en un estado de inanición y parecen estar encerrados en su propio mundo sin poder salir de él. O en La mujer sin cabeza, en donde en un camino de ripio sucede el accidente, y la propia naturaleza (la acequia), arrastra al niño hacia un lugar visible y saca a la luz al crimen que había cometido la protagonista, aunque luego se encarguen de taparlo.

Acerca de las intertextualidad:

Se puede notar intertextualidad entre las películas, es decir elementos que parecen dialogar entre los filmes. Un ejemplo de ello se da en La ciénaga, cuando se hace alusión al pueblo salteño de Rey muerto, nombre del cortometraje de Martel que forma parte de Historias breves. Por otro, en La niña Santa hay una escena en donde Mercedes Morán mira una película, en que aparece Graciela Borges gritando fuerte, “mamá, mamá”, esto puede aludir a que las dos son las madres de las películas y el valor simbólico que ello implica.

Conclusión:

La ciénaga marca un desarrollo y una expansión del horizonte para Lucrecia Martel. Por un lado, puede mostrar por primera vez una familia de clase alta salteña que es racista y vive en un ámbito claustrofóbico en el que el incesto, la hipocresía y la violencia son moneda corriente. Además aparece el contraste entre la opresión del mundo adulto y el conflictivo deseo de libertad de los chicos y adolescentes.

La niña santa implica una exploración del lado perverso del ser humano y es el escenario de un confuso juego de deseos. El doctor Jano con su inocultable impulso por “apoyarse a las chicas”, la confusa relación entre los hermanos, la atracción entre las amigas adolescentes, el despertar sexual mezclado con la vocación religiosa, los juegos eróticos, la manipulación y la mentira, son algunos de los temas claves.

En La mujer sin cabeza Martel da otro paso hacia la complejidad y la perfección. Con elementos típicos del policial y una dosis de ambigüedad, la película se interna en los rincones más oscuros de la sociedad provinciana y ofrece intrigas, opresión de clase, cinismo, promiscuidad, mujeres sometidas y hombres poco confiables con conexiones políticas. Se puede decir que es la película más trabajada en la puesta de cámara y el sonido, la más ambiciosa en el retrato de una sociedad en la que el poder político y la posición social, funcionan como hilo conductor de una larga sucesión de injusticias.

Como si La mujer sin cabeza cerrara una etapa y su autora quisiera poner a prueba su ambición en un nuevo territorio, Martel anunció que su próxima película será una adaptación de El Eternauta. La salteña es una directora que ha madurado hasta lograr una amplia consideración no sólo nacional, sino que también internacional, sin perder la madurez y siendo fiel a sus principios.

• Vigna María Celeste
Bibliografía y fuentes consultadas:

 AAVV, Miradas: el cine argentino de los noventa, Madrid, AECI-Casa de las Américas, 2000.

 Bordwell, David. “La narración de arte y ensayo”, en La narración en el cine de ficción, Buenos Aires, Paidós, 1995.

 Verardi, Malena, “Representaciones y procedimientos espacio temporales en el Nuevo Cine Argentino”, Cuadernos del cine argentino, Nº 3, Buenos Aires, INCAA, 2005.

 http://www.eldia.com.ar

 http://www.pagina12.com.ar

 http://www.perfil.com.ar

 http://www.litastantic.com.ar

 http://www.aquafilms.com.ar

 http://www.laninasanta.com/

Por Mariel Ortolano

1. Las primeras teorías del cine

El cine es objeto de enfoques muy diversos, de modo que no puede hablarse de una teoría del cine sino de teorías que responden a cada uno de esos abordajes. A esta diversidad de enfoques se suma el hecho de que, ya desde sus orígenes, las investigaciones sobre la naturaleza del fenómeno cinematográfico originaron más de una polémica respecto de la pertinencia de los enfoques no específicamente cinematográficos surgidos de las disciplinas exteriores a su campo (la semiótica, el psicoanálisis, la sociología, la filosofía, son algunas de las disciplinas que dieron lugar a debates teóricos importantes en el curso de estos últimos años.)

El cine sigue padeciendo el estigma de todas las producciones culturales ligadas al consumo masivo: una cierta ilegitimidad cultural sancionada por la ausencia de estudios cinematográficos en el nivel universitario hasta hace muy pocos años, una falencia que sólo han considerado algunas instituciones superiores que no incluyen aún al cine en el contexto de las artes tradicionales. Esta consideración tácita provoca, por otra parte, la reacción de los realizadores y de algunas corrientes críticas que postulan que una teoría del cine sólo puede surgir del propio cine y que las teorías provenientes de otros ámbitos solo pueden indagar en aspectos secundarios, que no llegan a capturar su esencia. Esta búsqueda de una definición de la especificidad cinematográfica sigue ocupando un espacio considerable en las investigaciones teóricas y contribuye a prolongar el aislamiento de los estudios cinematográficos.

Una postura inmanentista, sin bien en un primer nivel de análisis resulta de hecho más específica y cercana a la obra en sí, priva a los estudios artísticos de la posibilidad de generar reflexiones que consideren al cine como lugar de intersección de varios fenómenos culturales, algunos de ellos, no estrictamente cinematográficos.

Existe también una tradición, denominada como teoría indígena, que es producto del consenso de la crítica de cine más destacada; un ejemplo de este tipo de enfoque sería la obra de Bazin, Qué es el cine, en la que el autor postula una ontología cinematográfica. En contraposición, el clásico Estética y psicología del cine, de Jean Mitry propone un abordaje interdisciplinario que abarca los aportes de la lógica, la psicología de la percepción, la teoría del arte, entre otras disciplinas.

La impresión de analogía con el espacio real que produce la imagen fílmica es tan poderosa que llega normalmente a hacernos olvidar, no solo del carácter plano de la imagen, sino por ejemplo, si se trata de una película en blanco y negro, la ausencia de color, o del sonido, si es una película muda y también y consigue que olvidemos, no el cuadro que esta siempre presente en nuestra percepción, más o menos consciente, sino el que más allá del cuadro ya no hay imagen. El campo se percibe habitualmente como la única parte visible de un espacio mas amplio que existe sin duda a su alrededor. Esta idea traduce de forma extrema la famosa formula de André Bazin al calificar al cuadro de “ventana abierta al mundo”, como si una ventana, el cuadro, dejara ver sólo un fragmento de un mundo (imaginario).

2. El efecto realidad

Parte de la ilusión de realidad que el cine genera se basa en las técnicas que originan el movimiento en la percepción del espectador pero también se debe las técnicas de profundidad que se perfeccionaron con el correr de las décadas.

La impresión de profundidad no es exclusiva del cine; sin embargo la combinación de procedimientos utilizados en el cine para producir esta aparente profundidad es especial y justifica su particular inserción en la historia de los medios de representación. Según los aportes de la psicología de la percepción, las artes representativas se apoyan sobre una ilusión parcial que permite aceptar la diferencia entre la visión de lo real y de su representación; la historia de la pintura registra muchos sistemas representativos y de perspectiva, pero el único sistema que acostumbramos a considerar como propio, puesto que domina toda la historia moderna de la pintura, es el que se elaboró a principios del siglo XV bajo el nombre de perspectiva artificialis o perspectiva monocular. El hábito enraizado de lectura de la imagen plasmada según la perspectiva renacentista está en la base del funcionamiento de la ilusión de tridimensionalidad producida por la imagen del film. La representación fílmica se concibe entonces para una mirada que lo percibe, supone un sujeto que la mira desde un lugar privilegiado. Algunos de estos principios fueron motivo de la teorización de Rudolph Arnheim que adaptó las Leyes de Percepción postuladas por la Gestaltheorie a la captación del film por parte del espectador .

La noción de que el cine es un arte cuyo lenguaje es co-creado por el artista y por la percepción del espectador, ya fue desarrollada por las primeras teorías del cine; Hugo Münsterberg , formado en la Filosofía y la Psicología de la Percepción concibe al cine como un arte de la mente. Para el autor, el montaje cinematográfico es el correlato del modo con que funcionan la memoria y la imaginación; estas categorías de la psique son las que condensan o amplían el tiempo y los ritmos. Esta correspondencia entre el funcionamiento de los procesos psíquicos y el funcionamiento de la imagen cinematográfica conduce naturalmente a que el componente emocional sea la base sobre la cual se concibe el montaje cinematográfico.

Influido por la estética kantiana , Münsterberg demuestra que el cine es un arte del espíritu, ya que el efecto movimiento, el que denomina efecto phi, es una condición apriori de la percepción humana. A partir de este postulado desarrolla una concepción del cine en tanto proceso mental en cuya construcción intervienen categorías tales como la atención, la memoria, la imaginación y las emociones. La atención permite captar el film como un registro organizado según la mismas vías por las que la mente da sentido a la realidad (así se explicaría la particular acentuación de sentido que puede conferirse al primer plano o a ciertas alturas de cámara o angulaciones); la memoria y la imaginación permitirían dar cuenta de de la compresión o la dilatación del tiempo (sin la aplicación de estas facultades del espectador no serian comprensibles los recursos de elipsis, flash-back, flash-forward, la cámara lenta, el acelerado o las técnicas de recapitulación), las emociones son las que permiten al espectador captar las posibilidades y funciones del montaje cinematográfico que adquieren sentido cuando éste establece relaciones a partir de fragmentos yuxtapuestos de modo no secuencial. Para Münsterberg, en definitiva, el film no existe sino en la mente del espectador:

El cine nos cuenta la historia humana superando las formas del mundo exterior – a saber, el espacio, el tiempo y la causalidad- ajustando los acontecimientos a las formas del mundo interior- a saber , la atención, la memoria, la imaginación y la emoción .

3. Las teorías del montaje: Bazin y Eisestein.
La teorización sobre el montaje constituyó siempre un núcleo esencial en toda discusión sobre el fenómeno del cine, ya que básicamente su lenguaje se compone de la selección y combinación de materiales fílmicos (imágenes, sonidos e inscripciones gráficas, en combinaciones y proporciones variables). El montaje se compone de tres grandes operaciones, selección, combinación y empalme estas tres operaciones tienen por finalidad conseguir, a partir de elementos separados de entrada, una totalidad que es el filme.
En su clásico El lenguaje del Cine, Marcel Martin provee una de las definiciones más claras sobre este recurso: la organización de los planos de un film según ciertas condiciones de orden y de duración , aunque le confiere una importancia central a la función psicológica del montaje, más allá de la cuestión técnica que, ya de por sí, resulta crucial para el resultado final de la producción. El montaje, en definitiva, obedece a un principio de carácter dialéctico. Cada toma debe incluir un elemento, llamado o en ausencia (fuera de campo), que encuentre su respuesta en la toma siguiente; la tensión psicológica creada en el espectador se resuelve por la continuidad de las tomas que determina la progresión dramática de la película. El relato cinematográfico se compone entonces de una sucesión síntesis parciales (cada toma es una unidad incompleta) que se encadenan en una superación dialéctica. Para que esta progresión sea comprensible para el espectador cada toma debe preparar, suscitar o condicionar a la siguiente según algún principio de dinamismo mental o visual (la tensión psicológica que puede traducirse en un gesto o en una mirada que requieren respuesta o reclaman continuidad).
La importancia técnica del montaje como recurso central del lenguaje cinematográfico originó discusiones aún vigentes entre dos concepciones radicalmente opuestas del cine.
Una vertiente está representada por los cineastas y teóricos para quienes el montaje como técnica de producción constituye el elemento dinámico del cine. Este sería el caso de los cineastas de la Escuela Rusa que perfeccionaron las técnicas de montaje creadas por Walter Griffith e introdujeron a partir de la década de 1920 el recurso del montaje soberano, término que se utiliza con frecuencia para designar esta tendencia que se apoya sobre una valoración muy fuerte del principio del montaje, no sólo como una técnica ineludible del armado del film, sino como un recurso expresivo esencial.
En contraposición con esta tendencia, la otra vertiente se funda sobre una desvalorización del montaje como tal y su subordinación estricta a la instancia narrativa o a la representación realista del mundo, consideradas como el objetivo esencial del cine. Este concepto está representado por la idea de la transparencia del discurso fílmico postulada por André Bazin y por la corriente europea que adhirió a sus conceptos, particularmente, los cineastas y teóricos de la llamada Nouvelle Vague francesa (algunos de los cuales fundaron también la corriente crítica de Cahiers du Cinema, como Francois Truffaut, Jean Renoir y Eric Roemmer) y también por los cultores del neorrealismo italiano (Roberto Rosellini, Luchino Visconti, Vittorio de Sica , Michelangelo Antonioni, Pier Paolo Passolini).
El antagonismo de estas dos formas de concebir el cine continúa hasta hoy y determinó dos corrientes estéticas opuestas que podrían caracterizarse según la adhesión a los sistemas teóricos de Bazín y de Eisenstein. Ambos elaboraron una estética coherente y fundamentos que la sustentan, de modo que realizadores, teóricos y críticos de cine, retomaron una propuesta u otra según su propia visión del hecho cinematográfico.

3.1. André Bazín: la ontología del relato cinematográfico

El sistema de Bazin se apoya sobre un postulado ideológico de base que se articula sobre dos tesis complementarias:
- En el mundo de lo real ningún acontecimiento está dotado de un sentido predeterminado (Bazin se refiere a una ambigüedad inmanente a lo real)
- El cine tiene una vocación que él considera ontológica de reproducir lo real, por consiguiente debe producir representaciones dotadas de la misma ambigüedad.

Esta exigencia se traduce en la necesidad de que el cine reproduzca el mundo real en su continuidad física de acontecimientos. Según señala en Montaje prohibido, la especificidad cinematográfica reside en el simple respeto fotográfico de la unidad de la imagen, lo cual implica que lo imaginario debe obtener sobre la pantalla la densidad espacial de lo real. El montaje debe utilizarse entonces de manera acotada a sus límites de organización técnica a riesgo de atentar contra la propia ontología del relato cinematográfico.

Cualquiera sea el filme, su finalidad estriba en proporcionarnos la ilusión de asistir a sucesos reales que tienen lugar ante nosotros como en la vida cotidiana. Pero esta ilusión encubre una superchería esencial ya que la realidad existe en un espacio continuo y la pantalla nos representa de hecho una sucesión de pequeños fragmentos llamados planos cuya elección orden y duración constituyen precisamente lo que denominamos planificación del filme. Si intentamos, mediante un consciente esfuerzo de atención, percibir las rupturas impuestas por la cámara al desarrollo continuo del suceso representado y comprender por que nos son naturalmente insensibles, advertimos que las toleramos, porque permiten de todas formas que subsista en nosotros la impresión de una realidad continua y homogénea .
Esta impresión de continuidad y homogeneidad fue sin embargo el resultado de un trabajo formal que caracteriza el período de la historia del cine llamado con frecuencia cine clásico, cuyo recurso más representativo es el del raccord (transición) .
El concepto baziniano del cine rechaza prestar la utilización de procedimientos de montaje fuera del paso de un plano al siguiente. La manifestación más espectacular de este rechazo se encuentra, sin duda, en el uso del plano secuencia y las técnicas de profundidad de campo que Orson Welles llevó a su expresión más acabada.

3.2. Eisentein: el cine como construcción de la realidad
El sistema de Eisenstein se postulado ideológico que excluye toda consideración sobre una realidad que encierre en sí misma un sentido. Para Eisenstein, la realidad carece de interés fuera del sentido que se le otorga o de la lectura que se hace de ella. Concibe al montaje como un instrumento privilegiado en la construcción de esa lectura: el cine no tiene la obligación de reproducir la realidad sin intervención de autoría sino, por el contrario, debe representarla con un sello ideológico que motive en el espectador una actitud creativa, comprometiéndolo en la construcción de ideas transformadoras.
El criterio de verdad en la tesis de Bazín está contenido en la realidad misma y es en definitiva, un principio metafísico. Para Eisenstein, el criterio de verdad se ajusta a los principios a los cuales él mismo adhiere, las leyes del materialismo dialéctico y del materialismo histórico. Eisenstein no considera al cine como representación sino como discurso articulado y su reflexión sobre el montaje consiste principalmente en definir esta articulación.
La producción de sentido en el encadenamiento de los fragmentos sucesivos del film está presentada por Eisenstein bajo el modelo de conflicto, al que concibe como el modo más claro de interacción entre dos unidades de discurso fílmico; conflicto de fragmento a fragmento, pero también en el interior del fragmento. A lo largo de su extensa obra teórica llegó a sistematizar varios tipos de conflicto orientados a una significación, conflictos gráficos, de superficies, de volúmenes, de espacio, de iluminaciones, de ritmos, entre el material y el encuadre, entre el material y su espacialidad (deformación óptica por el objetivo), entre el proceso y su temporalidad (ralenti, aceleración), entre el conjunto del complejo óptico y cualquier otro parámetro.
3.3. La influencia sobre el espectador
La finalidad última del sistema de Eisestein es su noción de que el cine debe influir sobre el espectador. Sobre este punto, las teorías de Eisenstein fueron variando ya que su obra es extensa y él varió en cuanto a los modelos psicológicos con que fundamentó sus propuestas, pero mantuvo siempre esta preocupación por los efectos del film; sin embargo, su sistema guardó coherencia ya que todos los modelos que utiliza para describir la actividad psíquica del espectador tienen en común, a pesar de su gran diversidad, el suponer una cierta analogía entre los procesos formales en el filme y el funcionamiento del pensamiento humano .
Aunque Eisenstein nunca abandonó completamente el determinismo de sus primeras ideas y la esperanza de que el realizador, por medio de una calculada estructura de atracciones, pueda moldear los procesos mentales del espectador, su concepción del cine significa una variación respecto de la finalidad en cierto modo didáctica, típica del cine de Pudovkin , ya que trabajó con una concepción mucho más compleja, la de la atracción. Este último concepto pone en consideración la actividad mental del espectador y no simplemente la acción de la voluntad del realizador. La concepción realista del arte no resultaba, a su juicio, un desafío para el espectador; el constructivismo al que había adherido desde sus primeros años e formación universitaria lo convenció de que el realismo era una trampa que los cineastas debían sortear y que él decidió combatir. Un modo de hacerlo fue la noción de descomponer la realidad, a la que el simplemente trataba como materia prima, en fragmentos que luego recomponía según el fin deseado. El proceso de descomponer así la realidad en bloques utilizables puede ser denominado neutralización. Sostuvo que la música y la pintura se basan en la neutralización del sonido y de la tonalidad, respectivamente. En su ensayo sobre el color negó específicamente que un color dado pudiera tener un significado propio; que por ejemplo el amarillo significara celos y el rojo significara pasión. El sentido del color, igual que todos los sentidos para Eisenstein, deriva de una interrelación entre partículas neutrales: el verde adquiere un significado particular cuando aparece en un sistema de relación que abarca otros colores y otros códigos. Eisenstein reconocía que la partícula cinematográfica elemental, la toma, era diferente de un tono o de un sonido. Es inmediatamente comprensible y apela inmediatamente a la mente del espectador, así como a sus sentidos. Para conferir al arte cinematográfico la misma posibilidad que compositor puede otorgarle a la música, creyó que las tomas deben ser neutralizadas para que puedan convertirse en elementos formales básicos, que puedan ser combinados como el director lo crea adecuado y de acuerdo a los principios formales que desee.
Eisenstein sostenía que cada elemento del lenguaje cinematográfico (la iluminación, al trabajo de cámara, la edición) debe funcionar como una atracción circense: cada número en un espectáculo de circo es diferente del otro pero sobre una base común, capaz de transferir al espectador una impresión psicológica de conjunto. En su concepto, ver un film es como ser sacudido por una continua cadena de shocks, provenientes de los diversos elementos del espectáculo cinematográfico y no sólo de su trama.
Eisenstein no quiso un público que acatara pasivamente un sentido impuesto sino un espectador contribuyera a la construcción de un sentido. En este aspecto enfatizó la idea de la toma como un fragmento de realidad que el realizador recoge, compuesto de valores como la iluminación, la línea, el movimiento y el volumen, pero cuyo sentido no debe ser predeterminado. El sentido natural de la toma estará dado por las relaciones que el director y el espectador puedan construir y que no están implícitas en el significado de la toma.
4. El estado actual de la polémica sobre los modos de representación y la cuestión del espectador.
4.1. Noel Bürch: Modo de representación primitivo (MRP) y modo de representación institucional (MRI)

La mayor parte del cine que se consume actualmente, tanto en las salas de exhibición como en la televisión, es cine narrativo. Entendemos por cine narrativo aquel que, utilizando los códigos y los soportes del lenguaje cinematográfico, cuenta una historia mediante una cadena de acontecimientos con relaciones de causa-efecto que transcurren en el tiempo y en el espacio, independientemente de que esta historia esté basada en hechos reales o sea producto de la ficción.

El cine narrativo nace con la vocación de conseguir lo que Noël Burch llama el viaje inmóvil. Su fin es lograr la introducción del espectador en el espacio diegético de tal modo que le permita vivir la experiencia de ubicuidad mediante su plena identificación -primaria- con el objetivo de la cámara. La finalidad última de lo que hoy se conoce como el Modo de Representación Institucional (MRI) es conseguir del espectador la percepción de la película como si se tratara de la contemplación naturalista de un trozo de realidad.

A diferencia del Modo de Representación Primitivo, caracterizado por su frontalidad, falta de perspectiva, grandes planos e inmovilidad de la cámara; la introducción del montaje permitió crear una forma de lectura naturalista y ubiquitaria gracias a centrar al espectador mediante los ráccords de continuidad, dirección, contigüidad y sucesión temporal, paralelismo o alternancia temporales.

La sorpresa y la molestia son dos de las formas más moderadas en que la imagen cinematográfica puede agredir la sensibilidad del espectador; y que abren la marcha a toda una gama de agresiones –de diferentes intensidades y tipos- a las que el cineasta tiene la posibilidad de entregarse a lo que se llama audiencia cautiva. Este innegable poder, es considerado un verdadero peligro público. Todas las formas de agresión nacen de la relación que se da entre el espectador y la pantalla apenas ingresa a la sala y se apagan las luces

Esta cita de Burch subraya la noción de que en el proceso comunicativo que el texto fílmico constituye y, al mismo tiempo, pone en marcha, están presentes no sólo los términos de una narración (story), sino una serie de principios, puntos de vista, un discurso, en fin, dirigido específicamente a una audiencia, tejido con unos materiales (y no otros) que, sin embargo, al satisfacer la pulsión escopofílica (vouyerística) del espectador, provocan en él la ilusión de su intromisión en un mundo aparentemente ajeno y distanciado de su propio entorno. Ubicar bajo la luz de la reflexión esta realidad del discurso cinematográfico, permite que el espectador acceda a un papel de agente activo del proceso. Es la clave de una recepción crítica del mensaje cinematográfico.

La obra cinematográfica constituye un producto demasiado complejo como para atender solamente a sus aspectos formales. La forma y el contenido, lo que dice y como lo dice y, más allá, la forma como el receptor percibe el mensaje, determinada por sus propias características como sujeto activo del proceso, llevan a considerar las siguientes categorías que resultan también útiles en esta reflexión.

Tal como afirma Bettetini, en el cine, la ilusión de realidad que por sugestión crea la pantalla induce en el espectador una atmósfera de credibilidad, una tendencia a la fácil proyección personal en el universo de las imágenes, un proceso de identificación con los personajes y los sucesos de la película (…) el espectador cinematográfico se encuentra frente a imágenes de hombres y de cosas (que son verdaderas en su falsedad reproductiva) y cree todo lo que observa, integrándose gradualmente a la acción fílmica .

Roman Gubern coincide en esta característica del cine narrativo cuando:

El cine de ficción narrativa tradicional proporciona a sus espectadores unas vivencias emocionales derivadas del proceso de proyección-identificación con los personajes de la fabulación, proceso en el que las respuestas emocionales tienden a eclipsar a las intelectuales. Estas vivencias emocionales que el film proporciona a su espectador son muy similares a las del sueño .

Entendemos así, por experiencia diegética aquella que el espectador de cine narrativo, gracias a las convenciones cinematográficas, experimenta. Esta experiencia está referida a su identificación con el objetivo de la cámara, a la percepción naturalista del relato, a los procesos de proyección-identificación con los personajes, a todas aquellas vivencias, más emocionales que intelectuales, que el receptor percibe y que, paradójicamente, confieren verosimilitud al mensaje audiovisual.

A diferencia del teatro, en donde el espectador puede equipararse al narrador omnisciente de una novela, situado en un punto ideal, central, equidistante, el cine permite, gracias a sus convenciones en el montaje, el enfoque, la angulación y el movimiento de la cámara, adecuar, conducir, identificar, la mirada del espectador.

El cine permite con mayor claridad poner en evidencia la integración de distintas miradas en la estructura funcional de las imágenes gracias a la paradoja de su fragmentación y posterior reconstrucción de la realidad. La realidad, nunca estática es aprehendida en fragmentos congelados que en sí mismos pueden también tener significado y que se completan o transforman gracias a su reintegración en un aparente movimiento, semejante a la realidad.

Cuando se habla de mirada, nos referimos a esa capacidad que se extiende más allá de la mera función física del ver. La mirada implica la actividad de un sujeto activo frente a la representación, frente a la imagen. La mirada como elemento que da sentido a la existencia misma de la imagen.

En su libro Praxis del cine, Noel Burch realiza un interesante estudio del cine desde una concepción psicológica de la mirada del espectador como factor activo frente a la imagen cinematográfica. Quizás la obra de Bürch constituya la actualización más aguda de las primeras teorías psicolócias de la percepción. Aquí considera que la manera de ver de nuestro ojo no es la misma que la de la cámara, para ello, debemos tener en cuenta un fenómeno: el de los reflejos de los cristales. Sólo por un esfuerzo inconsciente del espíritu (que hace la selección) y del ojo (que hace la puesta a punto), llegamos a diferenciar las imágenes y rechazamos lo que no nos interesa (Burch, 1986 p41) .

Es sabido que el ojo es inducido a recorrer una imagen encuadrada según un cierto itinerario, y es sabido que en la imagen cinematográfica hay elementos que se destacan más que otros. Por ejemplo, se mirará siempre a una persona que esté hablando, antes que a otra en silencio o un elemento en segundo plano. Obviamente siempre se mira en una marca del todo, de todo el encuadre que el director haya seleccionado previamente.

Porque mirar es una función del espíritu, mientras que ver es una función del ojo y ante una pantalla de cine, así como ante una foto, la función de mirar no predomina sobre la función de ver, como sucede casi siempre en la vida. La selectividad de mirar no afecta en nada a la no selectividad de ver.

Pero existe una condición esencial para todo esto: que el espectador se encuentre a la distancia justa de la pantalla. Si está demasiado cerca, tan cerca que su campo de visión no abarca la totalidad de la pantalla, sus ojos deberán desplazarse a medida que se desplacen los centros de interés, no pudiendo captar nunca la plástica total de la imagen encuadrada. En cambio, si está demasiado lejos, ocurre lo contrario. Los cálculos han demostrado que la distancia óptima, es de alrededor dos veces la longitud de la pantalla. El hecho de que luego esto no sea posible para todos los espectadores tanto en sus hogares, como en sus casas, no disminuye en nada esta proposición. Sino que muestra que las salas del futuro deberán construirse de modo muy distinto.

Teniendo en cuenta que el libro fue editado en el año 1970, podemos ver que esta situación se ha ido dando en el mercado cinematográfico. Las salas de cine han ido creciendo en todo el mundo, ya no son sólo simples pantallas, sino que se tiene en cuenta el tamaño, la ubicación, los sonidos y hasta ya hay en varios países –incluyendo la Argentina- salas Imax que apuntan a tener una imagen 3D y que el espectador se sienta parte de la trama de la película.
4.2- El relativa efectividad del realismo en el cine
Cuando se aborda la cuestión del realismo en el cine, es necesario distinguir entre el realismo de los materiales de expresión (imágenes y sonidos) y el de los temas de los filmes.
4.2.1 El realismo de los materiales de expresión
Entre todas las artes y los modos de representación, el cine aparece como uno de los más realistas, puesto que puede reproducir el movimiento y la duración y restituir el ambiente sonoro en acción o de lugar. Pero la sola formulación de este principio demuestra que el realismo cinematográfico no se valora más que en relación con otros modos de representación y no en relación con la realidad. Hoy se ha superado el tiempo de la creencia en la objetividad de los mecanismos de reproducción cinematográfica y del entusiasmo de Bazin que veía en la imagen del modelo el modelo mismo. Esta creencia en la objetividad se funda a la vez en un juego de palabras y en la seguridad de que un aparato científico como la cámara tenía que ser necesariamente neutro.
Basta recordar que la representación cinematográfica (que no viene solo de la cámara) sufre una serie de coacciones que van de las necesidades técnicas a las necesidades estéticas. Está subordinada al tipo de película empleada, al tipo de iluminación disponible, a la definición de los sonidos, al igual que está determinada por el tipo de montaje, el encadenamiento de secuencias y la realización. Todo ello requiere un vasto conjunto de códigos asimilados por el público para que la imagen que se presenta se considere parecida en relación a una percepción de la realidad. El realismo de los materiales de expresión cinematográfica es el resultado de gran número de convenciones y reglas, que varían según las épocas y las culturas. No es preciso recordar que el cine no fue siempre sonoro, ni el color, e incluso, cuando fue sonoro y en color, el realismo de los sonidos y los colores se ha ido modificando singularmente a lo largo de los años, el color de las películas de las décadas de 1950 parece hoy exagerado, el que se puede ver en las películas de los principios de la década de 1980 con su recurso sistemático al pastel, se debe principalmente a una moda. Pero, en cada etapa ( mundo, blanco y negro, color) el cine no ha dejado de ser considerado realista. El realismo aparece como una victoria de la realidad en relación a un estadio anterior del modo de representación. Pero esta victoria es absolutamente desechable por las innovaciones técnicas y también porque la propia realidad no se alcanza jamás.
4.2.2. El realismo de los temas
Cuando se habla de realismo cinematográfico se entiende tanto el de los temas como su tratamiento por ello se califica de realismo poético un determinado cine francés de antes de la guerra o de neorrealismo ciertos filmes italianos de la Liberación.
El neorrealismo es un ejemplo particularmente evidente de la ambigüedad de este término. Cómo toda denominación de escuela, el neorrealismo es una creación de la crítica, que ha erigido en modelo teórico la convergencia de algunos títulos, cuyo número aparece hoy bastante limitado (Rossellini, R. Roma ciudad abierta de 1946; Paisa de Vitorio de Sica de 1946; El limpiabotas de 1946, El ladrón de bicicletas de 1948; La terra trema de 1948 y Bellísima de 1950 de Visconti, Los inútiles de Fellini 1953. Para Bazín, su defensor, el neorrealismo podría definirse por un haz de rasgos específicos, más relacionados con el conjunto de la producción cinematográfica tradicional que con la propia realidad. Según él esta escuela se caracteriza por un rodaje en exteriores o en decorados naturales (en oposición al artificio del rodaje en estudio), por recurrir a actores no profesionales (en oposición a las convenciones teatrales de la interpretación de los actores profesionales) y a guiones inspirados en las técnicas de la novela americana, utilizando personajes sencillos ( en oposición a las intrigas clásicas bien trazadas y a los héroes extraordinarios, con una acción enrarecida y en oposición a los acontecimientos espectaculares del filme comercial tradicional).
4.2.3. El espectador y la impresión de realidad
Muchas veces se ha insistido en que lo que caracteriza al cine, entre los modos de representación, es la impresión de realidad que se desprende de la visión de los filmes. Esta impresión de realidad cuyo prototipo mítico sería el estremecimiento que recorrió a los espectadores de la película de Lumiere La llegada del tren (1895) ha sido el centro de numerosas reflexiones y debates sobre cine, que han intentado definir la especificidad (en oposición a la pintura, a la fotografía…) o definir los fundamentos técnicos y psicológicos de la impresión misma y analizar sus consecuencias en la actitud del espectador frente al cine.
La impresión de realidad experimentada por el espectador durante la visión de una película, provienen primero de la riqueza perceptiva de los materiales fílmicos, de la imagen y del sonido. Respecto a la imagen cinematográfica, esta riqueza se debe, a la vez, a la definición amplia de la imagen fotográfica ( se sabe que esta foto es más sutil, más rica en información que una imagen de televisión) que presenta al espectador efigies de objetos con gran lujo de detalles y a la restitución del movimiento que les proporciona un cuerpo, un volumen que no tienen en la foto fija: todos hemos experimentado este aplanamiento de la imagen, esta pérdida de la profundidad, cuando se produce un paro de imagen durante una proyección.
La restitución del movimiento tiene un lugar importante en la impresión de realidad, y ha sido particularmente estudiado por los psicólogos del I de Filmología. Es el resultado de una regulación técnica del aparato cinematográfico que permite el paso de un cierto número de imágenes fijas (los fotogramas) en un segundo (18 en tiempos del mudo 24 en el del sonoro) este paso permite que determinados fenómenos psico-fisiológicos parezcan dar una impresión de movimiento continuado. Entre estos fenómenos los más destacados: cuando los momentos claros, espaciados unos con otros, se iluminan sucesiva y alternativamente, se ve un trayecto luminoso continuado y no una sucesión de puntos espaciados, es “el fenómeno del movimiento aparante”. El espectador restablece mentalmente una continuidad y un movimiento allí donde, en realidad tan solo había discontinuidad y fijación: es lo que produce en el cine los fotogramas fijos cuando el espectador llena el vacío existente entre las dos actitudes de un personaje fijadas por dos imágenes sucesivas.
Conviene añadir que reproducir la apariencia del movimiento, es reproducir su realidad, un movimiento reproducido es un movimiento verdadero puesto que la manifestación visual en los dos casos en idéntica. La riqueza perceptiva propia del cine viene también de la co-presencia de la imagen y el sonido, que restituye a la escena representada su volumen sonoro dando con ello la impresión de que se ha respetado el conjunto de los datos perceptivos de la escena original. La impresión es mucho más fuerte si pensamos que la reproducción sonora tiene la misma fidelidad fenomenal que el movimiento.
La riqueza perceptiva de los materiales fílmicos es un de los fundamentos de la impresión de realidad que da el cine, y viene reforzada por la posición psíquica en que se encuentra el espectador en el momento de la proyección. Esta posición puede ser definida en dos de sus aspectos en cuanto a la impresión de realidad, consciente de estar en una sala de espectáculos suspende toda acción y renuncia parcialmente a verificar esta impresión. Además el filme le bombardea con impresiones visuales y sonoras en una oleada continua y impresionante.
Pero a aparte de estos fenómenos de percepción ligados al material fílmico y al estado particular en el que se encuentra el espectador, aún hay otros factores en la impresión de realidad. Fuertemente sostenido por el sistema de lo verosímil y organizado de manera que cada elemento de la ficción parezca responder a una necesidad orgánica y obligatoria con respecto a una realidad supuesta, el universo diegético toma consistencia de un mundo posible cuya construcción lo artificial y lo arbitrario, se han borrado en beneficio de una aparente naturalidad. Esta como ya hemos apuntado, proviene del modo de representación cinematográfica del paso de la imagen por la pantalla que da a la ficción la apariencia de un surgimiento de acontecimientos, de una espontaneidad de lo real.
5. El cine y su espectador en el contexto del debate sobre la cultura de masas
Un estudio de las relaciones entre el cine y su espectador presupone una revisión de los diversos abordajes que las ciencias sociales realizaron en torno a la problemática de los medios masivos de comunicación y su incidencia en la sociedad. Uno de los ejes centrales de la discusión en torno al problema de los efectos de los medios de comunicación se constituyó en torno al interrogante sobre la capacidad de ciertas formas del entretenimiento y particularmente, de los medios audiovisuales, para influir sobre el espectador y conformar su conciencia del mundo o atraerlo hacia determinadas conductas sociales o elecciones políticas. Si bien aquellas teorías representadas por la perspectiva crítica frankfurteana han sido ya ampliamente revisadas, retorna siempre en el ámbito académico la pregunta por los efectos y se ensayan nuevas teorías sobre el potencial persuasivo de la denominada cultura de masas.

El cine de las primeras décadas se consideró en principio como una expresión del espectáculo destinada la diversión , en la acepción más etimológica y menos ingenua del término; el cinematógrafo era una más entre la numerosa serie de invenciones que configuraron la revolución social de fines del siglo XIX, ligada a la inserción de la cultura de masas en las sociedades post industriales. Transcurrieron varias décadas hasta que el cine fuese incluido en el contexto de las artes y diera lugar a la publicación de ensayos sobre su estética y la especificidad de su lenguaje. Sin embargo, en tanto el cine adquiría estatuto artístico y teórico, también se fue fortaleciendo como industria ligada a poderosos intereses comerciales y políticos.

Como ya se expuso, desde las primeras películas de David Griffith en Estados Unidos y desde la producción de Eisestein y los cineastas rusos de la Escuela del Montaje, el cine comenzó a concebirse no sólo como producción estética sino como medio de difusión de ideas políticas . Es cierto que fue Adolf Hitler uno de los primeros en utilizar el documental y la ficción cinematográfica con la finalidad de instalar subliminalmente su doctrina sobre la superioridad de la raza aria e inducir en las audiencias la aversión hacia un enemigo que asumía el semblante del judío o del soldado inglés; en su ya clásico De Calegari a Hitler: una historia psicológica del cine alemán, Sigfried Kracauer, dentro del atmósfera de la perspectiva crítica frankfurteana, planteó su hipótesis sobre el cine como fenómeno que opera como espejo de la idiosincracia del pueblo que lo produce y es desde esta hipótesis como encuentra sentido a la grotesca deformidad expuesta en las obras cumbres del expresionismo cinematográfico, en tanto desde la intuición artística preanunciaron la creciente monstruosidad a la que pueblo alemán se disponía a convalidar con su apoyo al régimen nacional socialista. En el capítulo titulado Calegari, Kracauer analiza una de las películas más significativas de la corriente expresionista en el cine: El gabinete del Doctor Calegari (1919) dirigida por Robert Wienne. La trama presenta la historia del científico psicópata que utiliza su conocimiento de la mente humana para manipular a su placer la vida de un sonámbulo, a quien exhibe como experimento de feria ante las atónitas miradas del público, hipnotizado también ante el hechizo del poderoso; Kracauer vio en el Doctor Calegari una prefiguración de Hitler y una metáfora de otros tantos tiranos que pervirtieron su intelecto en aras de un poder sin límites con la aquiescencia cómoda de una burguesía que deseaba a cualquier costo recuperar la prosperidad perdida tras la primera guerra mundial.
Si bien se trata de una obra fusiona los enfoques sociológico y psicológico, Kracauer comprendió como pocos el aporte del cine como punto de partida para el estudio del ser humano como individuo y su idiosincrasia social. Su obra prefigura, con otras lecturas interedisciplinarias como las de Edgar Morin, el enfoque psicoanálitico de las relaciones entre el cine y su espectador. Haremos mención de la obra de estos dos autores en el próximo informe de avance.

Mariel Ortolano
Septiembre de 2008

UNIVERSIDAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES Y SOCIALES
Departamento de Investigación

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El cine y su espectador: de la psicología a la filosofía.

Por Mariel Ortolano

El espacio académico que cubren parcialmente los estudios semióticos parece insuficiente a la hora de explicar la importancia del cine como el arte más representativo de la cultura contemporánea, por la poderosa atracción que ejerce sobre el sujeto espectador, no concebido en tanto instancia extratextual que completaría el circuito de producción de sentido, lo cual sería objeto de un enfoque semiótico, o en tanto sujeto sociológico pasible de estudiarse en el contexto de las investigaciones sobre cultura de masas y efectos de agenda mediática, sino en tanto sujeto psíquico, instancia más abstracta y más adecuada sin embargo para la particular y específica relación del espectador con el cine; la posibilidad de que la cámara–ojo opere análogamente al ojo-mente del espectador, de que el modo con que la cámara capta la realidad representada en toda fluidez, en su fragmentariedad y complejidad sea un correlato del modo con que el cerebro humano a través de la percepción del ojo puede captarla y representarla en el escenario de la mente, fue una noción que dio origen a las primeras teorías del cine. Estas teorías no obtuvieron un desarrollo paralelo al interés que provocaron en las primeras décadas del siglo XX y no han sido exploradas hasta hoy en toda su potencialidad. Una profundización de las investigaciones sobre el espectador contribuiría a explicar la constitución del cine como arte y su influencia en la creación de las diversas modalidades del lenguaje audiovisual, definitivamente instalado en la cotidianeidad del sujeto contemporáneo a través de las tecnologías multimediales.

Cine y Psicología

Las primeras teorías del cine surgieron prácticamente desde sus inicios luego de que los hermanos Louis y Auguste Lumière y Thomas Alva Edison se disputaran la invención del dispositivo cinematográfico y poco después de que la psicología diese sus primeros pasos en su constitución como ciencia separada de los estudios filosóficos, antropológicos y sociales que caracterizaron el abordaje de la conducta humana hasta el siglo XIX, la etapa en que la medicina y la psicología adquieren el estatuto de profesión científica. Con anterioridad a la Revolución Industrial, una noción más amplia y ambigua fusionaba enfoques de las ciencias naturales y humanas en el estudio de la mente y la conducta del ser humano. Dentro de ese contexto, a fines del siglo XIX, surgieron las primeras manifestaciones de la llamada psicología experimental. El primer laboratorio creado por Wilhem Wundt en 1879 estuvo destinado a estudiar el impacto psicológico de las grandes invenciones que revolucionaron la comunicación en ese momento: la aparición de la maquinaria, la electricidad, las telecomunicaciones. La experimentación de Wundt constituyó el germen de la psicología de la percepción y de la denominada Gestaltheorie.

Los trabajos de Hugo Münsterberg y de Rudolph Arnheim, formados en la filosofía alemana e influidos por el pensamiento kantiano, representaron las primeras teorías sobre el cine que consideraron la cuestión del espectador y su percepción del film. El estadio de investigación al que arribaron los trabajos de Münsterberg y Arnheim se refiere a la semejanza existente entre los mecanismos de la representación fílmica y el funcionamiento de los procesos psíquicos. En este sentido, su teoría del film es una aplicación de la teoría del conocimiento postulada por Kant en su Crítica de la Razón Pura; fundamentalmente, de la noción de que el sujeto sólo puede acceder a la realidad a partir de ciertas categorías apriori que conforman su modo de percepción (las formas de la sensibilidad) y su pensamiento (las categorías del juicio). Según estas categorías apriori de la sensibilidad, sólo cabe al sujeto percibir el mundo bajo la formas del espacio y del tiempo, categorías cuya entidad no es posible atribuir a realidad ya que constituyen la condición de posibilidad del único conocimiento accesible al ser humano. Desde este punto de vista, el sujeto crea la realidad a partir de su percepción y desconocerá, por lo tanto, la llamada cosa en sí. De acuerdo con esta noción, la psicología de la percepción estudia el modo con que el ojo humano percibe la realidad: la perspectiva y la tridimensionalidad son creaciones de la mente humana que luego se reconstruyen artificialmente en las formas artísticas que operan con la espacialidad como materia prima, como es el caso de la pintura o de la escultura.

Formado dentro de este marco filosófico y en la psicología experimental de Wilhem Wundt, Hugo Münsterberg demostró que el fenómeno cinematográfico esencial, la producción de movimiento aparente, se debe en realidad a una propiedad del cerebro, el efecto phi, y no al fenómeno de la persistencia retiniana tal como se venía sosteniendo hasta ese momento. Münsterberg suma a las teorías de la percepción la noción filosófica que fusiona la percepción física del ojo humano a la elaboración intelectual de la mente. A partir de esta constatación, concibe al cine como un proceso mental, como un arte del espíritu y no sólo como un fenómeno físico explicable a partir de una cualidad física del ojo humano en su reacción frente a ciertos estímulos. El llamado el efecto Phi es entonces una categoría más de la sensibilidad, tal como las que había sistematizado Kant en su teoría del conocimiento. Siguiendo un razonamiento esencialmente idealista en lo filosófico, para Münsterberg el film no existe; lo crea la mente que lo percibe y su entidad es el correlato de los mecanismos con que la mente crea la realidad misma. Rudolph Arnheim retoma estas teorías, pero desde una postura menos mentalista; a su juicio, la percepción humana imita en cierto modo las grandes categorías organizativas que rigen a la naturaleza: la ascensión y la caída; la dominación y la sumisión, la armonía y la discordia ; el cine, al reproducirlas mediante los movimientos de la cámara, procede al modo de la mente y opera de modo que el espectador reproduzca en la propia nociones similares.

Si bien los ensayos de Münsterberg y Arnheim derivaron en una normativa de cómo el cine debía realizarse en base a su percepción por parte del espectador y descalificaron de manera dogmática toda forma de cine no estrictamente visual (consideraron la inclusión de la banda sonora como un elemento espúreo), los aspectos centrales de su reflexión permanecen vigentes y fueron desarrollados posteriormente por Jean Mitry en Estética y Psicología del cine, uno de los textos de referencia en teoría cinematográfica, que sintetiza conceptos de la Gestaltheorie, de la fenomenología y de la psicología de la percepción.

Este planteo rescatado de las primeras teorías del cine, imbuidas del idealismo alemán y de la psicología de la percepción, puede sintetizarse en la formulación de un primer problema abordado en la presente investigación: el modo con que el cine representa la realidad opera como un correlato del modo con que la mente la percibe, o bien, en términos más afines la concepción del idealismo filosófico, el cine crea la realidad por medio de la cámara de manera análoga a la forma con que el sujeto la crea.

1- El problema de los efectos

Estas nociones inspiraron una modalidad de realización que varios cineastas utilizaron con finalidades doctrinarias: si el cine reproduce los mecanismos de la mente y los modos de percepción de la realidad, por qué no sería posible influir en los espectadores y concebir al cine como un instrumento privilegiado de propaganda.

En tal sentido concibieron el cine los realizadores que integraron la célebre Escuela Rusa del Montaje, como Serguei Eisestein , Vsevolod Pudovkin y Lev Kulechov, quienes iniciaron su producción en las primeras décadas del siglo XX. Sergei Eisestein, que había observado la experiencia de Walter Griffith y su descubrimiento del montaje alternado como recurso que concibió para obtener determinados efectos en el espectador, creó su célebre montaje de atracciones bajo la influencia de Pavlov y de la psicología conductista norteamericana. Eisestein pensó que podían inducirse determinadas lecturas del film si se operaba un shock emocional en el espectador mediante la yuxtaposición de determinadas secuencias de fuerte contenido dramático y similitud simbólica, combinadas de modo tal que operaran un quiebre de la narración realista y obligaran al lector a co-crear con el realizador a través de la generación de sus propias ideas. La teoría y, sobre todo, la obra de Eisestein muestran una reelaboración de la postura conductista. A su juicio es posible inducir ciertas nociones en el espectador (lo cual fue abiertamente asumido por Pudovkin o Kulechov) y concibe en realidad un cine que apunta a movilizar al público y lo obliga en cierto modo a adoptar una actitud creativa y a completar un mensaje que se le brinda abierto; es decir, más que un cine de propaganda, el suyo es un cine que contribuye a la constitución del arte cinematográfico. Eisestein concibe al cine como arte en el sentido etimológico del término, como artefacto y no como reproducción o reflejo de la realidad.

Esta oposición entre un cine que transgrede los principios del realismo, confrontado al de la mímesis como esencia (la noción del cine ontológico de André Bazin ) sería el inicio de una larga polémica, aún vigente, entre quienes consideran que el cine, en tanto arte, debe crear una realidad y quienes opinan que debe reproducirla.

3. Una lectura antropológica

El libro de Etienne Souriau L’ universe filmique (1953) reúne una serie de artículos que anticipan las teorías de Edgar Morin sobre la vinculación del cine con otros fenómenos de creencia popular; la experiencia del espectador en un territorio ambiguo entre la realidad y la magia, la vigilia y el sueño. Aunque va delineando el enfoque psicoanalítico de la recepción del mensaje cinematográfico, Edgar Morin publicó El cine o el hombre imaginario (1956) como ensayo antropología sociológica que retoma la idea sartreana de la imagen como presencia-ausencia del objeto. La imagen fotográfica y la imagen en movimiento evocan la sensación que Jean Paul Sartre define como presencia vivida y como ausencia real . De esta paradoja surge la fuerza ilusoria de la imagen que obsesiona al ser humano con su potencialidad para vencer al tiempo y a la muerte. Partiendo de esa hipótesis, Morin postula que la percepción del espectador de cine es análoga a la percepción del mundo por parte del hombre primitivo y de la mente infantil que presentan como rasgo común el no ser conscientes en principio de la ausencia del objeto y atribuyen al sueño la misma condición de realidad que a su vigilia. Según Morin, la percepción del filme reviste todos los aspectos de la percepción mágica, ya que se funda en un principio afín al representado por la creencia en el doble, las metamorfosis y en la ubicuidad. El hombre primitivo experimentaba temor y fascinación ante los sueños, las sombras, los reflejos, los espejos, de los cuales surgen la creación imaginaria de fantasmas y espíritus y el proceso psíquico de la alucinación. Cuanto más poderosa es la necesidad objetiva, más poderosa es la imagen que tiende a proyectar. No se trata en este caso de la transferencia de pulsiones reprimidas en un objeto exterior. En el caso de la imagen cinematográfica, como en los dobles o en la sombra, es el propio otro yo el que se proyecta en un proceso que responde a la necesidad más profunda del ser humano: el deseo de inmortalidad. De este modo, Edgar Morin anticipa el enfoque semio-psicoanalítico de Christian Metz en su análisis de los mecanismos comunes al trabajo del sueño y los de la creación cinematográfica a partir de los conceptos freudianos de proyección e identificación a los que él describe desde el concepto de enajenación que retoma de filosofía alemana:

(…)Nuestros estados psíquicos nos son siempre más o menos extraños. En sus estados llamados subjetivos, el sujeto encuentra en él objetos. Ideas, recuerdos, conceptos, nombres, imágenes, sentimientos, experimentan en nosotros lo que los alemanes llaman Entfremdung, un extrañamiento, una enajenación. Y si, por costumbre, solamente ciertos estados nuestros, llamados percepciones, son proyectados al espacio, esta objetivación máxima parece poder generalizarse a todos los procesos psíquicos .

El concepto de presencia vivida y ausencia real aplicado a los fenómenos de proyección en la imagen del deseo de inmortalidad y el impulso de anulación del tiempo y de la muerte inspira también las reflexiones de Roland Barthes y se anticipa en la teoría del cine propuesta por Sigfried Kracauer . Los trabajos de Julia Kristeva rescatan estas nociones que la presente investigación pretende retomar y actualizar en relación con el fenómeno del cine y su espectador.

4. Psicoanálisis y cine

El ensayo Cine y psicoanálisis: el significante imaginario (1974) de Christian Metz es el punto de partida del enfoque semio-psicoanalítico del problema del espectador de cine y el trabajo de referencia sobre las relaciones y entre el psicoanálisis y el cine.

Son varios los problemas de investigación que Metz desarrolla a lo largo de su obra; la presente investigación se propone retomar algunos de sus interrogantes. En primer lugar, la indagación sobre la vinculación entre la actitud del espectador y el proceso de identificación descrito por la teoría psicoanalítica; en segundo lugar, el modo con que el proceso de identificación del espectador con el film opera de manera análoga al trabajo psíquico del sueño.

• El problema de la identificación

Ya desde el dispositivo que constituye la institución, el individuo encuentra en la sala cinematográfica un refugio y un descanso de la amenaza de la vida. La oscuridad del teatro, la luz del proyector, la relativa inmovilidad, el permanecer callado y pasivo junto otros que también observan las imágenes proyectadas en la enorme pantalla, sugieren un estado de regresión a una fase infantil en que las carencias y las frustraciones son compensadas y gratificadas. Metz explica esa regresión momentánea en base al concepto que Freud define en su segunda tópica como identificación primaria. Este proceso representa una fase esencial en la formación imaginaria del Yo. Metz relaciona este fenómeno que Freud define como identificación primaria con la denominada fase del espejo que Jacques Lacan describe como etapa conclusiva en la conformación del narcisismo primario . Siguiendo los postulados psicoanaliticos, el espectador, según Metz, experimenta una regresión a la etapa infantil en que el niño percibe por primera vez su imagen reflejada (en un espejo, en una superficie límpida) y comienza reconocer su identidad como diferente de la de la madre; del mismo modo que el bebé se identifica con su propia imagen reflejada, el espectador se identifica en principio con la cámara, es decir, identifica su mirada con la mirada de la cámara , un proceso que ya desde los inicios del cine intuyeron los realizadores y que en el lenguaje cinematográfico se traduce con el recurso de la llamada cámara subjetiva (un procedimiento que induce la identificación del espectador con la cámara a través de la mirada de un personaje). Metz designa este proceso con el concepto de identificación cinematográfica primaria. La regresión a este estadio se evidenciaría en la sensación de omnipotencia infantil que le permite creer que es él mismo quien construye el relato.

Metz se refiere además al proceso de identificación cinematográfica secundaria afín al proceso de Identificación secundaria que el individuo experimenta en la fase de elaboración del triángulo edípico. Según el grado de evolución en cuanto a la identificación con el progenitor del mismo sexo y la posición que el sujeto ocupe en esa elaboración, resolverá la proyección de su deseo. En esta línea puede estudiarse la identificación del público con los personajes en el universo de la ficción cinematográfica.

….Se puede decir que todo relato, en cierto modo, fascina por eso, revive la escena de Edipo, el enfrentamiento del deseo y de la Ley (…) Todo relato clásico inicia la captación de su espectador al ahondar la separación inicial entre sujeto deseante y objeto de deseo. Todo el arte de la narración consiste luego en regular la persecución siempre relanzada hacia este objeto de deseo, cuya realización está diferida sin cesar, dificultada, amenazada, retardada, hasta el final del relato

Según el grado de elaboración del duelo edípico, el espectador puede identificarse con la figura de la víctima o del agresor, con el héroe o con el monstruo .

• La analogía entre el sueño y el film

Tres vías señaló Freud como puertas de entrada al inconsciente: el sueño, el acto fallido y la creación imaginaria. Freud mismo plantea una analogía entre el llamado trabajo del sueño y la creación imaginaria basándose en el supuesto de que el inconsciente opera en base a la apropiación y reelaboración de imágenes.

Así como el sueño presenta un contenido latente, un contenido manifiesto y una elaboración secundaria, la creación de imágenes reproduce el mismo proceso que la psique humana ya conoce. La condensación y el desplazamiento son los recursos básicos que la psique despliega para enmascarar el contenido latente y preservar a la psique de la angustia resultante de su irrupción abrupta en el plano de la conciencia. El contenido manifiesto se traduce a su vez mediante una elaboración secundaria que eslabona los huecos de aparente sinsentido y transpone el plano inaccesible de lo imaginario hacia el orden de lo simbólico. Del mismo modo, en la creación imaginaria puede observarse un contenido latente y uno manifiesto. El recurso que permite la plasmación del imaginario inconsciente en la imagen creada ya fue estudiado por Freud mediante la redenominación de los procesos de condensación y desplazamiento en las diferentes modalidades de la retórica figural, fundamentalmente, la metáfora y la metonimia. Por supuesto, se podría pensar en la elaboración secundaria que opera en el proceso de plasmación de la imagen artística, en la medida que se ponen en juego los aspectos técnicos de cada lenguaje artístico.

Una observación destacable es que, según la teoría freudiana, tanto en el caso del sueño como en el de la creación imaginaria, existe un sentido que se puede indagar, se verifica el proceso de regresión y se movilizan las estructuras de la fantasía inconsciente. Estos factores, en relación con el fenómeno de la recepción del mensaje cinematográfico, se aplican tanto al creador como al espectador. Cuando el sujeto–espectador observa el film, también lo está soñando: su deseo inconsciente trabaja en consonancia con el deseo inconsciente de sus creadores .

La concepción de la actividad del espectador como identificación, es decir, como regresión narcisista a un estadio infantil, supone como postulado, discutible y ya superado, que el espectador es asimilable al sujeto del psicoanálisis. Sin embargo, el propio Freud justifica la aplicación de la teoría psicoanalítica como instrumento de interpretación del hecho artístico y literario, ya que su sistema es una interpretación de la cultura y no solamente de la psique individual . Revisiones recientes del enfoque psicoanalítico amplían los conceptos de identificación-proyección aplicados al cine, en el intento de otorgar mayor especificidad al enfoque con el fin de evitar los riesgos de una extrapolación no pertinente al objeto de estudio. Lo deseable sería no sostener dogmáticamente las definiciones provenientes de la teoría psicoanalítica sino utilizarlas como punto de partida para la reflexión.

Se plantea en la presente investigación la intención de revisar y profundizar los conceptos centrales del enfoque semio-psicoanalítico expuestos en este primer informe de avance. Futuros informes darán cuenta además de las discusiones esenciales en torno a la teoría psicoanalítica aplicada al cine. Algunas de ellas se refieren al llamado efecto de ficción relacionado con el aparato cinematográfico (el tema de la regresión en relación con la institución-sala cinematográfica- facilita el régimen de creencia); la puesta en juego de la llamada novela familiar ; la mirada del espectador, el voyeurismo, vinculado a la fantasía de la escena primitiva; el fetichismo como acentuación de la pulsión escópica y, por último, la reformulación que el feminismo realiza de las categorías psicoanalíticas aplicadas al cine desde la óptica de los Estudios Culturales.

5. Cine y filosofía: simulacro o recuperación del vínculo con el mundo.

Desde el psicoanálisis existencial planteado por Jean Paul Sartre, las reflexiones de Roland barthes y Julia Kristeva plantearon interesantes reflexiones sobre la experiencia de ver cine. Del mismo modo, una revisión interesante del concepto de identificación aplicado al cine y su espectador parte del ámbito filosófico contemporáneo.

En tal sentido mencionamos varios de los ensayos del pensador francés Jean Baudrillard. Ya no cabría, según Baudrillard, indagar la trama de la alienación, ya que, paradojalmente, la hipertrofia de la información acaba con toda mirada o, con toda imagen y, por consiguiente, con todo reconocimiento. En un universo frío, la pasión se sustituye por el éxtasis de las imágenes. Desde una óptica pesimista, el pensador francés lee el desafío de la diferenciación, que constituye al sujeto especularmente, siempre a partir de un otro que nos seduce o al que seducimos, al que miramos y por el que somos vistos; ese narcisismo esencial del sujeto posmoderno hace que el solitario voyeurista ocupe el lugar del antiguo seductor apasionado.

Esta lectura que ya fue expuesta desde la visión psicoanalítica inspira una reflexión oscura sobre el estadio actual de evolución psicológica del sujeto espectador, atrapado en el juego de la banalidad cotidiana, convertido en espectáculo que se ofrece a la mirada del otro en el día a día del teatro social. Su soledad le demanda un espejo simbólico en el que poder reencontrar a los otros, un espejo , la unidad de una imagen a la que sólo puede llevar su ser fragmentado. Un sujeto que interactúa con las imágenes fluidas como en un juego de ilusiones y de fantasmas, un patético modo de certificar la experiencia, un modelo perfecto de todos los órdenes de simulacros: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etcétera.

En una época de máquinas inteligentes y de incertidumbre filosófica, cabe investigar si las vidas virtuales pueden constituir un modo lícito de exploración de nuevos horizontes de identidad para lo humano. En tal sentido procede Jean Louis Schéfer quien sugiere que la importancia del cine no radica en el reencuentro (regresión narcisista) sino en el encuentro, en el asombro, en la sorpresa, o en el miedo a lo desconocido. Según Schéfer, se va al cine en “busca de simulaciones más o menos terribles y no de una ración de sueños. Cuando estoy en el cine, soy un ser simulado” .

La idea de Schéfer parece asociarse al concepto pesimista de Jean Baudrillard en relación con la sociedad del espectáculo: la subjetividad del ser humano en la era de la imagen parece más ligada al simulacro que al compromiso con la vida, sin embargo, la posibilidad de que las creaciones de la cámara fotográfica y digital impriman a la imagen en movimiento la temporalidad y la espacialidad de la propia vida no deja de constituir un desafío para el pensamiento contemporáneo que adopta en la actualidad al cine como objeto de variadas reflexiones en torno al concepto de simulación como un modo de vida posible, como potencialidad y búsqueda, en un universo fluido atravesado por la incertidumbre y en plena crisis de adaptación a profundos cambios sociales y relacionales. El simulacro de una vida en la pantalla puede compensar las zonas de falla del sujeto descentrado, carente de raíces y de vínculos sólidos, individuo fragmentado en un universo fragmentado y, sin embargo, potencialidad pura en tanto retorna a su condición primitiva e infantil: la búsqueda de la magia connatural a la imagen le devuelve el asombro original, aquel que lo impulsa a construir una identidad distinta, signada por la multiplicidad y la inestabilidad, en proceso constante de conformación y de mutación.

El aporte del la filosofía al estudio del cine no puede completarse sin una mención de la obra de Gilles Deleuze. En su libro Imagen Movimiento/ Imagen Tiempo, inspirado en el concepto de duración bergsoniana, retoma las categorías de análisis que de hecho habían considerado las primeras teorías del cine en base a las categorías del tiempo y del espacio como soporte ontológico sobre el cual opera el lenguaje cinematográfico a diferencia de las artes tradicionales . La presente investigación se plantea efectuar un breve recorrido por la obra mencionada, considerada actualmente como el modelo de experimentación filosófica que tiene al cine como eje de reflexión en torno al cual puede seguir pensándose la condición humana.

El problema planteado por Deleuze reformula el clásico interrogante filosófico sobre la existencia de la imagen independientemente de la percepción que de ella se tiene. La imagen no es una duplicación de la realidad pero expresa una realidad. La peculiaridad de la expresión cinematográfica muestra en principio el vínculo entre el hombre y la realidad y también sus deseos de transformación del mundo. Sin embargo, ya no se sustenta una creencia en la realidad. En la actualidad asistimos no a la pérdida de la realidad pero sí a la pérdida del vínculo con el mundo:

…el hecho moderno es que ya no creemos en este mundo, ni siquiera creemos en lo acontecimientos que nos suceden, el amor, la muerte, como si nos concernieran a medias. No somos nosotros los que hacemos cine, es el mundo el que se nos aparece como un mal film…lo que se ha roto es el vínculo del hombre con el mundo. A partir de aquí este vínculo será objeto de creencia: el es lo imposible que puede volverse a dar en una fe. La creencia ya no se dirige a un mundo distinto, o transformado. El hombre está en el mundo como en una situación óptica y sonora pura. La reacción de la que el hombre está desposeído no puede ser reemplazada más que por la creencia. Sólo la creencia en el mundo puede enlazar al hombre con lo que ve y oye… lo seguro es que creer ya no es creer en este mundo, ni en un mundo transformado. Es simplemente creer en el cuerpo. Devolver el discurso al cuerpo y, para eso, alcanzar el cuerpo anterior a todos los discursos, anterior a las palabras, anterior al nombramiento de las cosas …

La historia del cine muestra como hemos pasado de una imagen manifiesto a una imagen sin contenido, sólo de experimentación. Aún así, esta pérdida del vínculo con el mundo no constituye ningún dolor, ninguna nostalgia. Incluso asumir esta pérdida implica una toma de conciencia de la posibilidad del pensamiento en general y del cine en particular de recuperar la creación. Según Deleuze, la imagen cinematográfica puede recobrar el vínculo con el mundo y además construir un mundo liberado de los discursos que impiden su devenir. Esta es la posibilidad del arte y de la filosofía: producir encuentros, afectos que, en términos deleuzianos, inspiren al ser humano la voluntad de querer crear.

Mariel Ortolano
Abril de 2008
Departamento de Investigación- UCES-

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La sociología anglosajona fue la disciplina que introdujo el concepto de mass communication o mass media, tan generalizado en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación, aunque otras líneas siguen prefiriendo la denominación de Medios de Comunicación Social, dado que el término masa enfatiza la connotación de anonimato y pasividad de las audiencias que, según los últimos estudios en la materia, no se ha revelado tan pasiva en la recepción de los mensajes de los medios.

1. El enfoque filosófico:

El estudio de los problemas referentes a las comunicaciones masivas ha atravesado dificultades en cuanto a su enfoque por parte de los teóricos de la comunicación. Por un lado, lo rechazan quienes minimizan su importancia en beneficio del estudio de realidades sociales más consistentes (economía, historia, clases sociales, luchas políticas, etc). Por otro lado, cuando se le reconoce su importancia, el enfoque de la problemática de los medios se polariza en dos actitudes contrarias: o bien se atribuyen a los medios de comunicación todos los males que agobian a nuestras llamadas sociedades de consumo, desde el adoctrinamiento sistemático de las conciencias hasta la vulgarización y la banalización de la vida cotidiana y de las mentes del público, o bien, en el extremo opuesto, se considera a los medios como instrumento de sensibilización de la inteligencia de los usuarios y se magnifica el poder transformador de su tecnología. Este debate entre corrientes teóricas de pensamiento que analizan los efectos de los medios fue sistematizado por Umberto Eco en su trabajo Apocalíticos e Integrados de 1964. Básicamente se refiere al alineamiento de la crítica en dos corrientes: la iniciada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, de raíz marxista y la iniciada por el filósofo canadiense Marshall McLuhan.

Apocalípticos e integrados

Con su defensa a ultranza de la racionalidad crítica, los pensadores de la Escuela de Frankfurt continúan la herencia teórica y metodológica de Hegel, Marx y Freud. Desde ese marco analizan la problemática derivada del funcionamiento de las sociedades postindustriales. La primera generación frankfurteana[1], formada intelectual y espiritualmente en la atmósfera de la primera posguerra (entre los años 1924 y 1932), tuvo como representantes más destacados a Théodor Adorno, Frank Horkheimer y Herbert Marcuse. El aporte central de estos pensadores fue analizar la cultura como mercancía cuyo intercambio promueve la conformación de industrias: las industrias culturales que en su visión constituyen una pseudo-cultura[2]. El autor más conocido de la segunda generación es Jürgen Habermas, quien se aleja del método marxista e incluso lo rechaza. Lo que plantea en su obra fundamental, Teoría y Praxis es, por un lado, el estudio de la tecnocracia como ideología y, por otro, las interconexiones de comunicación, ciencia y opinión pública.

Desde un marco teórico totalmente diferente, el filósofo canadiense Marshall Mc Luhan consideró a los medios masivos como instrumentos destinados a colaborar en la evolución de las capacidades del hombre. En su obra de 1964, La comprensión de los medios, a partir de la observación de los primeros efectos de la televisión sobre las audiencias, analiza a los medios masivos como extensión de las facultades humanas. así como para el hombre primitivo la invención del arado significó una extensión de la mano y de la posibilidad del cultivo en gran escala, o la rueda , como extensión del pie, le permitió salir del limitado mundo de su aldea, así los medios masivos, como extensión del sistema nervioso central, activan las facultades intelectivas del hombre y agudizan su percepción. En su libro El medio es el mensaje(1964), capitalizando la ambigüedad fonética del término en inglés, analiza al medio como mensaje (message) y como masaje (massage), es decir, para McLuhan, el medio no sólo comunica sino que también modifica la mente humana, obligándola a ejercitar sus capacidades.
Estas tendencias críticas, desde el ámbito de la filosofía o de la sociología, obviaron, sin embargo, ciertos aspectos específicos del proceso de la comunicación, vacilaciones metodológicas que se revisaron desde el ámbito más específico de los estudios semióticos. Umberto Eco señaló un error metodológico común a los, por él así llamados, apocalípticos e integrados. Tanto unos como otros consideran un sólo factor del circuito comunicativo como determinante de la acción de los medios: la fuente emisora. Esto implica, por supuesto, una grave omisión, ya que no consideran en su análisis los problemas relacionados con la recepción. El receptor de los mensajes de los medios decodifica la información de acuerdo con sus propios códigos lingüísticos, culturales, ideológicos y , sobre la base de sus propias competencias, construye un mensaje que, independientemente de la intencionalidad del emisor, en principio está vacío. En definitiva, para Eco[3], el receptor reelabora los mensajes libremente a partir de su propia interpretación.
La consideración de la interpretación de los mensajes desde la recepción y el análisis de las condiciones de producción y circulación de los mensajes es el aporte esencial de la semiótica al estudio de los medios.

2. El enfoque semiótico: la teoría de los discursos sociales

Para realizar una investigación más precisa sobre el lenguaje de los medios, conviene establecer inicialmente que los medios de comunicación comprenden numerosos tipos de discurso, de géneros y de subgéneros y que el discurso de la información es sólamente uno de ellos. Desde la teoría de los discursos sociales, síntesis postulada por Eliseo Verón a partir de los aportes de la teoría de la enunciación y de autores como Wittgestein, Bateson y Peirce[4], el conjunto de discursos sociales sobre la realidad conduce a la constatación de que hay tantas realidades como discursos y los medios informativos constituirían entonces medios de producción de lo real social. El carácter de acontecimiento lo construye el medio a través de la noticia:

Los acontecimientos sociales no son objetos que se encuentran ya hechos en alguna parte en la realidad y cuyas propiedades y avatares no son dados a conocer de inmediato por los medios con mayor o menor fidelidad (…) sólo existen en la medida en que esos medios los elaboran (….) Al desbordar la multiplicidad de los modos de construcción, la eficacia de las invariables del discurso termina por producir una unificación imaginaria y valiéndose del poder de su designación, el acontecimiento se impone en la intersubjetividad de los agentes sociales[5].Los medios planean su estrategia comunicativa según las características etarias, sociales, culturales, económicas del segmento al que se dirigen. Puede observarse que el tratamiento de la noticia varía de un noticiero televisivo a otro según el multimedio que lo produzca y lo mismo sucede con la prensa escrita. Ese vínculo que se establece entre el medio y el público es una suerte de acuerdo tácito, ya que, cuando alguien compra determinado diario o ve cierto programa de televisión, elige según qué dimensión desea recibir la información- si desea reflexión u opinión en el plano moral (dimensión de las reglas), si necesita la información como una suerte de sucedáneo de la ficción (dimensión del sentimiento) o si pretende objetividad en la exposición (dimensión de los hechos). Al comprar un diario o una revista o elegir un programa de televisión también se está estableciendo un vínculo, en términos de Eliseo Verón, un contrato de lectura[6] : se elige un modo de acceder a los acontecimientos que propicia la creencia de que se está conociendo la realidad.
Sin embargo, lo real es una construcción subjetiva. El acto de enunciar un mensaje es el acto de producción de lo único real que puede producirse: lo imaginario. La modalidad con que se enuncia un hecho, desde la selección del léxico hasta la gestualidad y el tono de voz, implica un recorte de la realidad que es reelaborada según la perspectiva del sujeto que enuncia; todo acto de enunciación es una construcción imaginaria de la realidad, producto de la subjetividad del enunciador.
La información que transmiten los medios es la construcción de ese imaginario que tanto el comunicador como el público conciben como realidad porque ese enunciado se inviste por la creencia[7].

Por esta razón sería inadecuado reclamar objetividad de parte de los medios de comunicación: no se cree en un discurso porque es objetivo sino porque se define como objetivo. Los hechos que muestra un noticiero televisivo constituyen una elaboración verosímil de los hechos reales, pero no son un reflejo de la realidad. La problemática ligada a la edición del material fílmico y la manipulación de todos los códigos del lenguaje audiovisual operan sobre los hechos registrados por la cámara y lo mismo sucede con los textos verbales que conforman el relato periodístico o se superponen a la imagen en la pantalla.

3- Tendencias actuales sobre la investigación de los medios (communication research): las teorías sobre la construcción de la noticia.

Las tendencia actuales de la investigación sobre los medios de comunicación (communication research) se basan en la propuesta de problemas específicos (cómo se construye la noticia, qué valores convierten a un acontecimiento en noticia), dejando de la do el debate ideológico sobre la influencia positiva o negativa de los medios masivos sobre la opinión pública. Estas tendencias se caracterizan también por integrar diversos ámbitos disciplinarios.

3.1. La teoría de la construcción del temario (agenda setting)

Un enfoque de la influencia de los medios que obtuvo considerable consenso entre los teóricos de la comunicación se concretó en el modelo integrador de la teoría de la construcción del temario (agenda setting),[8] que se basa predominantemente en la investigación de las relaciones entre los temas que los medios han destacado como importantes y los temas que son importantes para el público: existiría una relación causal entre el contenido de los medios y la percepción del público respecto de lo importante en la información diaria.

Es muy posible que los mass media no tengan el poder de transmitirle a la gente cómo debe pensar, pero lo que sí consiguen es imponer al público en qué deben pensar[9]

La caída del periodismo gráfico es un hecho real y su espacio en el universo mediático es precario si comparamos la totalidad de la tirada de los diarios con los millones de espectadores que atrapa la televisión. Y estos cambios comunicacionales (radio, T.V, Internet), tienen mucha importancia en la construcción de las agendas, dado que, poseen una influencia directa en la producción de mensajes y también en la construcción de los públicos.
Esta pérdida de masa de lectura que padecen los diarios se debe también a otros motivos. En realidad, todavía hoy, el periodismo no encontró formas eficientes para comunicar a los lectores no especializados ciertos temas considerados como las zonas duras de la información, es el caso de los temas económicos y financieros, conceptos que se presentan como opacos y difíciles para los grandes públicos. Las noticias que remiten a la violencia pasaron a constituir una tendencia en crecimiento y desbordaron los límites de las secciones policiales para integrar la agenda global. Según Aníbal Ford[10], es como si la vieja estrategia del periodismo popular se hubiese extendido a todos los medios.
Hay temas de la agenda que desbordan la estructura tradicional de la información e ingresan en la opinión pública y el imaginario social a través de géneros no solamente informativos, sino también de géneros [11]híbridos que surgen de la fusión de la información con modalidades de enunciación propias de los géneros de ficción o de entretenimiento. La aparición del sufrimiento, de lo trágico, la impunidad o la corrupción, los detalles crueles sobre las injusticias sociales, se transforman en materia de infoentretenimiento. Esos géneros alcanzaron una expresión máxima en la conformación de géneros híbridos como el magazine, el talk-show y el reality-show..

3.2. La noticiabilidad

Según Mauro Wolf, la noticiabilidad

es el conjunto de elementos a través de los cuales el aparato informativo controla y gestiona la cantidad y el tipo de acontecimientos de los que seleccionar las noticias en función de determinados valores que varían histórica y culturalmente. Podemos definir los valores/noticia (news values) como un componente de la noticiabilidad. Representan la respuesta a la siguiente pregunta: “¿qué acontecimientos son considerados suficientemente interesantes, significativos, relevantes, para ser transformados en noticias?”. [12]

Los valores/noticia son utilizados de dos maneras:
1- Son criterios para seleccionar entre el material disponible en la redacción los elementos dignos de ser incluidos en el producto final.
2- Funcionan como líneas-guía para la presentación del material, sugiriendo qué es lo que hay que enfatizar, lo que hay que omitir, a qué temas dar prioridad en la preparación de las noticias que se presentan al público.
Algunos criterios de noticiabilidad pueden ser, a modo de ejemplo, lo inédito de la noticia, que su interés se proyecte a la mayor cantidad de gente posible, la extrañeza o improbabilidad del suceso, o bien, la posibilidad de provocar identificación o empatía.
Los valores/noticia deben permitir una selección rápida del material recabado para la información, propiciando una evaluación casi automática de las noticias y, sobre todo, que no sea susceptible de demasiados errores.
Cabe destacar que, si bien hace algunos años ciertos temas no hubieran sido considerados noticiables, hoy normalmente constituyen noticias, mostrando la gradual extensión del número y del tipo de argumentos temáticos considerados dignos de ser comunicados (colaboraciones, opiniones especializadas, insertos especiales). Un ejemplo de esta tendencia lo constituye la cobertura informativa que los medios reservan a los single issue movements[13], es decir, a los movimientos de opinión que se coagulan en la sociedad civil en torno a problemas como los derechos de las minorías y otras causas civiles.

Mariel Ortolano

[1]La Dialéctica del iluminismo de Adorno y Horkheimer y El hombre unidimensional de Marcuse constituyen la génesis de la teoría de la pseudocultura, aporte central de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Walter Benjamin reprentó la vertiente esteticista de la escuela, en tanto que Erich Fromm aplicó los mismos principios a una revisión de la teoría freudiana en los campos psicológico y sociológico.
[2] La bibliografía sobre las teorías de la Escuela de Frankfurt es muy amplia, recomendamos el libro Cultura y Comunicación, Introducción a las teorías contemporáneas, de Blanca Muñoz (Barcelona, Barcanova, 1989, cap 3)
[3]Umberto Eco desarrolla este tema de manera sistemática en un artículo de 1967, Para una guerrilla semiológica (en La estrategia de la ilusión, Barcelona, Lumen, 1986)
[4]La teoría de los discursos sociales se basa en la corriente semiótica fundada por Charles Sanders Peirce. El modelo sígnico ternario que aporta Peirce no sólo permite explicar el proceso de producción de sentidos y de construcción de la realidad, cuestiones que el modelo binario de Saussure no posibilita, sino que también es más abarcador que éste, ya que su definición de signo no se restringe a las características que se aplican a la lengua verbal.
[5]Verón, Eliseo. Construir el acontecimiento. Barcelona, Gedisa, 1987. Introducción.
[6]Eliseo Verón, El análisis del “Contrato de Lectura”, un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes de los media, en “Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications”, IREP, París, 1985.

[7] Cuando se cree en la enunciación de otro, se produce la apropiación por parte del receptor de la enunciación realizada por el emisor: se asume como propia la enunciación del otro. La creencia es un proceso que se da también en el enunciador, que no percibe la selección subjetiva que realiza sobre los elementos que la realidad ofrece. Para profundizar sobre las teorías de la enunciación puede consultarse La enunciación: la subjetividad en el lenguaje de Catherine Kerbratt-Orecchioni (Buenos Aires,Hachette, 1986).
[8] Esta teoría fue propuesta por los norteamericanos M. Mc Combs y D. Shaw en 1979.
[9] Alsina, M. La construcción de la noticia. Barcelona, Paidós, 1993. Cap.6, p62
[10]Ford, Aníbal y Martini , Stella. Acontecimiento, Noticia, Agenda. Buenos Aires. Documento de la Cátedra, 1966 (Revisión 1988).
[11]Para una profundización sobre el tema de los géneros televisivos puede consultarse el trabajo de Oscar Steimberg, Semiótica de los Medios Masivos (buenos Aires, Atuel, 1993). El concepto de hibridización de los géneros en la actualidad (fusión de formatos tales como información y humor al modo de Caiga quien Caiga , por ejemplo) fue tratado por Lorenzo Vilches en La televisión, Los efectos del bien y del Mal (Barcelona, Paidós, 1996)
[12]Wolf, Mauro. La investigación de la Comunicación de Masas. Barcelona, Paidos, 1987. Parte II, Cap. 3., pág. 222.
[13]Literalmente, movimientos de una causa única, como, por ejemplo, los movimientos de defensa de los derechos de la mujer, las organizaciones que luchan contra la discriminación de los homosexuales o de las minorías raciales, las organizaciones ecologistas, etc.

por Mariel ortolano


La Perspectiva crítica

Conformada entre los años 1924 y 1932, esta escuela de pensamiento continúa la línea crítica que se inicia en Europa con la Ilustración y que caracteriza en definitiva al pensamiento europeo: la fuente del filosofar es más la incredulidad que el asombro. En el contexto del surgimiento del nazismo, representan la defensa de la razón a ultranza frente al avance del irracionalismo. Sus fuentes doctrinarias representadas por las teorías de Hegel, Marx y Freud establecen una perspectiva pesimista en relación con los fenómenos culturales que se asociaban en la primera parte del siglo XX a la masificación de las comunicaciones.

Desde la publicación de La industria cultural (1947) el análisis de los fenómenos ideológicos en relación con la institucionalización económica y cultural de los medios es su principal objeto de estudio y, por consiguiente, los efectos de las industrias culturales sobre el público.

El concepto de industria cultural que introdujeron Adorno y Horkheimer por primera vez en La dialéctica de Iluminismo reemplaza el concepto de “cultura de masas” (la elección del término tiene como finalidad evitar malentendidos en torno a su enfoque: su obra no implica una crítica a la cultura de masas entendida como cultura popular, es decir, la cultura surgida de las propias clases populares, sino para definir lo que hoy más genéricamente podemos denominar cultura mediática: la cultura producida y difundida por los medios masivos de comunicación).

La noción de “industria cultural” da cuenta del proceso de “transformación cultural en su contrario”. La cultura concebida como mercancía (es decir, no se concibe y produce como un bien en sí mismo sino como valor de cambio) estandariza los gustos del público, les ofrece estereotipos y baja calidad, determina el consumo y elimina riesgos: como consecuencia de este dominio no declarado, el individuo es manipulado por los medios y termina por adherir de manera acrítica a los valores impuestos por el sistema imperante.

Su análisis parte de la comprobación de la crisis de las instituciones que sostenían a la sociedad en la etapa preindustrial y la religión como factor unificador de las conciencias. En el siglo XX los medios masivos sustituyen como factor de uniformidad a los factores de poder que Marx, por ejemplo, definía como instrumentos de narcotización de la conciencia política. Siguiendo esta tesis, a la creciente sociedad de consumo le conviene más la cultura mediática que la religión, ya que el hedonismo que instaura es más rentable que el ascetismo de los sentidos propiciado por las religiones. Al retomar la tesis marxista sobre la estructura de la historia, Adorno y Horkheimer ven en las industrias culturales un mecanismo simbólico de representación: se sustituye el “más allá” por un “más acá”, con mitos más accesibles al individuo común. Los héroes que el comic y el naciente cine hollywoodense, Superman y el pionero del western, son vistos como objetos de identificación con el modelo cultural imperante.

Incluso, el reemplazo del concepto de “clase” por el más genérico “masas” implica la aparente disolución de la diferencias sociales y posibilita la creencia errónea en la posibilidad de acceso de todos los sectores a la totalidad de los bienes de producción industrial (teóricamente las industrias culturales difundidas por los medios masivos anularían las diferencias de status, rol, edad, sexo, etc, pero esto ocultaría una sociedad que sigue basándose en relaciones asimétricas y desiguales, ya que en la práctica, el acceso a la cultura sigue estando en manos de unos pocos).

El entretenimiento adquiere para los pensadores franfurteanos la dimensión etimológica de diversión, es decir, distracción, pero en este caso, entendida peyorativamente como fuga de la realidad, como huida del compromiso de entender la realidad para transformarla. Si bien la sociedad capitalista incentiva el individualismo y la competitividad, en realidad, se trataría de una psedoindividualidad, ya que la identidad del individuo se fusiona con la de la sociedad, se homogeneiza: lograr la estandarizqación es un factor central del control psicológico

Los productos de la industria cultural con su formulación seriada, con su estructura repetitiva (pueden leer el análisis que Adorno realiza de la canción popular o del cine de acción) propician la inercia, la credulidad y la mediocridad; aparentan ser frívolos e inocentes, pero son peligrosos en tanto acostumbran al individuo a la simplificación contraria a todo ejercicio racional del pensamiento (que para la cultura de la Ilustración implica esfuerzo) y crean la mentalidad que han capitalizado a lo largo de la historia los regímenes totalitarios (Si bien veremos a lo largo del curso perspectivas muy diferentes a la frankfurteana, incluida la visión de Umberto Eco, les recomiendo leer sobre este tema un artículo que el mismo Eco publicó a raíz del Mundial 78 en la Argentina, en el que analiza cómo fue utilizado por la Junta Militar para distraer la ciudadanía de los más cruentos actos de terrorismo de estado. El artículo se llama “El mundial y sus pompas”, está incluido en el libro La estrategia de la ilusión. Les recomiendo leerlo en relación con “La cháchara deportiva”, otro artículo incluido en el mismo volumen en el que Eco analiza la pasión futbolística en término parecidos a los que Adorno o Marcuse hubieran aplicado, basándose en gran medida en los postulados de Freud en “Psicoanálisis de las masas y el análisis del Yo”).

Las industrias culturales configuran una pseudocultura

La partícula “pseudo” (parecido a) refiere a la apariencia que revisten algunos productos culturales destinados a facilitar el acceso de la gente a la cultura. Esa facilitación implica, en el mejor de los casos, la subestimación de la capacidad de la gente de comprender los textos originales (ya sean obras de arte, textos literarios, teatro, danza) y, en el peor de los casos, una mentira, ya que la gente en este caso creería estar accediendo al conocimiento cuando en realidad se lo está alejando de él (pensemos en el best- seller, por ejemplo). Este argumento tan discutido y discutible, se enraíza sin embargo en un concepto muy freudiano del papel que la cultura cumple en el desarrollo del ser humano. En definitiva, la raíz etimológica del concepto de cultura remite a la idea de “cultivo”, de “crecimiento” y evolución y se asocia a la posibilidad de que la educación refine los instintos básicos del individuo y promueva actitudes éticas, en contraste con la tendencia a la pura satisfacción del deseo individual propias del hombre primitivo y del niño.

La pseudocultura en cambio está destinada a exacerbar esas pulsiones primitivas, principalmente aquellas ligadas al sexo y a la violencia, que impedirían la evolución de la racionalidad y mantendrían al individuo en un estadio infantil haciéndolo más manejable, a la vez que lo hace propenso a actitudes antiéticas (pensemos en la tesis de Peter Weir en The Truman Show. ¿Cuál es la actitud del público ante la rebelión de Truman contra su padre-dios Cristoff? Pensemos también en los fenómenos colectivos ligados a la creación y destrucción de ciertos ídolos pertenecientes al mundo del espectáculo o el deporte).

Según Adorno, la cultura modifica y ayuda a crecer, la pseudocultura no sólo no modela al individuo civilizado sino que lo convierte en necio: la ignorancia puede ser curada; en cambio, la necedad del que cree saber está garantizada por su propia soberbia (pensaba seguramente en las muchas personas “cultas” que adhirieron al nazismo en su país.)

La cultura sin el elemento dinamizador de la crítica lleva directamente a la constitución de ideología, entendiendo ideología como la distorsión del conocimiento en relación con un interés espúreo.

La fragmentación pseudocultural de contenidos, la redundancia de los mensajes contribuyen a la uniformidad y al mantenimiento del orden imperante (la explicación sería que la fragmentación impide la elaboración racional del mensaje, ya que proviene de la desarticulación del discurso y tiende a anular los matices de la intelectualidad a fuerza de repetición (tengamos en cuenta esta postura para discutirla en relación con la modalidad de edición que se convirtió en una estética instaurada y también en la convergencia mediática actual; la confrontaremos con otras ideas a favor y en contra de esta tesis).

Por último, señalemos la preocupación frankfurteana en torno al tipo de valores que las industrias culturales promueven. Valores que se ajustan a estereotipos y reproducen los valores del sistema; el culto del héroe en las series, por ejemplo, tendió a la conformación de líderes neofascistas, a través de la exaltación de la fuerza irracional y del triunfo como un bien en sí mismo. La moral del éxito se convirtió para el cine de Hollywood en un pilar determinante de conformación de ideología, según analiza Herbert Marcuse en “La personalidad autoritaria”. Según su tesis, se tiende a compensar el anonimato en el que vive el hombre de la ciudad con la promesa de que, de algún modo vicario, puede sobresalir respecto de los otros; las tramas de acción promueven una competitividad que termina por aislarlo aún más (un extraordinario ejemplo de esta trampa describió Martin Scorsese en Taxi Driver de 1976)

Los remito al Cap 1 del libro de Mauro Wolf, La investigación de la comunicación de masas, para ampliar lo expuesto en este resumen personal. También les recomiendo consultar en el programa la bibliografía de ampliación.

En contraposición con las ideas de Adorno, Horheimer y Marcuse, nos referiremos la próxima clase a la controversial obra de Marshall McLuhan.


Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda,
Seguiremos narrándolas, transformadas
.
Jorge Luis Borges, Los cuatro ciclos.

La noción de hipertexto inspiró gran profusión de ensayos desde la década de los ochenta, algunos provenientes de la ingeniería informática y en relación con la revolución cultural originada por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, en cuyo contexto, hipertexto designa al texto electrónico; otras, provenientes de la teoría literaria y los estudios semiológicos, en las que el término comenzó a utilizarse para definir una de las modalidades de producción literaria, cuya acepción, sobre todo en el caso de Gerard Genette, es diferente y designa la relación entre textos literarios.
Sin embargo, en la misma época, surgen interesantes conexiones entre las corrientes teóricas que analizan la dimensión tecnológica del hipertexto, es decir, el uso del texto digital y sus implicancias, entre varias, el posible desplazamiento del texto impreso por el texto electrónico y otras preocupaciones referidas al futuro del libro; por otra parte, los estudios provenientes de la semiótica, la teoría literaria y la filosofía, que analizan la dimensión metafórica del hipertexto.
Si bien la proliferación de ensayos sobre el tema y la carencia de una definición unívoca del término generó cierto caos conceptual, podría considerarse que en los últimos tiempos y, a partir de ciertos aportes teóricos que intentaremos sintetizar en el presente trabajo, el concepto de hipertexto asume la categoría de metáfora apta no sólo para caracterizar al texto digital o a cierto tipo de texto literario, sino también, en un sentido más amplio, como una noción válida para caracterizar las producciones culturales contemporáneas.
Intentaremos una redefinición del concepto de hipertexto a partir de la recapitulación del origen del término y de la revisión de las diferentes acepciones que fue asumiendo a partir del aporte de autores provenientes de diversas disciplinas, con la intención de unificar criterios que pueden ser contradictorios sólo en apariencia.
Nos proponemos, por último, ejemplificar esta redefinición a algunos aspectos de la obra cinematográfica del cineasta australiano Baz Lurhman.
Haciendo historia: el hipertexto electrónico.
El primero en utilizar el término hipertexto fue el ingeniero norteamericano Théodore Nelson en un congreso de 1965 y en referencia a una nueva modalidad de escritura en computación, según la cual cada unidad textual podía dar paso a un acceso no secuencial. Nelson retomaba entonces las ideas del ingeniero en informática Vannevar Bush[1], quien en un artículo de 1945, que hoy se considera profético, generó el proyecto de un sistema de almacenamiento del saber humano gracias al cual cada usuario podría interconectar a gusto todo tipo de documentos para crear otros.
Correspondió a Ted Nelson, sin embargo, la invención de un sistema de archivación de información que dio origen a la actual Internet. Su sistema, al que bautizó Xanadú[2], permite la transmisión de documentos interconectados. La estructura de Xanadú es concebida como una red destinada a “proveer millones de documentos a millones de usuarios que en forma simultánea siguen las conexiones y las ventanas a través del cuerpo de un hipertexto en continuo crecimiento”[3]. Para Nelson, el pensamiento y el habla son intrínsecamente hipertextuales. Sólo cuando escribimos reordenamos las ideas que surgieron de manera arborescente y las colocamos en la secuencia requerida por la lengua escrita. El texto, según Nelson, puede ser comprendido sólo como una estructura en evolución, casi proteiforme. A partir de esta idea de Nelson, el término se aplicó en el ámbito de la informática y de las ciberculturas a toda producción de textos que no fuese lineal o secuencial. El hipertexto como metáfora
En su libro Tecnologías de la inteligencia, el francés Pierre Lévy considera un aspecto tecnológico y un aspecto metafórico de la hipertextualidad. En un sentido muy simple, un hipertexto es un conjunto de textos unidos por enlaces o links. Pero Lévy utiliza este concepto como metáfora de una tecnología intelectual que abarca el trabajo colectivo distribuido entre conjuntos de máquinas y humanos, con el objeto de aumentar el funcionamiento de los grupos. Para Lévy, el hipertexto es una metáfora que representa el trabajo en colaboración entre grupos de máquinas (redes) y grupos de humanos (comunidades).
En relación con esta noción de Pierre Lévy, es interesante el aporte del filósofo argentino Alejandro Piscitelli, quien señala que, si bien la digitalidad es la materia del hipertexto, no es su condición única. Para el filósofo argentino, bien podría considerarse que esa condición metafórica a la que Lévy se refería, lo transforma en “un concepto útil para describir la estética y la cultura de nuestro tiempo: los acontecimientos no se desenvuelven linealmente, las posibilidades narrativas son múltiples, las narrativas se desarrollan como procesos interactivos entre autor y lector”[4]. Todos estos conceptos están presentes en la red, pero también se encuentran en otros soportes: en la llamada corriente del fluir de la conciencia en literatura o en la obra de los escritores del llamado boom latinoamericano, en el cine que provoca un quiebre de la narrativa lineal; todos estos hechos culturales presentan rasgos de hipertextualidad y requieren del lector una modalidad de lectura participativa.
Las teorías de Nelson pasaron al ámbito de la teoría literaria por el interés que despertaron en George Landow, profesor de literatura inglesa en la universidad norteamericana de Brown, autor de una de las recopilaciones más importantes sobre el tema y miembro de la llamada Escuela Posmoderna de Ficción. Inspirado en el enfoque semiótico de Roland Barthes y la teoría de la deconstrucción derrideana, Landow concibe al hipertexto como un medio que conecta informaciones verbales y no verbales. La hipótesis de Landow es que el hipertexto cambiaría radicalmente las experiencias de la lectura y la escritura y aún el concepto mismo de texto.
Según Landow, el hipertexto atomiza al texto de dos modos: por un lado, en relación con la composición, elimina la linealidad de la imprenta, liberando cada párrafo de su colocación dentro de un orden secuencial. Por otro lado, en relación con el modo con que se accede al hipertexto, destruye la idea de un texto unitario y estable, con lo cual, reformula los roles tradicionales del autor y el lector. El hipertexto reclama un lector más activo, un lector que no sólo debe elegir sus recorridos de lectura sino que tiene la oportunidad de leer como si fuera autor. A la lectura lineal que impone el texto impreso se agrega un nuevo hábito de lectura que surge del acceso al hipertexto, una lectura arborescente o en profundidad a partir de hipervínculos.
El autor, de este modo, cede parte de su tarea al lector, tendencia que se acrecienta en tiempos de Internet a partir de la escritura en colaboración: una modalidad de escritura interactiva creada con el aporte de usuarios que participan desde contextos geográficos, sociales y culturales diversos y en tiempos también diversos.
El escritor de hipertextos confiere de ese modo mayor poder al lector, aun cuando parece hacer más difícil su tarea. Casi todos los autores que teorizaron sobre el tema ven en esta tendencia a la producción de hipertextos, una mutación de paradigma, que señala una revolución en el pensamiento humano; no sólo se manifestaría una alternancia de la escritura electrónica en relación con el texto impreso, con las ventajas y desventajas que este proceso conlleva, sino una revolución cultural con implicaciones profundas para la literatura, la educación y la política.
Sería válido concluir entonces que la hipertextualidad es una característica de cierta producción cultural contemporánea, una tendencia que Internet no crea, sino que sólamente incrementa.
El hipertexto literario
En el ámbito de la teoría literaria, el concepto de hipertexto es utilizado en un sentido diferente. Gerard Genette, en su citado ensayo Palimpsestos de 1982, retoma y reformula la noción de intertextualidad propuesta Julia Kristeva, concepto bastante similar a la noción de hipertexto que nos llegó desde el ámbito de la informática. Kristeva, citada por el mismo Genette en su ensayo de 1982, concibe la intertextualidad como la “percepción por parte del lector de relaciones entre una obra y otras que la precedieron o siguieron”[5]. Sin embargo, Kristeva se refiere a un hecho de lectura y no a una modalidad de producción de textos. Genette inscribe el concepto de hipertexto dentro de una taxonomía que depende del concepto más abarcativo de transtextualidad. Dentro de ese contexto, hipertexto designa “todo texto derivado de uno anterior por transformación simple…..o indirecta”. En este sentido, Ulises de Joyce, por ejemplo, sería un hipertexto de la Odisea de Homero.
Considero que la clave para la conciliación de criterios la proporciona el mismo Ted Nelson. En un artículo de 1992, define a la literatura como “un sistema en evolución de documentos interconectados. En cada literatura en evolución existen continuas interpretaciones y reinterpretaciones. El vínculo entre documentos nos ayuda a seguir las conexiones”. En cierto modo, el hipertexto digital sería un sistema construido a imagen y semejanza del hipertexto literario.
La literatura ha creado sus hipertextos. Como destaca Carlos Scolari en su ensayo Por un puñado de hipertextos[6], en los últimos dos siglos, varios autores produjeron su obra según una lógica hipertextual. Cita la opinión de Italo Calvino, que reconoce a partir de Lewis Carroll una nueva raza de escritores, Borges, Joyce, Burrowghs[7], cuya obra trasunta una visión hipertextual de la literatura. En el caso de Borges, por ejemplo, las imágenes del laberinto, del espejo o de la biblioteca funcionan como germen de una serie de tramas que rondan la idea de la multiplicación de una infinitud de textos. Borges produce su literatura de modo hipertextual, como “una red potencialmente infinita de conexiones”.
Según escribe Jaime Alazraki en su ensayo “El texto como palimpsesto. Lectura intertextual de Borges”, las obras de Borges funcionan como espejo que invierte o revierte historias ya contadas. Para Borges escribir es releer un texto anterior, es reescribirlo. En la prosa Los cuatro ciclos de El Oro de los tigres afirma que la literatura narra eternamente las mismas cuatro historias: la historia de una guerra inútil_ la Ilíada_ , la historia de un regreso _la Odisea_ , la historia de una búsqueda condenada al fracaso_ la de Jasón y el Vellocino o la de los caballeros de Arturo que buscan el Grial en vano; por último, la historia del sacrificio de un dios_ Odín sacrificado a Odín; Cristo, sacrificado por los romanos, El mismo a Sí mismo, reflexiona Borges. El germen de todas las historias reside en esas cuatro historias y la literatura no hace más que re-contarlas, reformularlas, transmutar sus motivos, sus valores, pero, en esencia, siguen siendo las mismas.
Podría concluirse que la literatura creó los primeros hipertextos, de los que el hipertexto electrónico sería la versión digital. Esta condición precursora es reconocida en el ámbito de la red: los amantes de la cultura hipertextual transpusieron la novela Rayuela de Cortázar al formato digital, a modo de homenaje por su condición de texto pionero de la ficción interactiva, por su carácter de texto capaz de generar una multiplicidad de lecturas posibles.
A partir de lo expuesto, podríamos intentar redefinir el concepto de hipertexto de modo que incluya los aportes de Genette, que indudablemente seguirán siendo valiosos en el abordaje crítico de la obra literaria, pero teniendo en cuenta también otras nociones. En función de la opinión del propio creador del término, Ted Nelson, que atribuye origen literario al hipertexto electrónico, creo que podría utilizarse el término hipertextualidad, para caracterizar las relaciones que se establecen entre un texto y otros textos, ya sea por inclusión por medio de citas o alusión (intertextos, según Genette) o por basarse un texto en otro u otros anteriores (hipertextos) que le sirven de modelo (hipotextos). Reformulamos de este modo la taxonomía de Genette, que define el concepto como una modalidad más de las relaciones transtextuales. Además de la noción de Ted Nelson, considero el concepto de intertextualidad que Genette retoma de Julia Kristeva, quien utiliza el término intertexto de un modo más genérico, muy similar al sentido que le dan los teóricos de las tecnologías de la información al hipertexto digital.
De este modo, hipertexto es todo texto que remite a otros textos (literarios, artísticos, filosóficos), por inclusión explícita o implícita, por basarse en un modelo anterior o en varios, cuya construcción es fragmentaria-no secuencial, y que propicia, por lo tanto, una modalidad de acceso diferente a la del texto lineal, una modalidad de lectura arbórea o en profundidad. Cine e hipertextualidad: el caso de Baz Lurhman.
La funcionalidad de esta redefinición podría notarse al abordar el análisis de la producción de cierta cinematografía contemporánea. La obra del director australiano Baz Lurhman, uno de los muchos cineastas que recurre al diálogo entre textos en su concepción del lenguaje audiovisual, puede ser un ejemplo adecuado de producción hipertextual.
Formado en disciplinas diversas, como la regie operística, la plástica, la música y la dirección de arte, concibió una trilogía cinematográfica a la que denominó The Red Curtain (“la cortina roja”), a la que él considera una forma de audience participation cinema (“cine con participación de la audiencia”), de la cual forman parte Strictly ballroom (1992), Romeo y Julieta (1996) y Moulin Rouge (2001). Su propuesta estética, abiertamente hipertextual, se caracteriza por el intento, muy brechtiano, por otra parte, y netamente anti-aristotélico, de que el público sea conciente en todo momento de estar mirando una película; es deliberadamente artificioso y quiebra de manera enfática cualquier conexión con el realismo. A esta finalidad contribuye la ruptura del orden natural del relato por medio de planos de pausa, flash-backs muy bruscos y mediante constantes recapitulaciones e inversiones del orden temporal mediante acelerados y ralentís. Desde el tratamiento, ciertos toques de humor distancian al espectador del drama para hacerlo pensar en la construcción del relato.
El distanciamiento emocional conduciría naturalmente al público a reconocer los textos sobre los cuales la obra se articula. Como cineasta netamente posmoderno, Lurhman no es original en la elección de sus temas, sino en el tratamiento que hace de ellos. Los motivos son reelaboración de modelos anteriores: un modelo central en el caso de Romeo y Julieta, varios modelos- literarios, pictóricos, cinematográficos, arquitectónicos- en el caso de Moulin Rouge. En ambas obras se nota la relación hipertextual en tanto reelaboración de un modelo anterior (hipotexto), pero simultáneamente y no menos importante, la alusión constante a múltiples textos que se entrecruzan de manera polifónica. Un ejemplo de esta concepción son las escenas del baile en la casa de los Capuleto en Romeo y Julieta, con su fusión kitsch de elementos antiguos y modernos y la escena del montaje tango-pop en Moulin Rouge, una audaz transposición del concertante de la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi, traducida a un deslumbrante mix del tango Tanguera del compositor argentino Mariano Mores (cantado en la ficción por el poeta inglés que juega Ewan Mc Gregor) y Roxane, la canción pop de Sting, cantada de manera especular en la ficción por el narcoléptico argentino del afamado cabaret de Montmartre.
La hipertextualidad como concepto generador de una modalidad de creación cinematográfica constituye la clave de interpretación de buena parte de la cinematografía actual, aquella que encuentra un punto de conexión entre autores tan personales y diversos como Pedro Almodóvar, David Lynch, Tim Burton, Charlie Kaufman, Spike Jonze, por citar sólamente algunos de una extensa lista.
Mariel Ortolano
Julio de 2005

Ponencia para las Séptimas Jornadas Nacionales de Literatura Comparada, Asociación Argentina de Literatura Comparada (AALC), Buenos Aires, 27 al 30 de julio de 2005.

BIBLIOGRAFÍA:
Levy, Pierre. Las tecnologías de la inteligencia. El futuro del pensamiento en la era informática. Buenos Aires, Edicial, 2000. Landow, George P (compilador) Teoría del Hipertexto. Barcelona, Paidós, 1997. (ed.original Hypertext Theory, 1994) Landow, George P. Hypertext: the convergence of contemporary critical theory and technology , Baltimore and London, John Hopkins University Press, 1992. Nelson , Théodor. Literary Machines 90.1. Indiana, The Distributors, 1990Genette, G. Palimpsestos. Madrid, Taurus, 1989 (ed. original, 1982). Piscitelli, A. Tecnologías de la inteligencia. El periodismo en la era de Internet. Curso de periodismo digital, Universidad Santo Tomás de Aquino de Tucumán. Alazraki, J. El texto como palimpsesto. Lectura intertextual de Borges. En Versiones. Inversiones. Reversiones. El espejo como modelo estructural del relato en los cuentos de Borges. Madrid, Gredos, 1977. Vandendorpe, C. Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto y la lectura. México. Fondo de Cultura Económica. 2002 (Original 1999) Scolari, Carlos. Por un puñado de hiperlibros, en www.dialogica.com.ar/clics modernos, 2002.
Calvino, I. Una piedra encima. Discursos sobre literatura y sociedad. Universidad de Harvard, 1980.
Borges, J. L. Obras Completas. Buenos Aires, Emecé, 1980.

[1] Bush, Vannevar. As we may think, en Athlantic Monthly, Nº 176, julio. 101-108. Esta intuición convirtió a Bush en precursor de la informática actual, aunque fue el ingeniero Douglas Engelbart quien llevó a cabo este proyecto en la década del sesenta con la creación de las bases del sistema Windows y de los procesadores de texto, entre otros aportes fundamentales para el despegue de las ciberculturas en la década de los ochenta.
[2] En obvia alusión a la mansión construida por el emperador Kublai Khan del célebre poema de Coleridge, Ted Nelson bautizó al sistema Xanadú como metáfora de los tesoros que almacena la memoria.
[3] Nelson, Théodor. “Literary Machines 90.1”. Indiana, The Distributors, 1990.
[4] En su curso online sobre periodismo digital para la Universidad de Tucumán, 2003.
[5] En Kristeva, J. Sèméiotiké. Recherches par une sémanalyse, Paris, seuil, 1968.
[6] El weblog de Carlos Scolari (www.dialogica.com.ar/clicsmodernos ) es uno de los aportes más claros y lúcidos sobre la cuestión de la hipertextualidad y a la vez una introducción a la naciente semiótica digital.
[7] Agregamos un antecedente muy significativo en el caso de Laurence Sterne y su Vida y opiniones de Tristram Shandy (1767).

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